¿En qué momento dejamos de descansar de verdad?

Por fin tienes una tarde libre. No hay recados urgentes, no tienes que contestar ningún correo,
nadie te está esperando en ningún sitio. Te sientas en el sofá con la intención de no hacer nada y,
durante unos segundos, todo parece estar bien.


Bien hasta que aparece esa voz que te dice…


«¿Qué es eso de descansar? Vamos a ocupar el tiempo, que si no te levantas te lleno la cabecita de preocupaciones»

Y es que la Dramaqueen no entiende de días libres ni festivos en tu cabeza.

El descanso pasa a ser culpable. Por lo que toca hacer cosas para «no aburrirse».

¿Por qué nos cuesta tanto tener un descanso de calidad?

En consulta, esta dificultad suele llegar disfrazada de culpa, irritabilidad, sensación de pérdida de tiempo o una inquietud difícil de explicar que tiene lugar cuando por fin no hay nada urgente que hacer.

Esto me enseñó algo importante: parar no depende solo de tener tiempo libre. También depende de la relación que hemos aprendido a tener con la productividad, la exigencia y la versión nuestra que queremos ser.


El descanso como tarea pendiente

Cada vez hablamos más de autocuidado, bienestar y salud mental. Y eso, en principio, es una
buena noticia. El problema es que muchas veces metemos el autocuidado dentro de la misma
lógica que nos está agotando.


Dormimos para rendir mejor. Meditamos para concentrarnos más. Hacemos deporte para ser más
disciplinados. Desayunamos mientras escuchamos un audiolibro porque sería una falta de
responsabilidad hacer algo «mecánico» sin ocupar la mente en otra cosa.


Quizá el problema no sea solo que tengamos poco tiempo libre. Quizá el problema es que hemos
dejado de creer que el tiempo libre tenga valor si no produce algo.


La trampa de aprovecharlo todo


Vivimos en un momento social y cultural en el que parece que tenemos que mejorar al tiempo que respiramos. Y eso se convierte en una obligación silenciosa.


Cuando ya no leo porque me apetece, sino porque siento que debería leer más. Cuando no salgo a
caminar porque mi cuerpo me lo pide, sino porque he visto en redes que caminar diez mil pasos
regula el sistema nervioso, mejora la creatividad y además «te cambia la vida».


Ahí algo se tuerce. Porque el ocio ya no se siente como un espacio de libertad y se convierte en trabajo.


La productividad como forma de identidad


Hay una idea que se nos ha colado poco a poco: la de que siempre deberíamos estar mejorando,
en todo; en el trabajo, en el cuerpo, en las relaciones, en cultura…


Y claro, querer estar mejor no tiene nada de malo. El problema aparece cuando esa mejora deja
de ser una posibilidad y empieza a convertirse en una obligación permanente.


Vanessa Ciccone (2022) habla precisamente de esto: la optimización ya no pertenece solo al
mundo del trabajo, sino que se ha metido también en nuestra vida privada. Ya no intentamos
rendir solo en la oficina. También intentamos rendir en el descanso, en el ocio, en las relaciones y
hasta en el autocuidado.

Por eso a veces descansar incomoda tanto. Porque, si siento que siempre debería estar avanzando,
aprendiendo algo, haciendo algo útil o convirtiéndome en una versión mejor de mí, parar puede
parecer casi una irresponsabilidad.


Y entonces aparece una culpa muy concreta. No la culpa por haber hecho algo malo, sino la culpa
por no estar haciendo nada útil.


Esa culpa que se cuela en frases como «hoy no he hecho nada», aunque ese «nada» haya sido
dormir, mirar por la ventana, hablar con alguien, ver una serie o simplemente respirar sin prisa.


El ocio también necesita autonomía


Desde la psicología del ocio, Walker, Yan y Kono (2020) observaron que la motivación durante
el tiempo libre se relaciona con la satisfacción de necesidades psicológicas básicas como la
autonomía: sentir que elegimos lo que hacemos y que no estamos cumpliendo otra obligación
más.


Dicho más sencillo: no descansa igual algo que haces porque te apetece que algo que haces
porque sientes que deberías hacerlo.


Puedes leer el mismo libro desde dos lugares muy distintos. Puedes leer porque disfrutas de la
historia, porque te apetece entrar ahí un rato, o puedes leer porque te estás diciendo que deberías
ser una persona que lee más.


Desde fuera puede parecer lo mismo.
Por dentro no se vive igual.
Y eso importa, porque descansar no depende solo de lo que hacemos, sino también de desde
dónde lo hacemos.


