La ansiedad postvacacional puede aparecer incluso antes de que terminen las vacaciones
porque tu mente empieza a vivir la vuelta antes de tiempo. En lugar de descansar, repasa
lo que viene después: trabajo, horarios, casa, tareas pendientes y con ello todo el agobio.
Es una sensación muy desagradable. Porque tú todavía estás intentando bajar revoluciones,
tratando de desconectar. Pero a tu cabeza le va la marcha y te está poniendo de los nervios pensando en lo que tendrás que hacer a la vuelta.
No has vuelto todavía, pero tu cabeza sí
Hay personas que no necesitan volver de vacaciones para tener ansiedad postvacacional.
Les basta con hacer la maleta de ida.
Están preparando unos días de descanso y, en vez de sentir alivio, aparece esa especie
de cuenta atrás. La mente empieza a colocarse en la vuelta: la bandeja de entrada, la
compra, las lavadoras, los madrugones, las reuniones, la rutina. Como si alguien hubiera
abierto una pestaña mental que no sabes cerrar.
Y claro, dan ganas de decir: “Mira, casi que lo dejamos todo y ya está”. Porque una cosa
es saber que hay que volver, y otra no poder disfrutar el merecido descanso.
A veces la vuelta pesa tanto porque no vuelves solo al trabajo: vuelves a una forma de
vivir que no te deja respirar, pero a la que estás habituada. Y eso te hace más difícil habituarte a tus vacaciones.
La ansiedad postvacacional no es solo “qué pereza volver”
A muchas personas les da pereza volver al trabajo. Otras están enganchadas a la vida laboral, pero, a pocas les gusta que la alarma les despierte en mitad del descanso, y resolver por enésima vez la última incidencia que solucionaste antes de irte de vacaciones.
Y es así como surge la ansiedad post vacacional: La vuelta aparece con nervios, irritabilidad, tristeza, bloqueo, problemas para dormir, pensamientos repetitivos sobre el trabajo o un nudo en el estómago antes de
reincorporarte. Tu cabeza va a adelantando lo que cree que va a ocurrir porque le gusta tener el control y odia la incertidumbre. Algo que te ayudo a comprender en mi libro Cuando Nada es Seguro, Todo es Posible.
Diferentes estudios señalan que las vacaciones suelen mejorar la salud y el estado de
ánimo, pero ese efecto puede desaparecer rápido al volver al trabajo. En uno
sobre vacaciones largas se encontró que el bienestar volvió a niveles previos durante la primera semana
de reincorporación (de Bloom et al., 2013).
Descansar viene bien. Pero si volvemos al mismo estado, al mismo ritmo y a las
mismas exigencias, tu cuerpo tarda poco en ponerse en alerta.
Por qué tu cabeza convierte el descanso en una lista de tareas
Para descansar no basta con estar físicamente lejos del trabajo. También necesitamos
desconectar mentalmente.
A esto se le llama desconexión psicológica: dejar de hacer cosas del trabajo y, sobre
todo, dejar de pensar en él durante el tiempo libre. Sonnentag y Fritz (2015) explican
que la falta de desconexión se relaciona con más agotamiento, peor bienestar y más
dificultad para recuperarnos.
Vamos, que no es lo mismo estar fuera con la cabeza en las vacaciones, que estar fuera con la cabeza en el trabajo.
Y esto no siempre se arregla con “pon de tu parte”. Si tienes mucha carga laboral, poca
sensación de control, presión constante o una cultura de disponibilidad eterna, tu cabeza
no se apaga porque sí. Puedes estar lejos, pero tu sistema nervioso sigue enganchado a
lo pendiente.
Por eso a veces no estás descansando. Estás esperando el golpe.
La culpa por descansar
Hay otra capa que aparece muchísimo: la culpa.
Culpa por parar. Por no hacer nada útil. Por no aprovechar las vacaciones “bien”. Por
estar cansada, aunque tengas días libres.
Una paciente me decía que se había ido una semana fuera y al tercer día ya estaba
preocupada porque “no estaba descansando correctamente”. Había convertido el
descanso en otra tarea más. Tenía que volver renovada, organizada y con energía.
Se estaba exigiendo hacerlo bien incluso cuando trataba de descansar.
Aquí la ansiedad postvacacional se mezcla con autoexigencia. No solo te preocupa
volver. También te presionas para que las vacaciones compensen todo el agotamiento
acumulado.
No vas a arreglar una dinámica agotadora si sigues quemando rueda cuando toca desconectar. Las vacaciones deben ser una entrada en boxes.
Cuando la vuelta se mete en las vacaciones
La rumiación laboral es darle vueltas al trabajo cuando ya no estás trabajando. No
hablamos de acordarte puntualmente de algo pendiente, sino de quedarte enganchada en
bucles sobre lo que se acumulará, lo que puede salir mal o lo difícil que será retomar.
Ese pensamiento repetitivo no te deja descansar. En profesionales de UCI, por
ejemplo, la rumiación afectiva (dar vueltas al trabajo con carga emocional) medió la
relación entre estresores laborales, burnout, depresión y riesgo de malestar psicológico
(Vandevala et al., 2017).
