Después de una pérdida, suele aparecer con facilidad la siguiente pregunta: «¿Esto que me pasa es normal?».
Puede aparecer después de pasarte una tarde llorando. Pero también después de darte cuenta de que llevas varias horas sin pensar en esa persona. Después de sentir rabia. De reírte con algo. De no tener ganas de hablar con nadie. O de querer contar la misma historia por cuarta vez.
El problema es que solemos imaginar el duelo como un camino mucho más ordenado de lo que es.
Como si hubiera una secuencia correcta: shock, tristeza, aceptación y, en algún momento, «cierre». Pero el duelo no funciona como una lista de tareas que vas tachando. La investigación lleva años cuestionando la idea de unas etapas universales y ordenadas por las que todo el mundo debería pasar (Stroebe et al., 2017).
Así que, antes de preguntarte si estás llevando bien el duelo, conviene empezar por otra idea: no existe una única manera de vivirlo. Incluso lo que consideramos esperable está atravesado por normas culturales y religiosas (Hilberdink et al., 2023).
1. Puedes estar muy mal… y tener momentos en los que estás bien
El dolor no tiene que ocupar cada minuto para ser real.
Puedes echar muchísimo de menos a alguien y, aun así, reírte durante una comida o pasar una tarde agradable. Incluso puede ocurrir que durante unas horas estés bastante bien y que algo pequeño, una canción, un olor, una frase, vuelva a conectarte de golpe con la pérdida.
El duelo puede moverse. Hay personas cuyo malestar disminuye, otras atraviesan periodos más intensos y algunas experimentan cambios más tardíos. Los estudios sobre trayectorias de duelo muestran precisamente esa variabilidad (Nielsen et al., 2019).
Estar mejor un rato no significa que hayas olvidado a nadie.
2. Puede que no llores tanto como pensabas
También existe una imagen bastante concreta de cómo «debería» verse una persona de duelo: llorando y visiblemente destrozada.
Y a veces ocurre así.
Otras veces aparece una sensación extraña de desconexión, incredulidad o entumecimiento. Puedes saber perfectamente lo que ha ocurrido y sentir, al mismo tiempo, que una parte de ti todavía no termina de comprenderlo.
No llorar continuamente no significa que no te importe. Tampoco significa necesariamente que estés evitando el duelo. Las respuestas iniciales pueden ser muy diferentes entre personas y no podemos valorar el vínculo con alguien contando lágrimas.
3. Puede dolerte más después que al principio
Esto desconcierta muchísimo.
Han pasado semanas o meses y alguien piensa: «Se supone que ahora debería estar mejor». Pero empieza a sentirse peor.
No existe una cuenta atrás que empiece el día de la muerte y vaya reduciendo el dolor de forma constante. En un estudio longitudinal se encontraron varias trayectorias distintas, incluida una en la que el malestar aumentaba más tarde (Nielsen et al., 2019). Otro trabajo mostró que personas con niveles elevados de duelo durante los primeros meses podían evolucionar posteriormente de maneras muy diferentes (Djelantik et al., 2022).
Por eso una foto fija de cómo estás hoy dice bastante menos de tu proceso de lo que parece.
4. Puedes sentir emociones que te resulten incómodas
Tristeza, sí. Pero el duelo no viene con una lista de emociones autorizadas.
Puede aparecer rabia hacia quien murió. Culpa por algo que dijiste o dejaste de hacer. Alivio después de una enfermedad larga. Enfado con personas que siguen haciendo su vida como si nada hubiera ocurrido. O incluso momentos en los que no sabes exactamente qué sientes.
Tener una emoción no significa estar de acuerdo con ella ni dice automáticamente nada sobre cuánto querías a esa persona.
A veces el sufrimiento aumenta porque, además de sentir lo que sentimos, empezamos a juzgarnos por sentirlo.
5. Puedes pasarlo bien y después sentirte culpable
El primer día que vuelves a disfrutar de algo puede ser bastante raro.
Te ríes. Sales. Te sorprendes pensando en otra cosa. Y entonces aparece una frase: «¿Cómo puedo estar pasándomelo bien después de lo que ha pasado?».
Pero mantener el vínculo con alguien no exige permanecer permanentemente en el dolor.
Seguir viviendo no borra la relación que tuviste ni convierte el recuerdo en algo menos importante. La pérdida puede ir encontrando un lugar dentro de una vida que, poco a poco, también vuelve a contener otras cosas.
6. Puedes necesitar hablar de esa persona una y otra vez
Hay quien necesita silencio. Y hay quien necesita contar.
La misma historia. El hospital. Aquella conversación. Lo que ocurrió esa mañana. Cómo era esa persona. Una anécdota que ya conoce toda la familia.
