Cómo te hablas por dentro cuando nadie escucha (y cómo eso marca todo lo demás)
Índice
- Qué es el diálogo interno y por qué importa tanto
- Señales de que tu diálogo interno te está dañando
- De dónde viene la voz del crítico interior
- Cómo afecta tu diálogo interno a tus relaciones
- Algo que aprendí sobre esto en primera persona
- Qué es la autocompasión (y qué no es)
- 4 estrategias para cambiar cómo te hablas
- Ejercicio: Carta a tu yo que se machaca
- Cuándo buscar ayuda profesional
- Preguntas frecuentes
10-11 minutos de lectura.
Tu diálogo interno crítico (esa voz que te juzga, te exige y te machaca por dentro) puede estar afectándote mucho más de lo que crees.
Hay una conversación que mantienes todos los días. Es constante, rápida, automática. No necesita wifi ni cobertura. No la escucha nadie más.
Es la conversación que tienes contigo.
Esa voz que te dice si lo has hecho bien o mal. La que te recuerda tus errores justo antes de dormirte, la que opina sobre tu cuerpo cuando te miras al espejo. Y que te dice que no es para tanto, que deberías estar mejor, que hay quien lo tiene peor, que no tienes derecho a quejarte.
Si alguien te hablara como tú te hablas, ¿seguirías a su lado?
Esta pregunta, que parece simple, es una de las más potentes que hago en consulta. Y la mayoría de las veces, la respuesta es un silencio largo seguido de un «pues no».
Qué es el diálogo interno crítico y por qué importa tanto
El diálogo interno crítico es la conversación continua que mantenemos con nosotros mismos a lo largo del día. Es esa voz que interpreta lo que vivimos, juzga lo que hacemos y anticipa lo que va a pasar. En psicología, forma parte de nuestro sistema cognitivo-emocional y tiene un impacto directo en cómo nos sentimos, cómo nos comportamos y cómo nos relacionamos.
No es lo mismo que un pensamiento suelto. Es algo más estructurado: una especie de narrador interno que comenta, valora y opina sobre todo lo que haces. Puede ser tu mayor aliado o tu peor enemigo, dependiendo del tono que adopte.
El problema no es tener diálogo interno (todo el mundo lo tiene). El problema es cuando ese diálogo se vuelve mayoritariamente crítico, duro o castigador, y lo tenemos tan normalizado que ni siquiera lo detectamos.
En mi primer libro hablé de la Dramaqueen: esa voz interior que distorsiona, exagera y dramatiza. Pero hay otra voz que no es drama. Es algo más sutil y, por eso, más peligroso. Es la voz del crítico interior.
No grita. No exagera. Habla bajito, con tono de sentencia. Y lo peor: suena razonable.
Señales de que tu diálogo interno te está dañando
¿Cómo saber si tu forma de hablarte está afectándote? Estas son algunas señales que veo habitualmente en consulta:
- Te machacas cuando te equivocas, incluso por errores pequeños, y tardas horas o días en pasar página.
- Usas palabras como «siempre», «nunca» o «todo» para describirte: «siempre la lío», «nunca hago nada bien», «todo me sale mal».
- Minimizas tus logros pero magnificas tus errores.
- Te exiges un nivel que no le exigirías a nadie que quieres.
- Sientes culpa por descansar, por decir que no o por priorizarte.
- Tu primera reacción ante un problema es culparte, antes de analizar qué ha pasado.
Si te reconoces en tres o más de estas señales, es probable que tu diálogo interno necesite atención. No porque estés haciendo algo mal, sino porque llevas demasiado tiempo con una voz que no te ayuda.
De dónde viene la voz del crítico interior
El crítico interior no aparece de la nada. Se construye a lo largo de los años, a partir de dos fuentes principales:
1. Cómo nos hablaron de pequeños
Si creciste en un entorno donde el error se señalaba y el acierto se daba por hecho, tu cerebro aprendió que la forma de «mejorar» era machacándote. Y lo automatizó.
No hace falta que fuera un entorno agresivo. A veces basta con mensajes sutiles: «podrías haberlo hecho mejor», «eso no es para tanto», «no llores», «tienes que ser fuerte». Esos mensajes, repetidos durante años, se interiorizan y se convierten en la voz con la que te hablas en la edad adulta.
2. Lo que la cultura nos enseña sobre «ser buena persona»
Ser humilde, no destacar, no pedir demasiado, estar siempre para los demás. Todo eso se traduce en un diálogo interno que castiga cualquier forma de priorizarte. Si culturalmente has aprendido que cuidarte es egoísmo, tu voz interior va a machacar cada intento de ponerte en primer lugar.
