Después de vivir algo que nos desborda, la cabeza puede convertirse en una editora bastante pesada de nuestra propia historia.
Rebobina. Para la imagen. Vuelve a una conversación. Revisa una decisión. Y, con toda la información que tenemos ahora, empieza a preguntarse qué podríamos haber hecho diferente.
«Tendría que haberme dado cuenta».
«¿Por qué no me fui antes?»
«Debería haber reaccionado».
«Si hubiera hecho otra cosa, quizá no habría pasado».
Lo complicado es que puedes saber racionalmente que no fuiste responsable y, aun así, sentir culpa.
Y no es una contradicción tan extraña como parece. Después de un trauma, lo que pensamos sobre lo ocurrido, sobre nuestra reacción y sobre nosotros mismos puede tener mucho peso en cómo seguimos viviendo esa experiencia. Si necesitas una introducción más general, en este artículo sobre cómo vivimos el trauma explicamos con más detalle por qué una misma experiencia no afecta igual a todo el mundo.
Saber cómo terminó cambia la forma en que miramos el principio
Hay algo especialmente tramposo en revisar el pasado: lo hacemos sabiendo ya cómo acaba la historia.
Ahora conocemos información que quizá entonces no teníamos. Sabemos qué ocurrió después. Podemos detectar señales que en aquel momento no parecían señales de nada.
Y desde ahí es muy fácil pensar: «tenía que haberlo sabido».
La investigación sobre culpa relacionada con el trauma ha encontrado precisamente este tipo de pensamientos: creer que deberíamos haber anticipado lo que iba a suceder, atribuirnos demasiada responsabilidad o juzgar decisiones pasadas como si hubiéramos tenido entonces toda la información disponible ahora (Norman et al., 2018). En su estudio, realizado con militares y veteranos, estos pensamientos también se relacionaban con más dificultades en las relaciones, el trabajo y el autocuidado.
No se trata de decir que toda culpa posterior a un trauma sea equivocada. A veces hacemos cosas de las que realmente nos arrepentimos.
La cuestión es otra: sentir mucha culpa no demuestra, por sí mismo, que tu responsabilidad fuera tan grande como ahora la sientes.
La culpa puede quedarse mucho después de que todo haya pasado
Sabemos que no es una reacción anecdótica.
Kip y colaboradores (2022) reunieron 163 estudios con más de 35.000 adultos que habían vivido experiencias traumáticas. Encontraron una relación moderada entre la culpa relacionada con el trauma y los síntomas de estrés postraumático. Además, en los estudios que siguieron a las personas a lo largo del tiempo, una mayor culpa inicial también se relacionaba con más síntomas posteriores, aunque esa relación era más pequeña y los resultados variaban bastante entre estudios.
Eso no significa que sentir culpa vaya a provocar necesariamente un trastorno.
Significa que merece la pena prestarle atención cuando empieza a quedarse pegada a la experiencia: cuando volvemos constantemente a lo que «deberíamos» haber hecho, cuando nos castigamos por cómo reaccionamos o cuando todo termina reducido a «fue culpa mía».
Una revisión todavía más amplia sobre los pensamientos que aparecen después de un trauma encontró que la manera en la que una persona empieza a verse a sí misma estaba especialmente relacionada con los síntomas postraumáticos (Gómez de la Cuesta et al., 2019).
Porque a veces la historia deja de ser «me pasó algo terrible» y empieza a convertirse en «esto dice algo terrible sobre mí».
Culpa y vergüenza se parecen, pero no son exactamente lo mismo
Aquí aparece otra emoción que puede pasar bastante desapercibida: la vergüenza.
Podemos explicarlo de forma sencilla.
La culpa suele mirar hacia lo que hicimos o dejamos de hacer: «hice algo mal».
La vergüenza puede ir bastante más lejos: «hay algo malo en mí».
Después de un trauma puede tomar formas como «soy débil por haber reaccionado así», «cómo pude permitirlo», «no quiero que nadie sepa lo que me pasó» o «si me conocieran de verdad, me juzgarían».
