Lleváis meses diciendo que necesitáis vacaciones.
«Cuando podamos estar tranquilos, estaremos mejor».
Y por fin llegan. No hay despertador, no hay reuniones, no hay que cenar a la carrera…En teoría, el escenario perfecto para reconectar.
Tres días después estáis discutiendo porque uno quiere improvisar y el otro necesita saber qué vais a hacer mañana. Porque lleváis dos horas decidiendo dónde comer. Porque uno quiere aprovechar el día y el otro ha venido, a no tomar decisiones pero a ponerle pegas a todo.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: si nos llevamos así cuando por fin tenemos tiempo para estar juntos, ¿qué dice eso de nuestra relación?
Bastante menos de lo que parece si miramos solo una pelea. Y bastante más si empezamos a observar el patrón.
La rutina también organiza una relación
Durante buena parte del año muchas decisiones ya vienen tomadas.
Hay horarios de trabajo, responsabilidades, desplazamientos, tareas, niños, gimnasio, compromisos y una cantidad considerable de «luego hablamos» que a veces nunca llega.
Todo eso puede generar estrés, pero también estructura la convivencia. Marca cuándo estamos juntos, cuánto tiempo pasamos separados y qué cosas ni siquiera necesitamos negociar.
Las vacaciones cambian ese escenario.
De repente hay que decidir a qué hora levantarse, qué hacer, cuánto gastar, con quién quedar, cuánto tiempo pasar juntos o si una tarde de hotel viendo vídeos cuenta como plan. Y dos personas pueden descubrir que sus ideas de «descansar», «aprovechar» o «estar juntos» se parecen bastante menos de lo que pensaban.
Desde la terapia conductual de pareja, esto importa mucho: una relación no ocurre en el vacío. Lo que hacemos, pensamos y sentimos dentro de ella está también relacionado con el contexto en el que vivimos (Fischer et al., 2016).
No todo lo que pasa entre vosotros empezó entre vosotros
Una discusión por una sombrilla puede ser, efectivamente, una discusión por una sombrilla.
Pero también puede aparecer después de dormir mal, conducir seis horas, gastar más dinero del previsto, llevar tres días con los niños revolucionados o visitar a una parte de la familia que activa tensiones de hace quince años.
La investigación sobre parejas habla de stress spillover: el estrés que surge fuera de la relación puede terminar modificando lo que ocurre dentro de ella. En estudios diarios, los días con mayor estrés se han asociado con más conductas negativas hacia la pareja y con valoraciones menos positivas de la relación (Buck & Neff, 2012). En revisiones posteriores se encontró este fenómeno en diferentes aspectos de la vida en pareja (Cooper et al., 2019).
Esto no significa que «el estrés tenga la culpa» de todo. Significa que conviene tener cuidado antes de interpretar cada conflicto como una revelación sobre cuánto os queréis.
A veces estáis teniendo un problema de pareja.
Y otras veces estáis teniendo un problema de pareja con 38 grados, hambre y Google Maps diciendo que os habéis pasado la salida. Y ya sabes eso que dicen de «la confianza da asco».
Las vacaciones pueden ser reveladoras
Que el contexto influya no significa que todo sea circunstancial.
La rutina también puede facilitar que ciertos problemas permanezcan en segundo plano. Si apenas coincidís entre semana, es más fácil posponer una conversación. Si cada uno tiene sus espacios, quizá determinadas diferencias sobre cercanía, ocio, sexo, dinero o responsabilidades aparecen menos.
Con más convivencia, algunos patrones tienen más oportunidades de repetirse.
Uno insiste y el otro se retira. Uno protesta porque siente que siempre organiza todo y el otro deja de proponer porque cualquier propuesta termina siendo cuestionada. Uno necesita pasar tiempo juntos para sentirse conectado y el otro empieza a sentirse invadido y busca cualquier excusa para estar solo.
Lo importante aquí no es encontrar al culpable.
La Terapia Conductual Integral de Pareja pone precisamente el foco en comprender cómo se construyen y mantienen estos patrones, combinando estrategias de cambio con aceptación y una mirada contextual del problema (Perissutti & Barraca, 2013).