Y esto puede ocurrir en todos los trabajos.
Cuando tu cabeza sigue enganchada al problema, tu cuerpo no termina de salir del modo
amenaza. Por eso puedes estar de vacaciones y sentirte agotada: porque una parte de ti
no se ha ido.
Quizá el problema no es volver, sino a qué vuelves
Esta es la parte incómoda.
La ansiedad postvacacional no es un fallo tuyo. Es una señal de que tu rutina
está demasiado cargada, de que el trabajo ocupa demasiado espacio mental, de que no
descansas de forma regular o de que llevas demasiado tiempo esperando las vacaciones
para respirar.
Y no, esto no significa que tengas que dimitir, mudarte a Bali o empezar una vida
completamente nueva el lunes. Aunque estés fantaseando con ello.
Significa que quizá hay algo que mirar.
Según un estudio esto está relacionado con un rasgo de tu personalidad. Y es que, las personas con mayor perfeccionismo autocrítico, aquellas que más se exigen en su desempeño y están más implicadas en su trabajo, pueden tener más dificultad para mantener los beneficios que generan las vacaciones. Algo que es debido en parte a la preocupación y la rumiación durante la desconexión (Flaxman et al., 2012).
Dicho de forma sencilla: si tu cabeza sigue trabajando mientras descansas, no es raro
que estés cansada antes de volver.
ACT: no se trata solo de “relajarte”
Desde ACT, la Terapia de Aceptación y Compromiso, no trabajamos intentando
eliminar toda emoción incómoda. La idea no es “no pienses en la vuelta”, porque ya
sabemos cómo va eso: cuanto más intentas no pensar en algo, más fuerte vuelve.
ACT trabaja la flexibilidad psicológica: poder notar pensamientos, emociones y
sensaciones difíciles sin que sean ellos quienes conduzcan toda tu vida. Y, desde ahí,
elegir acciones más conectadas con tus valores.
En contextos laborales, las intervenciones basadas en ACT han mostrado utilidad para
reducir malestar general y laboral en profesionales sometidos a estrés y burnout
(Prudenzi et al., 2021).
Traducido: no se trata solo de gestionar la vuelta. Se trata de preguntarte qué tipo de
vida estás intentando sostener cuando vuelves.
Cuando la vuelta te está diciendo algo
A veces intentamos resolver la ansiedad postvacacional como si fuera solo un problema
de organización: dejar la casa recogida, mirar el calendario o prometer que este año sí
nos lo tomaremos con más calma.
Y oye, organizar ayuda. Pero hay vueltas que no se arreglan solo organizando.
Si cada vez que se acercan los últimos días aparece angustia, insomnio, irritabilidad,
ganas de llorar o sensación de “no puedo otra vez con esto”, quizá no hablamos solo de
adaptación a la rutina.
Quizá tu cuerpo señala que llevas mucho tiempo sosteniendo demasiado tu sola. Que tu
trabajo ocupa mucho espacio, que descansas tarde y mal, o que tu exigencia no se apaga
ni en vacaciones.
No significa que tengas que cambiar tu vida mañana, aunque a veces den ganas de
mandarlo todo por ahí y abrir un chiringuito.
Significa que merece la pena mirarlo como te mereces.
En Eirene García Psicología no trabajamos la ansiedad como si fuera un botón que hay
que apagar. Intentamos entender qué función cumple, qué está protegiendo, de dónde
viene y qué cambios pueden ayudarte a vivir con menos sensación de estar siempre al
límite.
Si esta vuelta no se siente como una simple vuelta, puedes reservar tu sesión de acogida
gratuita aquí:
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Referencias bibliográficas
de Bloom, J., Geurts, S. A. E., & Kompier, M. A. J. (2013). Vacation (after-) effects on
employee health and well-being, and the role of vacation activities, experiences and
sleep. Journal of Happiness Studies, 14, 613–633. https://doi.org/10.1007/s10902-012-
9345-3
Flaxman, P. E., Ménard, J., Bond, F. W., & Kinman, G. (2012). Academics’
experiences of a respite from work: Effects of self-critical perfectionism and
perseverative cognition on postrespite well-being. Journal of Applied Psychology,
97(4), 854–865. https://doi.org/10.1037/a0028055
Prudenzi, A., Graham, C. D., Clancy, F., Hill, D., O’Driscoll, R., Day, F., & O’Connor,
D. B. (2021). Group-based acceptance and commitment therapy interventions for
improving general distress and work-related distress in healthcare professionals: A
systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 295, 192–202.
https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.07.084
Sonnentag, S., & Fritz, C. (2015). Recovery from job stress: The stressor-detachment
model as an integrative framework. Journal of Organizational Behavior, 36(S1),
S72–S103. https://doi.org/10.1002/job.1924
Vandevala, T., Pavey, L., Chelidoni, O., Chang, N.-F., Creagh-Brown, B., & Cox, A.
(2017). Psychological rumination and recovery from work in intensive care
professionals: Associations with stress, burnout, depression and health. Journal of
Intensive Care, 5, Article 16. https://doi.org/10.1186/s40560-017-0209-0