Dos metaanálisis diferentes encontraron una relación clara entre la vergüenza y los síntomas de estrés postraumático (López-Castro et al., 2019; Shi et al., 2021). Shi y colaboradores encontraron, además, que culpa y vergüenza seguían mostrando asociaciones entre sí, incluso cuando intentaban separar estadísticamente una de la otra.
La vergüenza también puede traer ganas de esconderse, evitar hablar de lo ocurrido o alejarse de otras personas. El National Center for PTSD, del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos, incluye precisamente la autoculpa, la culpa y la vergüenza entre las reacciones que pueden aparecer después de una experiencia traumática.
Y ahí el problema ya no es solo lo mal que pensamos sobre nosotros mismos. También puede ser todo lo que empezamos a dejar de hacer para que nadie vea esa parte de nosotros.
Trabajar la culpa no consiste en repetirte que «no fue culpa tuya»
Ojalá funcionara así de fácil.
En terapia puede ser necesario volver a lo ocurrido con bastante más cuidado: qué sabías realmente en aquel momento, qué capacidad tenías para actuar, qué cosas dependían de ti y cuáles no, o por qué ahora juzgas aquella versión de ti con unos recursos y una información que entonces no tenía.
También puede haber que trabajar con una idea más incómoda: quizá nunca consigas demostrarte al cien por cien que actuaste «perfectamente».
Y aun así puedes aprender a no organizar el resto de tu vida alrededor de ese juicio.
No se trata de borrar lo ocurrido ni de obligarte a pensar en positivo. Se trata de conseguir que pensamientos como «debería haber hecho más» puedan aparecer sin convertirse automáticamente en una condena, y de recuperar poco a poco relaciones, decisiones y partes de tu vida que quizá la culpa o la vergüenza han ido ocupando.
En cómo superar el trauma: más allá de “dejarlo ir” hablamos precisamente de esa diferencia entre intentar eliminar lo vivido y aprender a relacionarnos de otra manera con lo que sigue apareciendo.
Si al leer esto reconoces una culpa o una vergüenza que lleva tiempo condicionando cómo te ves o cómo vives, no necesitas tener perfectamente claro «qué te pasa» antes de pedir ayuda. Una sesión de acogida gratuita puede servir para explicar tu situación y valorar qué tipo de acompañamiento podría encajar contigo.
Porque entender el trauma no siempre consiste en encontrar una explicación perfecta de lo ocurrido.
A veces también consiste en dejar de utilizar el peor momento de tu vida como prueba de quién eres.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación ni un tratamiento psicológico individualizado.
Referencias
Gómez de la Cuesta, G., Schweizer, S., Diehle, J., Young, J., & Meiser-Stedman, R. (2019). The relationship between maladaptive appraisals and posttraumatic stress disorder: A meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), 1620084. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1620084
Kip, A., Diele, J., Holling, H., & Morina, N. (2022). The relationship of trauma-related guilt with PTSD symptoms in adult trauma survivors: A meta-analysis. Psychological Medicine, 52, 2201–2211. https://doi.org/10.1017/S0033291722001866
López-Castro, T., Saraiya, T., Zumberg-Smith, K., & Dambreville, N. (2019). Association between shame and posttraumatic stress disorder: A meta-analysis. Journal of Traumatic Stress, 32(4), 484–495. https://doi.org/10.1002/jts.22411
Norman, S. B., Haller, M., Kim, H. M., Allard, C. B., Porter, K. E., Stein, M. B., Venners, M. R., Authier, C. C., & Rauch, S. A. M. (2018). Trauma related guilt cognitions partially mediate the relationship between PTSD symptom severity and functioning among returning combat veterans. Journal of Psychiatric Research, 100, 56–62. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2018.02.003
Shi, C., Ren, Z., Zhao, C., Zhang, T., & Chan, S. H. W. (2021). Shame, guilt, and posttraumatic stress symptoms: A three-level meta-analysis. Journal of Anxiety Disorders, 82, 102443. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2021.102443
