logo eirene garcia letra E

No todo lo importante en salud mental cabe en una etiqueta: qué cambia cuando escuchamos la experiencia de la persona

Tabla de contenidos

Hay una escena que puede ocurrir con mucha facilidad cuando alguien pide ayuda psicológica.

La persona cuenta lo que le pasa.

El profesional escucha, identifica síntomas, hace preguntas, piensa en modelos, diagnósticos, técnicas y opciones de tratamiento.

Todo eso puede ser necesario.

Pero existe un riesgo: que en el proceso de comprender qué le ocurre a una persona acabemos perdiendo de vista cómo lo vive esa persona.

Este 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental 2026 pone precisamente ahí el foco. La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema «Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real» y plantea que la experiencia en primera persona debe tener un papel real en las decisiones que afectan a la atención en salud mental.

No es una invitación a elegir entre ciencia o experiencia.

Es una invitación a dejar de tratarlas como si una tuviera que borrar a la otra.

Saber mucho sobre un problema no es saber cómo lo vive esa persona

Podemos conocer qué síntomas suelen aparecer en la ansiedad.

Podemos estudiar qué tratamientos cuentan con evidencia para la depresión.

Podemos conocer modelos sobre trauma, duelo o relaciones.

Y aun así no saber todavía qué significa todo eso en la vida de quien tenemos delante.

Porque una palabra como «ansiedad» no nos dice por sí sola qué teme esa persona, qué intenta proteger, qué ha dejado de hacer, qué responsabilidades tiene, con qué apoyo cuenta o qué estaría dispuesta a cambiar.

Dos personas pueden compartir un diagnóstico y vivir realidades profundamente distintas.

Por eso el conocimiento profesional es imprescindible, pero no suficiente para conocer una vida.

La OMS lleva años defendiendo una atención más centrada en la persona y en 2025 publicó una hoja de ruta específica para integrar la experiencia vivida en los sistemas de salud mental. El mensaje de 2026 da un paso más: no basta con invitar a alguien a contar su historia si después sus necesidades, prioridades y conocimientos quedan fuera de las decisiones.

Escuchar no significa estar de acuerdo con todo

Este matiz importa.

Tomar en serio la experiencia de una persona no significa que cualquier interpretación que haga sobre sí misma tenga que convertirse automáticamente en una conclusión clínica.

Podemos validar que alguien está sufriendo y, al mismo tiempo, explorar si la explicación que se está dando es la única posible.

Podemos escuchar que una técnica no le está ayudando sin concluir que esa técnica sea inútil.

Podemos respetar que alguien no quiera una determinada opción y seguir explicando con claridad qué sabemos sobre sus beneficios y sus límites.

Escuchar no es abdicar del conocimiento profesional.

Es utilizarlo con la persona, no simplemente sobre la persona.

La guía NICE sobre toma de decisiones compartida explica que las opciones deberían pensarse combinando la mejor evidencia disponible con las preferencias, valores, necesidades y prioridades de quien recibe la atención.

A veces una buena pregunta aporta más que una buena explicación

Los profesionales tenemos una tendencia comprensible a explicar.

Para eso hemos estudiado.

Pero hay momentos en los que explicar demasiado pronto puede cerrar una conversación que todavía necesitaba abrirse.

«Esto que haces es evitación.»

Puede ser cierto.

Pero quizá antes necesitemos preguntar:

¿Qué consigues cuando evitas?

¿Qué temes que ocurra si no lo haces?

¿Cuándo empezó a ser necesaria esa respuesta?

¿Qué precio está teniendo ahora?

La palabra técnica puede llegar después.

Primero necesitamos entender la lógica que esa respuesta tiene dentro de esa vida.

Ahí aparece una diferencia importante entre describir una conducta y comprender su función.

La persona también tiene información que el tratamiento necesita

Hay cosas que ningún cuestionario puede responder por ti.

Qué te importa.

Qué estás intentando conservar.

Qué experiencias anteriores con profesionales te hicieron confiar o desconfiar.

Qué límites necesitas.