Repetirse no siempre significa estar «atascado». Hablar puede formar parte de la manera en que vamos dando sentido a algo que ha cambiado nuestra vida.
También puede ocurrir lo contrario: que durante un tiempo no quieras hablar o que ciertos lugares y conversaciones resulten demasiado difíciles. El ritmo no tiene por qué ser el mismo para todo el mundo.
7. Puede que durante un tiempo no sepas muy bien cómo es tu vida ahora
Una pérdida no elimina únicamente la presencia de una persona.
Puede modificar rutinas, relaciones, planes e incluso la imagen que tenías de tu futuro. Algunas personas describen una especie de tierra de nadie: la vida anterior ya no existe, pero todavía no saben cómo habitar la nueva. Investigaciones sobre duelo han descrito precisamente esta sensación de quedar «entre» la pérdida y la reconstrucción (Bristowe et al., 2024).
No siempre hay que encontrar rápidamente un aprendizaje, una nueva versión de ti o una explicación.
A veces integrar una pérdida empieza simplemente por aprender a vivir en un mundo que ha cambiado.
Entonces, ¿cuándo debería preocuparme?
Que muchas reacciones puedan formar parte de un duelo no significa que haya que soportar cualquier nivel de sufrimiento indefinidamente.
Existe un grupo de personas en las que el duelo permanece de forma intensa, persistente y profundamente incapacitante. El trastorno de duelo prolongado está reconocido actualmente en los principales sistemas diagnósticos, aunque sigue existiendo debate sobre cómo diferenciar con precisión un duelo muy doloroso de uno que necesita intervención clínica (Eisma, 2023; Killikelly et al., 2025). Mayo Clinic explica que, en el duelo complicado, las emociones dolorosas pueden mantenerse con tanta intensidad que dificultan recuperar la vida cotidiana.
Por eso no conviene mirar solo cuánto tiempo ha pasado. La Universitat Oberta de Catalunya señala que cada persona vive el duelo de una manera diferente y que no es recomendable establecer un límite de tiempo para superarlo. Importa cómo estás viviendo, cuánto está interfiriendo el dolor en tu día a día y qué está ocurriendo en tu contexto.
Si sientes que el duelo te está dejando sin espacio para relacionarte, trabajar, cuidarte o volver a conectar con tu vida, pedir ayuda no significa que estés haciendo mal el duelo.
En nuestra página sobre duelo puedes conocer cómo acompañamos estos procesos en Eirene García Psicología. Y si no sabes exactamente qué necesitas, puedes solicitar una sesión de acogida gratuita para contarnos tu situación y valorar qué tipo de ayuda puede encajar mejor contigo.
Referencias
Bristowe, K., Timmins, L., Pitman, A., Braybrook, D., Marshall, S., Johnson, K., King, M., Roach, A., Yi, D., Almack, K., Day, E., Clift, P., Rose, R., & Harding, R. (2024). Between loss and restoration: The role of liminality in advancing theories of grief and bereavement. Social Science & Medicine, 344, 116616. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2024.116616
Djelantik, A. A. A. M. J., Robinaugh, D. J., & Boelen, P. A. (2022). The course of symptoms in the first 27 months following bereavement: A latent trajectory analysis of prolonged grief, posttraumatic stress, and depression. Psychiatry Research, 311, 114472. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2022.114472
Eisma, M. C. (2023). Prolonged grief disorder in ICD-11 and DSM-5-TR: Challenges and controversies. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, 57(7), 944–951. https://doi.org/10.1177/00048674231154206
Hilberdink, C. E., Ghainder, K., Dubanchet, A., Hinton, D., Djelantik, A. A. A. M. J., Hall, B. J., & Bui, E. (2023). Bereavement issues and prolonged grief disorder: A global perspective. Cambridge Prisms: Global Mental Health, 10, e32. https://doi.org/10.1017/gmh.2023.28
Killikelly, C., Smith, K. V., Zhou, N., Prigerson, H. G., O’Connor, M.-F., Kokou-Kpolou, C. K., Boelen, P. A., & Maercker, A. (2025). Prolonged grief disorder. The Lancet, 405, 1621–1632. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(25)00354-X
Nielsen, M. K., Carlsen, A. H., Neergaard, M. A., Bidstrup, P. E., & Guldin, M.-B. (2019). Looking beyond the mean in grief trajectories: A prospective, population-based cohort study. Social Science & Medicine, 232, 460–469. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2018.10.007
Stroebe, M., Schut, H., & Boerner, K. (2017). Cautioning health-care professionals: Bereaved persons are misguided through the stages of grief. OMEGA—Journal of Death and Dying, 74(4), 455–473. https://doi.org/10.1177/0030222817691870
