Hay una frase que aparece mucho en consulta:
«No he hecho prácticamente nada en todo el día y estoy agotada».
La persona ha pasado horas en la cama o en el sofá. Ha cancelado planes, ha dejado tareas para
mañana y quizá hasta ha dormido una siesta. Desde fuera, podría parecer que ha descansado
muchísimo.
Por dentro, la experiencia suele ser otra.
Ha repasado todo lo que debería estar haciendo. Se ha culpado por no levantarse. Ha abierto el
móvil veinte veces sin prestar atención a nada. Ha intentado dormir mientras pensaba que estaba
desperdiciando el día. Y cuando llega la noche sigue sintiendo que no puede con su alma.
Porque estar quieto y recuperarse no son exactamente lo mismo.
La depresión también pesa en el cuerpo
La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes de la depresión. Puede sentirse como falta de
energía, agotamiento físico, lentitud mental o dificultad para iniciar incluso las tareas más
pequeñas. Ducharse, preparar algo de comer o responder un mensaje pueden sentirse tan
complejos como organizar unos Juegos Olímpicos.
Y no es simplemente falta de motivación. Una persona puede querer hacer algo, saber que
normalmente le gusta y aun así no encontrar la energía necesaria para empezar. La fatiga
depresiva también puede mantenerse cuando otros síntomas han mejorado y afectar seriamente al
trabajo, las relaciones y la vida cotidiana (Ghanean et al., 2018).
Por eso decir «tienes que activarte» suele servir de bastante poco. La persona ya sabe que lleva
horas sin hacer lo que necesita hacer. Lo que no sabe es de dónde sacar unas fuerzas que ahora
mismo no aparecen por ninguna parte.
Dormir mucho tampoco garantiza haber descansado
La depresión puede alterar el sueño en direcciones aparentemente opuestas. Algunas personas
apenas consiguen dormir, otras pasan muchas más horas en la cama o sienten una somnolencia
constante. En ambos casos pueden despertarse igual de cansadas.
La hipersomnia no es simplemente disfrutar de una mañana larga entre las sábanas. Puede
implicar sueño prolongado, dificultad para despertarse y sensación de no haber recuperado
energía. Además, puede permanecer como síntoma residual incluso después de que otros aspectos
de la depresión hayan mejorado (Kwaśna et al., 2024).
Así que más horas de cama no significan necesariamente más recuperación. Importan la calidad
del sueño, su regularidad y lo que ocurre durante el tiempo en que la persona intenta descansar.
El cuerpo está tumbado, pero la cabeza sigue de guardia
Puedes estar completamente inmóvil mientras tu mente sigue trabajando a destajo.
La rumiación: dar vueltas una y otra vez a los mismos problemas, errores o sensaciones. se
relaciona con una peor calidad del sueño, más tiempo para quedarse dormido y menos horas de
descanso real (Clancy et al., 2020).
Y tiene sentido. Resulta difícil desconectar cuando la cabeza aprovecha el silencio para abrir la
carpeta completa de asuntos pendientes:
«No estoy haciendo nada».
«Mañana voy a seguir igual».
«Estoy decepcionando a todo el mundo».
«Debería poder con esto».
En ese momento el cuerpo puede estar en la cama, pero el sistema sigue respondiendo como si
hubiera algo urgente que resolver. No hay actividad visible, aunque por dentro continúe la
tensión.
Entonces, ¿qué demonios es el deep rest?
El modelo de deep rest o descanso profundo intenta explicar precisamente esa diferencia.
Crosswell y sus colaboradores (2024) proponen que la recuperación no depende solo de dejar de
hacer cosas, sino de que el organismo reciba suficientes señales de seguridad como para reducir
su estado de alerta.
No es una terapia concreta ni una técnica milagrosa. Tampoco hace falta comprarse una esterilla,
aprender a respirar en sánscrito y convertir el descanso en otra asignatura pendiente.
Es un modelo teórico que describe un estado de menor activación en el que el cuerpo puede
dedicar más recursos a procesos restauradores. Algunas personas pueden acercarse a él
durmiendo bien; otras, mediante respiración lenta, movimientos suaves, meditación, contacto con
la naturaleza o una conversación en la que no tengan que defenderse de nada.
La actividad importa menos que la experiencia. Ver una serie puede ser descanso para alguien y
una forma de anestesiarse mientras sigue rumiando para otra persona. Una meditación puede
calmarte o convertirse en veinte minutos intentando «dejar la mente en blanco» y enfadándote
porque no lo consigues.
Descansar también puede formar parte de la terapia
Trabajar la depresión no consiste únicamente en analizar pensamientos o recuperar actividades. A
veces también implica revisar qué está impidiendo que la persona se recupere físicamente y
mentalmente.