Qué ritmo puedes sostener.

Qué explicación te ayuda a comprenderte y cuál te hace sentir reducida a una etiqueta.

Qué significa para ti «estar mejor».

Nada de esto convierte a la persona en su propia terapeuta.

Convierte su conocimiento sobre sí misma en una parte legítima del proceso.

Y eso también tiene consecuencias prácticas.

Si una propuesta no encaja, quizá haya que entender por qué.

Si un objetivo no importa realmente a la persona, quizá no sea un buen objetivo.

Si algo que desde fuera parece pequeño está ocupando un espacio enorme en su vida, necesitamos saberlo.

Participar no debería significar exponerse

Hablar de «dar voz» a las personas con experiencia vivida también puede convertirse en otra exigencia.

No todo el mundo quiere contar públicamente su historia.

No todo el mundo tiene que transformarla en aprendizaje para otras personas.

No toda experiencia necesita una moraleja.

Y no debería hacer falta narrar el momento más doloroso de tu vida para que tus necesidades sean consideradas.

La participación real necesita también seguridad, límites, reconocimiento y capacidad de decisión. Una revisión sistemática publicada en enero de 2026 encontró que la implicación de personas con experiencia vivida puede verse dificultada cuando los roles son poco claros, falta apoyo o la persona termina sintiéndose excluida dentro del propio sistema que supuestamente quería incluirla.

Escuchar mejor no consiste simplemente en pedir más testimonios.

Consiste también en cambiar qué hacemos con lo que escuchamos.

En terapia, esto puede verse en cosas bastante pequeñas

Explicar por qué hacemos una pregunta.

Preguntar si una formulación tiene sentido para ti.

Poder decir «esto no me encaja» sin sentir que estás haciendo mal la terapia.

Revisar un objetivo cuando deja de tener sentido.

Reconocer que el profesional puede conocer el modelo, pero tú conoces tu vida.

Elegir una herramienta porque responde a lo que estamos comprendiendo, no porque el nombre de tu dificultad parezca llevar automáticamente a una técnica.

No son gestos accesorios.

Forman parte de una manera de entender la relación terapéutica.

La experiencia vivida no sustituye a la evidencia. La completa.

Hay un riesgo cuando polarizamos esta conversación.

O pensamos que el profesional sabe y la persona recibe.

O pensamos que toda experiencia individual pesa lo mismo que cualquier evidencia científica.

No necesitamos ninguno de los dos extremos.

La ciencia puede ayudarnos a saber qué tratamientos han mostrado utilidad, qué riesgos debemos vigilar y qué hipótesis tienen más apoyo.

La experiencia de la persona nos ayuda a saber cómo aterriza todo eso en una vida concreta.

Y entre ambas cosas se construye una decisión que pueda ser rigurosa y, a la vez, humana.

Quizá esa sea una de las ideas más importantes de este Día Mundial de la Salud Mental:

no basta con que una persona pueda hablar. También necesita poder influir en aquello que se decide sobre su propia vida.

Si estás pensando en empezar terapia y quieres saber cómo intentamos construir ese proceso de manera colaborativa, puedes leer cómo funciona nuestra terapia online.

Referencias

Organización Mundial de la Salud. Día Mundial de la Salud Mental 2026.

OMS Europa. Transforming mental health through lived experience (2025).

NICE. Shared decision making, guía NG197.

Shaw y cols. Systematic review: lived experience involvement (2026).

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

Cómo cuidamos lo que lees

No publicamos por publicar. Revisamos la información, las fuentes y la forma de contarla para que lo que encuentres aquí sea claro, riguroso y útil de verdad.

¿No sabes por dónde empezar?

A veces lo difícil no es pedir ayuda, sino saber qué necesitas o por dónde empezar. Puedes escribirnos y vemos contigo cuál puede ser el primer paso.

¿Quieres consultar las fuentes?

Cuando un artículo incluye información clínica o científica, encontrarás las referencias que hemos utilizado para sostenerla y seguir profundizando por tu cuenta.

Más articulos