La pregunta empieza a cambiar.
Ya no es solo «¿quién tiene razón?», sino «¿qué hacemos cada uno cuando aparece este problema y qué provoca después en el otro?».
Pasar más tiempo juntos tampoco es el enemigo
Hay otra conclusión fácil que conviene evitar: «Nos iba mejor cuando casi no nos veíamos».
No necesariamente.
Compartir tiempo puede ser muy beneficioso, pero no todo tiempo compartido funciona igual. Muise y colaboradores (2019) encontraron que realizar juntos actividades novedosas, interesantes o que amplían las experiencias habituales se relacionaba con mayor deseo sexual y satisfacción en relaciones establecidas.
No hace falta saltar en paracaídas cada fin de semana.
La idea interesante es otra: una pareja no se alimenta únicamente de evitar conflictos. También necesita oportunidades para encontrarse en experiencias que resulten gratificantes para ambos.
Y esto explica algo que a veces desconcierta durante las vacaciones: pasar doce horas físicamente juntos no garantiza estar conectando.
Podéis llevar todo el día uno al lado del otro y pasar buena parte del tiempo negociando, organizando, esperando, cuidando de otros o discutiendo sobre qué hacer a continuación.
La cantidad de horas no nos cuenta por sí sola la calidad de la interacción.
Antes de decidir que las vacaciones han destrozado algo, mira el patrón
Una mala semana no diagnostica una mala relación.
Pero tampoco hace falta ignorar lo que ha ocurrido cuando volvéis a casa.
Si las vacaciones han sacado a la luz conflictos, pueden servir para hacer preguntas bastante más útiles que «¿esto significa que deberíamos dejarlo?».
¿Qué discusiones se han repetido?, ¿Qué suele ocurrir justo antes?, ¿Qué hace cada uno cuando se siente atacado, ignorado o saturado?, ¿Qué necesidades estáis intentando defender?, ¿Hay temas que solo podéis evitar cuando estáis ocupados?, ¿Seguís teniendo espacios en los que disfrutáis juntos?
Si reconocéis un patrón que os hace daño y del que no conseguís salir, la terapia de pareja puede ayudar a entender cómo se mantiene y qué posibilidades de cambio existen. No para decidir de antemano que la relación debe continuar, sino para poder mirarla con algo más de claridad que después de una discusión en el apartamento de vacaciones.
Porque quizá las vacaciones no hayan dado un veredicto sobre vuestra relación. Tal y cómo dice este artículo de Psicoveritas, hay que tener en cuenta varios factores para saber si es hora de terminar una relación.
Pero sí pueden haberos enseñado algo sobre lo que merece la pena profundizar.
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Bibliografía
Buck, A. A., & Neff, L. A. (2012). Stress spillover in early marriage: The role of self-regulatory depletion. Journal of Family Psychology, 26(5), 698–708. https://doi.org/10.1037/a0029260
Cooper, A. N., May, R. W., & Fincham, F. D. (2019). Stress spillover and crossover in couple relationships: Integrating religious beliefs and prayer. Journal of Family Theory & Review, 11(2), 289–314. https://doi.org/10.1111/jftr.12330
Fischer, M. S., Baucom, D. H., & Cohen, M. J. (2016). Cognitive-behavioral couple therapies: Review of the evidence for the treatment of relationship distress, psychopathology, and chronic health conditions. Family Process, 55(3), 423–442. https://doi.org/10.1111/famp.12227
Muise, A., Harasymchuk, C., Day, L. C., Bacev-Giles, C., Gere, J., & Impett, E. A. (2019). Broadening your horizons: Self-expanding activities promote desire and satisfaction in established romantic relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 116(2), 237–258. https://doi.org/10.1037/pspi0000148
Perissutti, C., & Barraca, J. (2013). Terapia integral de pareja vs. terapia conductual de pareja: Una revisión teórica de su eficacia diferencial. Clínica y Salud, 24(1), 11–18. https://doi.org/10.5093/cl2013a2