Puede ser un insomnio que se ha normalizado, horarios completamente desordenados, miedo a
irse a la cama, culpa al parar o una mente que no deja de repasar lo mismo. Mejorar el sueño se
asocia con una reducción de los síntomas depresivos y de la rumiación (Scott et al., 2021).
Además, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio puede mejorar tanto el sueño como los
síntomas de depresión cuando ambos problemas aparecen juntos (Hertenstein et al., 2022).
Eso no convierte el descanso en el tratamiento único de la depresión. Significa que no debería
tratarse como un detalle secundario mientras se espera que todo mejore por otro lado.
Descansar sin desaparecer de tu vida
También hay una diferencia entre recuperarse y retirarse cada vez más de la vida.
Quedarse en casa puede aliviar momentáneamente la presión de responder mensajes, trabajar o
encontrarse con otras personas. Pero si esa retirada se alarga, también desaparecen los vínculos,
las experiencias agradables y las pequeñas oportunidades de volver a sentir capacidad.
¿En qué momento dejamos de descansar de verdad?
Por eso el objetivo no es elegir entre «descansa todo lo que necesites» y «levántate aunque no
puedas». Parte del trabajo terapéutico consiste en encontrar un ritmo posible: reducir demandas
cuando el cuerpo no da más, favorecer un descanso que realmente repare y recuperar poco a poco
actividades que devuelvan contacto con la vida.
Cuando descansar ya no es suficiente
La depresión puede detener el cuerpo sin detener la lucha. Y mientras la cabeza siga haciendo
horas extra, pasar más tiempo en la cama quizá no sea suficiente.
Si llevas semanas durmiendo o pasando muchas horas en la cama y sigues agotada, te cuesta
pensar, disfrutar o atender lo básico, quizá no necesites exigirte más ni encontrar otra rutina.
Quizá sea momento de pedir ayuda.
En terapia se puede explorar qué está impidiendo que descanses de verdad: el insomnio, la
rumiación, la culpa al parar, una exigencia imposible o una retirada que te va dejando cada vez
más sola. Y, desde ahí, construir un ritmo que combine recuperación y regreso gradual a tu vida.
Porque descansar no siempre es no hacer nada. A veces es dejar de pelear. Y otras, permitir que
alguien te acompañe mientras aprendes a hacerlo.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica o médica individual. No dudes en reservar tu sesión de acogida gratuita si quieres que evaluemos tu caso y veamos cómo podemos ayudarte.
Bibliografía
Clancy, F., Prestwich, A., Caperon, L., Tsipa, A., & O’Connor, D. B. (2020). The association between
worry and rumination with sleep in non-clinical populations: A systematic review and meta-analysis.
Health Psychology Review, 14(4), 427–448. https://doi.org/10.1080/17437199.2019.1700819
Crosswell, A. D., Mayer, S. E., Whitehurst, L. N., Picard, M., Zebarjadian, S., & Epel, E. S. (2024). Deep
rest: An integrative model of how contemplative practices combat stress and enhance the body’s
restorative capacity. Psychological Review, 131(1), 247–270. https://doi.org/10.1037/rev0000453
Ghanean, H., Ceniti, A. K., & Kennedy, S. H. (2018). Fatigue in patients with major depressive disorder:
Prevalence, burden and pharmacological approaches to management. CNS Drugs, 32, 65–74.
https://doi.org/10.1007/s40263-018-0490-z
Hertenstein, E., Trinca, E., Wunderlin, M., Schneider, C. L., Züst, M. A., Fehér, K. D., Su, T., van Straten,
A., Berger, T., Baglioni, C., Johann, A., Spiegelhalder, K., Riemann, D., Feige, B., & Nissen, C.
(2022). Cognitive behavioral therapy for insomnia in patients with mental disorders and comorbid
insomnia: A systematic review and meta-analysis. Sleep Medicine Reviews, 62, 101597.
https://doi.org/10.1016/j.smrv.2022.101597
Kwaśna, J., Kwaśny, A., Wilkowska, A., Bychowski, M., & Cubała, W. J. (2024). Residual hypersomnia
in unipolar and bipolar depression: A systematic review. The World Journal of Biological Psychiatry,
25(10), 575–591. https://doi.org/10.1080/15622975.2024.2429429
Scott, A. J., Webb, T. L., Martyn-St James, M., Rowse, G., & Weich, S. (2021). Improving sleep quality
leads to better mental health: A meta-analysis of randomised controlled trials. Sleep Medicine
Reviews, 60, 101556. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2021.101556