Lo que dice la ciencia: la investigación en psicología lleva décadas estudiándolo. Kristin Neff, una de las investigadoras principales en autocompasión, ha demostrado que la autocrítica excesiva no nos hace mejores: nos paraliza, nos aísla y nos hace más vulnerables a la ansiedad y la depresión.
Dicho de otra forma: machacarte no te hace más fuerte. Te hace más pequeño.
Cuando el diálogo interno crítico se convierte en tu voz dominante…
Esto es algo que veo en consulta día tras día y que pocas veces se conecta: la forma en que te hablas determina cómo te dejas tratar.
Si por dentro te repites que no mereces tanto, que exageras, que no es para tanto… ¿cómo vas a poner un límite cuando alguien te falta al respeto? ¿Cómo vas a pedir lo que necesitas en una relación si tu propia voz te dice que es demasiado?
Hace poco, alguien me contó en sesión algo que me impactó:
«Cuando mi pareja me dice algo que me duele, mi primera reacción no es enfadarme. Es pensar que tendrá razón. Que seré yo quien está exagerando.»
Eso no es un problema de pareja. Es un problema de diálogo interno. Y mientras no lo trabajemos, da igual con quién estés: el patrón se repite.
Y también funciona al revés: cuando aprendes a hablarte con más compasión, empiezas a tolerar menos lo que antes permitías. No porque te vuelvas más duro, sino porque ya no necesitas la validación externa para saber que lo que sientes es legítimo.
Algo que aprendí sobre esto en primera persona
Yo también he tenido esa voz. Soy psicóloga, llevo años trabajando con esto, y aun así, hay momentos en los que mi crítica interior se activa como si nada de lo que sé sirviera.
Recuerdo una época en la que todo iba objetivamente bien: la consulta llena, proyectos bonitos, gente que me quería. Pero por dentro, había una voz constante que me decía: «no es suficiente», «podrías hacer más», «no te relajes».
Un día, en mi propia terapia (sí, quienes nos dedicamos a esto también vamos a terapia), mi terapeuta me preguntó:
«¿Y si no es suficiente… para quién?»
Me quedé sin respuesta. Porque no era para nadie concreto. Era para una idea de mí misma que había construido con retales de lo que otras personas esperaban. Y esa idea era insaciable.
Ahí entendí algo que luego he visto en cientos de pacientes: no basta con saber que te hablas mal. Necesitas entender para quién te estás esforzando. Porque muchas veces no es para ti.
Qué es la autocompasión (y qué no es)
Antes de hablar de estrategias, necesito aclarar algo porque hay mucha confusión con este concepto.
La autocompasión NO es:
- Decirte «todo va genial» cuando no va genial
- Autocomplacencia o pereza
- Victimismo o buscar excusas
- Hablar bonito frente al espejo
La autocompasión SÍ es:
- Tratarte con la misma comprensión que ofrecerías a alguien que quieres
- Reconocer que el sufrimiento es parte de la experiencia humana (no estás solo en esto)
- Observar tus pensamientos sin fusionarte con ellos
Kristin Neff lo resume en tres componentes:
- Amabilidad con uno mismo (en lugar de autocrítica): «esto está siendo difícil y tiene sentido que me cueste».
- Humanidad compartida (en lugar de aislamiento): «no soy la única persona que se siente así».
- Mindfulness (en lugar de sobreidentificación): observar el pensamiento sin convertirlo en verdad absoluta.
La autocompasión no es debilidad. Los estudios de Neff y otros investigadores muestran que las personas que practican autocompasión son más resilientes, más capaces de asumir errores y más motivadas para mejorar que quienes se machacan.
4 estrategias para cambiar cómo te hablas

Cambiar un diálogo interno crítico no es cuestión de «háblarte bonito frente al espejo». Eso no funciona si no hay un trabajo real detrás. Lo que sí funciona, y lo que trabajamos en terapia, es:
1. Detectar la voz
Antes de cambiar cómo te hablas, necesitas escucharte. La mayoría de la gente ni siquiera es consciente de su diálogo interno. Es como un ruido de fondo que llevas tanto tiempo escuchando que ya no lo oyes.
Ejercicio rápido: durante un día, cada vez que te equivoques en algo (por pequeño que sea), anota mentalmente qué te dices. Sin juzgar. Solo observa.
2. Preguntarte: ¿de quién es esta voz?
Muchas veces el crítico interior habla con palabras que no son tuyas. Son de tu madre, de tu padre, de un profesor, de una pareja, de una cultura. Identificar el origen no lo borra, pero le quita poder. Porque ya no es «la verdad»: es una opinión que aprendiste.
3. El ejercicio de la amistad
Cuando te descubras haciéndote un comentario duro, para y pregunta:
¿Le diría esto a alguien a quien quiero si estuviera pasando por lo mismo?