El valor de lo que no sirve para nada

Martínez García y Caballo Villar (2022) recuerdan que el ocio no es solo una forma de ocupar el
tiempo libre. También puede ser una experiencia con valor en sí misma. Algo que merece la pena
simplemente porque nos permite vivir, disfrutar, conectar o parar.


Y quizá esta idea nos cuesta porque estamos demasiado acostumbrados a medirlo todo.
Medimos los pasos, las horas de sueño, los libros leídos, los países visitados, las tareas
completadas y los hábitos mantenidos. Hasta el bienestar parece haberse convertido en algo que
hay que registrar, mejorar y optimizar en una aplicación.


Pero hay experiencias —como una conversación larga, una siesta o una novela que no te enseñe
nada trascendental— que pierden algo cuando intentamos convertirlas en rendimiento.
No todo tiene que transformarnos.

A veces basta con que nos permita estar un poco más en paz.


Volver a descansar de verdad


No se trata de dejar de aprender, de hacer deporte o de tener objetivos. Tampoco se trata de
idealizar la pereza ni de vivir como si nada importara.


Se trata de recuperar la posibilidad de hacer algunas cosas sin convertirlas en una estrategia de
mejora personal.


Quizá descansar de verdad empieza cuando dejamos de preguntarnos para qué sirve cada cosa.
Cuando podemos permitirnos una tarde que no mejore nuestro currículum, que no nos haga más
interesantes, que no produzca contenido y que no nos acerque a ninguna versión ideal de nosotros
mismos.


Una tarde normal.
Una tarde sin épica.
Una tarde en la que no pase absolutamente nada.
Y que, precisamente por eso, nos recuerde algo importante: vivir también era esto.


Cuando la exigencia no te deja recuperar


Que te cueste parar de vez en cuando no significa que tengas un problema psicológico. Sin
embargo, si el descanso activa ansiedad intensa, culpa constante, irritabilidad, insomnio o una
sensación de amenaza que te impide recuperarte, puede ser útil explorar qué está sosteniendo esa
exigencia.


A veces no necesitamos aprender una nueva técnica para descansar mejor. Necesitamos
comprender por qué parar se ha vuelto tan difícil y construir una relación menos rígida con
nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras obligaciones.

Referencias
Ciccone, V. (2022). Technology of optimization: An emerging configuration of productivity among professional
software employees. European Journal of Cultural Studies, 25(1), 132-147.
https://doi.org/10.1177/13675494211030281
Martínez García, R., & Caballo Villar, M. B. (2022). Educar el ocio en la sociedad apresurada: El ocio valioso como
horizonte. Revista Ciencias Pedagógicas e Innovación, 10(2), 159-169. https://doi.org/10.26423/rcpi.v10i2.448
Walker, G. J., Yan, N., & Kono, S. (2020). Basic psychological need satisfaction and intrinsic motivation during
leisure: A cross-cultural comparison. Journal of Leisure Research, 51(4), 489-510.
https://doi.org/10.1080/00222216.2020.1735973

Imagen de Eirene García Caro

Eirene García Caro

Psicóloga colegiada nº AO-09582 por el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (COPAO). Especializada en terapias contextuales de tercera generación (ACT) y en el impacto de la tecnología en la salud mental y la toma de decisiones. Atiende online a pacientes de toda España, ayudándoles a gestionar la ansiedad, la incertidumbre y la dependencia digital desde un enfoque basado en la evidencia.

Todas las entradas

Etiquetas :

ansiedad,culpa,descanso,tiempo libre,vacaciones

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pasos a seguir para empezar tu terapia

Se trata de un proceso en fases:

  • Sesión de acogida gratuita

    En primer lugar tendrá lugar la sesión de acogida de unos 15-20 min. con la coordinadora del equipo de psicólogos, donde trasladarás cual es tu necesidad en cuanto al problema que te trae a consulta y te daremos toda la información que necesitas.

  • Te asignamos al mejor psicoterapeuta para tus necesidades

    Si decides empezar la terapia psicológica para la ansiedad con nosotros, se te asignará un psicólogo o psicóloga de nuestro equipo de profesionales especializado/a en ansiedad, con el que tendrás la sesión de valoración.

  • Plan de trabajo

    A partir de ahí se establecerá un plan personalizado y consensuado contigo para que así puedas lograr tus objetivos terapéuticos para solucionar los problemas que la ansiedad está causando en tu vida y puedas alcanzar la metas que quieres en tu vida. El plan de trabajo puede incluir trabajo para casa porque terapia no es solo lo que ocurre en sesión sino también lo que haces con lo que trabajas en sesión en el día a día.