Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): vivir con más flexibilidad

Hay pensamientos que parecen llegar en el peor momento. «No voy a poder», «voy a hacerlo mal», «hasta que no deje de sentir esto, no puedo seguir». Y entonces dedicamos una cantidad enorme de energía a intentar que desaparezcan.

Es comprensible. Si algo duele, queremos que deje de doler. Pero ¿qué ocurre cuando intentar controlar lo que sentimos acaba ocupando tanto espacio que empezamos a alejarnos de lo que nos importa?

La Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida como ACT por sus siglas en inglés, trabaja precisamente con esa relación entre lo que pensamos y sentimos, lo que hacemos para manejarlo y la vida que queremos construir. No propone resignarse, ni poner una sonrisa a todo, ni aprender a soportarlo sin más.

¿Qué es la terapia ACT?

ACT es un enfoque de psicoterapia contextual y conductual que busca desarrollar flexibilidad psicológica: la capacidad de reconocer lo que está ocurriendo dentro y fuera de nosotros y responder de una manera más útil, en contacto con lo que valoramos.

A veces eso implica cambiar una conducta. Otras, aprender a relacionarnos de otra forma con pensamientos o emociones que no podemos hacer desaparecer a voluntad. Y, en ocasiones, reconocer que hay circunstancias reales —familiares, económicas, laborales o de salud— que también necesitan ser tenidas en cuenta.

ACT no consiste en convencerte de que tus pensamientos son falsos, ni en repetirte que tienes que ser positivo. Se pregunta algo diferente: ¿qué efecto tiene seguir ese pensamiento al pie de la letra y qué otras posibilidades tienes, aquí y ahora?

Dos ideas esenciales para entender ACT

Compromiso no significa exigirte más

El compromiso tiene que ver con elegir acciones que acerquen tu vida a lo que realmente importa para ti. No con convertir cada día en una lista de obligaciones ni con hacerte responsable de circunstancias que no dependen de ti.

Imagina, por ejemplo, que valoras cuidar tus relaciones, pero el miedo a resultar una molestia te lleva a evitar siempre las conversaciones difíciles. El trabajo no consistiría en eliminar primero todo ese miedo para que, entonces sí, puedas hablar. Puede consistir en entender qué protege esa evitación, valorar qué riesgos son reales y explorar una manera posible, segura y gradual de acercarte a la conversación.

Es un ejemplo hipotético, no una indicación terapéutica para todo el mundo. A veces lo importante no es exponerse más, sino establecer un límite.

Aceptar no significa resignarse

La palabra «aceptación» puede levantar resistencias. ¿Cómo voy a aceptar algo injusto? ¿Aceptar significa que me tengo que quedar donde estoy?

No. En ACT, aceptar se refiere a desarrollar una disposición activa a entrar en contacto con experiencias internas —emociones, sensaciones o pensamientos— cuando luchar continuamente contra ellas está estrechando nuestra vida. No exige aprobar lo que sucede, tolerar malos tratos ni renunciar a poner límites o cambiar una situación que nos hace daño.

Podemos reconocer que algo nos duele y, al mismo tiempo, decidir que necesitamos alejarnos, pedir ayuda, protegernos o hacer cambios. Dos cosas pueden ser ciertas a la vez.

¿Qué significa tener más flexibilidad psicológica?

No significa adaptarse a todo, aguantar más o no sentirse mal. Significa disponer de algo más de espacio entre lo que aparece en nuestra mente y la respuesta que damos. Poder cambiar de dirección si lo que hacemos ya no nos ayuda. Reconocer cuándo una estrategia nos protege y cuándo, sin querer, nos limita.

ACT trabaja seis procesos relacionados entre sí. No son seis tareas que debas superar ni una receta que se aplique en el mismo orden a todas las personas.

Aceptación: hacer espacio a lo que sentimos

Explorar si la lucha constante con determinadas emociones y pensamientos está reduciendo nuestras opciones. Estar dispuestos a sentir o a que los pensamientos vengan no equivale a buscar sufrimiento ni a dejar de cuidarnos.

Defusión: tomar distancia de un pensamiento

Un pensamiento puede resultar muy convincente sin ser una orden. Aprender a reconocer «estoy teniendo el pensamiento de que no podré» puede abrir una pequeña distancia desde la que decidir qué hacer, sin obligarnos a discutir cada idea que aparece.

Atención al presente: volver a lo que está ocurriendo

Observar el momento actual con mayor flexibilidad, en lugar de quedar atrapados automáticamente en anticipaciones, recuerdos o juicios. La atención plena puede ser una herramienta, pero no se impone de la misma forma a todas las personas.

Yo como contexto: somos más que lo que pensamos de nosotros

Notar que podemos observar pensamientos, emociones e historias personales sin reducir nuestra identidad a una de ellas. No eres únicamente la etiqueta con la que te describes en un momento difícil.