Si la respuesta es no, entonces ¿por qué te lo dices a ti?
No se trata de mentirte ni de darte palmaditas. Se trata de no ser más cruel contigo de lo que serías con cualquier otra persona.
4. Cambiar el tono, no el contenido
La autocompasión no cambia los hechos. Cambia cómo te los cuentas:
| Diálogo crítico | Diálogo compasivo |
|---|---|
| «Soy idiota, siempre la lío» | «Me he equivocado, y eso es humano» |
| «No puedo con esto» | «Esto está siendo difícil y necesito apoyo» |
| «Debería ser más fuerte» | «Estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo» |
| «No merezco descansar» | «Necesito parar y eso no me hace peor persona» |
Ejercicio: Carta a tu yo que se machaca

Esto no es un ejercicio bonito para Instagram. Es un ejercicio terapéutico real que usamos en consulta. Y puede remover, así que hazlo cuando tengas un momento tranquilo.
Instrucciones:
- Piensa en una situación reciente en la que te hayas machacado por algo (un error, algo que dijiste, algo que no hiciste).
- Escribe lo que te dijiste en ese momento. Tal cual, con sus palabras exactas.
- Ahora imagina que eso mismo le pasa a alguien que quieres mucho. Escríbele una respuesta a esa persona.
- Lee esa respuesta en voz alta.
- Ahora léetela a ti. Porque tú también la mereces.
Si al hacer este ejercicio notas que algo se mueve dentro, que hay un nudo, una emoción que no esperabas… es normal. Y es buena señal. Significa que hay algo ahí que merece ser escuchado.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si tu diálogo interno crítico te está limitando. Cambiar un diálogo interno que llevas años construyendo no es fácil. No es cuestión de leer un artículo y ya.
Puede ser buen momento para buscar ayuda si:
- Llevas tiempo intentando hablarte diferente y no lo consigues.
- Tu autocrítica te paraliza o te impide tomar decisiones.
- Sientes que tu forma de tratarte está afectando a tus relaciones.
- Notas que la voz crítica se ha intensificado en los últimos meses.
- Te identificas con lo que has leído aquí y sientes que necesitas a alguien que te acompañe en el proceso.
En terapia trabajamos con herramientas concretas (desde ACT, terapia cognitivo-conductual y EMDR) para identificar el origen de esa voz, desactivar los patrones automáticos y construir una relación más sana contigo.
Reservar sesión de acogida gratuita →
No tienes que tenerlo todo claro. Solo tienes que querer empezar a tratarte un poco mejor.
* Preguntas frecuentes sobre el diálogo interno
El diálogo interno crítico es la voz interior que juzga, castiga o desvalora lo que hacemos de forma automática. No es un pensamiento suelto, sino un patrón de autocrítica sostenido que afecta a la autoestima, las emociones y las relaciones. Se diferencia de la autocrítica constructiva en que no busca mejora: solo castigo.
Principalmente de dos fuentes: de cómo nos hablaron durante la infancia (mensajes que interiorizamos de figuras de apego, profesorado o entorno) y de las normas culturales que aprendimos sobre cómo deberíamos ser. Con el tiempo, esos mensajes se automatizan y se convierten en nuestra forma de hablarnos.
Sí. La neurociencia ha demostrado que cuando una persona transforma su diálogo interno crítico en uno más compasivo, se activan redes cerebrales asociadas al bienestar. Es un proceso que requiere práctica, consciencia y, en muchos casos, acompañamiento terapéutico. No se cambia de un día para otro, pero los avances son reales y medibles.
Sí. La investigación muestra una relación directa entre la autocrítica excesiva y mayores niveles de ansiedad, depresión e insatisfacción vital. Cuando el diálogo interno es predominantemente negativo, el cerebro interpreta que estamos bajo amenaza constante, lo que activa respuestas de estrés sostenidas.
La autocompasión no es ser blando ni ponerse excusas. Es tratarse con la misma comprensión que daríamos a alguien que queremos. Los estudios de Kristin Neff demuestran que las personas que practican autocompasión son más (no menos) responsables, más capaces de reconocer errores y más motivadas para mejorar.
La forma en que te hablas determina cómo te dejas tratar. Si tu voz interna te dice constantemente que exageras o que no mereces más, es más difícil poner límites, pedir lo que necesitas o reconocer cuándo una relación no te está tratando bien. Trabajar el diálogo interno mejora directamente la calidad de los vínculos.
Si te ha servido este artículo, compártelo con alguien que lo necesite. Y si quieres que te acompañemos en este proceso, reserva tu sesión de acogida gratuita aquí.
Eirene García · Psicóloga general sanitaria · Enfoque contextual, ACT y EMDR
Especializada en Duelo y Trauma
eirenegarcia.com · @psico_eire