Valores: reconocer qué dirección tiene sentido para ti

Los valores no son metas con una casilla que se marca al conseguirlas. Son orientaciones —cómo queremos relacionarnos, qué tipo de cuidado deseamos ofrecer o recibir, qué queremos sostener— que pueden ayudarnos a elegir entre distintas opciones.

Acción comprometida: convertir esa dirección en pasos posibles

Probar conductas concretas, revisarlas y ajustarlas a los recursos y circunstancias reales de la persona. A veces será dar un paso; otras, descansar, pedir apoyo, protegerse o cambiar una expectativa que ya no encaja.

¿Cómo se trabaja ACT durante la terapia?

No solemos empezar por una batería de ejercicios desconectados de tu vida. Primero necesitamos comprender qué está ocurriendo: en qué momentos aparece el malestar, qué haces para responder a él, qué alivio encuentras a corto plazo y qué consecuencias tiene a lo largo del tiempo.

A partir de ahí, podemos explorar patrones de evitación, relaciones con los pensamientos, valores personales y acciones posibles. Pueden utilizarse conversaciones, observación de situaciones cotidianas, metáforas, ejercicios de atención o propuestas para probar entre sesiones. La herramienta se elige por su función, no porque «toque» utilizarla.

En unas personas tendrá más sentido trabajar la relación con la ansiedad; en otras, la desconexión de aquello que les importa o el esfuerzo de controlar cada pensamiento. El ritmo y los objetivos se construyen en colaboración, atendiendo también a las circunstancias que rodean a esa persona.

¿Para qué dificultades se utiliza ACT y qué sabemos sobre su eficacia?

ACT se ha estudiado en problemas como la ansiedad, los síntomas depresivos, el dolor persistente y otras dificultades psicológicas o de adaptación. Existen ensayos clínicos y revisiones que encuentran resultados favorables en determinados contextos, especialmente en comparación con ausencia de tratamiento o condiciones de control.

Eso no significa que tenga el mismo nivel de evidencia para cualquier problema, que sea la primera opción en todos los casos ni que supere a otras psicoterapias establecidas. La investigación es amplia, pero heterogénea; la indicación depende de la situación clínica, la evidencia disponible, las preferencias de la persona y las competencias profesionales.

Tampoco necesitas llegar a consulta sabiendo qué tipo de terapia podría encajar contigo. Valorar qué te está ocurriendo y qué abordaje puede ser apropiado forma parte del proceso profesional.

ACT y nuestra manera de trabajar

En Eirene García Psicología, la mirada contextual atraviesa nuestra forma de entender la terapia: no nos interesa únicamente qué hace alguien, sino en qué circunstancias lo aprendió, qué función cumple y qué posibilidades existen hoy.

Dentro del equipo hay profesionales con formación específica en terapias contextuales, entre ellas ACT. Compartimos la importancia de la evidencia, la relación terapéutica y el respeto por la historia y los recursos de cada persona. Eso no convierte ACT en la herramienta obligatoria de todos los procesos ni hace que todos los profesionales utilicen exactamente las mismas técnicas.

Acompañar también significa poder decir: quizá este ejercicio no te ayuda; vamos a entender por qué y buscar otra manera. La persona no tiene que encajar en la técnica.

Preguntas frecuentes sobre la terapia ACT

¿ACT consiste en aceptar cualquier cosa que me pase?

No. La aceptación se refiere principalmente a cómo nos relacionamos con experiencias internas difíciles. Puede convivir con poner límites, cambiar una relación o una circunstancia y buscar protección o apoyo.

ACT incluye trabajo con la atención al presente, pero no exige una única forma de meditar ni que todos los ejercicios sirvan a todas las personas. El trabajo se adapta a tus necesidades y a la valoración profesional.

Puede ayudar a relacionarte de otra forma con la ansiedad y con las conductas que aparecen para evitarla. La mejoría de síntomas puede producirse, pero no se plantea como una garantía ni como condición previa para recuperar actividades significativas.

ACT forma parte de la tradición conductual y contextual y comparte bases con otros enfoques cognitivo-conductuales. Se distingue, entre otras cosas, por el énfasis en la función de las conductas, la relación con los pensamientos y los valores. No hace falta presentarlas como rivales ni establecer una clasificación de cuál es «mejor».

No hay una duración universal. El proceso depende de tu situación, los objetivos, las necesidades y cómo evoluciona el trabajo. Conviene hablar de expectativas y revisarlas durante la terapia.

ACT puede aplicarse en atención psicológica a distancia cuando la evaluación y las condiciones del servicio lo permiten. Lo importante es que el profesional tenga formación adecuada, que exista privacidad suficiente y que el formato resulte apropiado para tu caso.

Si quieres empezar por comprender qué te ocurre

Puedes conocer a nuestro equipo, consultar cómo funciona la terapia online o solicitar una sesión de acogida para hablar de tu situación. No necesitas elegir una sigla ni una técnica antes de empezar. Lo primero que queremos saber es qué necesitas tú.