En este artículo encontrarás ayuda para entender cuándo buscar ayuda para la ansiedad:
✓ Las 10 señales clínicas de que tu ansiedad necesita tratamiento profesional
✓ La diferencia entre ansiedad normal y ansiedad que requiere ayuda
✓ Cuándo es urgente buscar un psicólogo (señales de alarma)
✓ Qué hacer si identificas varias señales en ti
✓ Cómo dar el primer paso sin miedo
Tiempo de lectura: 7 minutos
“¿Será normal sentirme así?” “¿O ya debería pedir ayuda?”
Esa pregunta me la hacen constantemente. Y la entiendo perfectamente, porque cuando estás dentro de la ansiedad, es muy difícil saber si lo que sientes es algo pasajero o si ya ha cruzado la línea.
Todos tenemos ansiedad de vez en cuando. Es humano. El problema es cuando la ansiedad deja de ser una visita ocasional y se muda a vivir contigo. Cuando empieza a tomar decisiones por ti. Cuando tu vida se va haciendo cada vez más pequeña porque evitas cosas, personas, lugares.
Y aun así, dudas. “A lo mejor es que soy débil.” “Otra gente lo lleva mejor.” “Quizá debería poder con esto yo solo/a.”
He visto a muchas personas llegar a consulta después de años conviviendo con una ansiedad que les limitaba la vida, porque no sabían si “era para tanto”. Por eso he creado esta lista. No para asustarte, sino para que tengas claridad.
Si identificas 3 o más de estas señales en tu día a día, tu ansiedad necesita ayuda profesional. No porque seas débil. Porque la ansiedad, cuando llega a ciertos niveles, no se resuelve con fuerza de voluntad.
ANSIEDAD NORMAL VS ANSIEDAD QUE NECESITA AYUDA
La línea a veces es difusa, pero existe
La ansiedad en sí misma no es tu enemiga. De hecho, es útil. Es la que te hace mirar antes de cruzar la calle, prepararte para un examen importante, o reaccionar rápido cuando algo va mal.
El problema no es sentir ansiedad. El problema es cuando la ansiedad se queda más tiempo del necesario, aparece sin motivo claro, o es tan intensa que te paraliza en lugar de activarte.
Ansiedad que hace su trabajo (y luego se va):
- Aparece cuando hay algo real que atender
- Es proporcional (no te dan taquicardias por enviar un email)
- Cuando resuelves la situación, la ansiedad baja
- Puedes seguir con tu vida aunque estés nervioso/a
- Tus propias estrategias funcionan (hablar con alguien, respirar, hacer ejercicio)
Ansiedad que se ha quedado a vivir contigo:
- Aparece sin que haya peligro real, o por cosas pequeñas
- Es desproporcionada (terror a situaciones cotidianas)
- No baja aunque la situación ya pasó
- Interfiere con cosas básicas: trabajar, dormir, salir de casa, relacionarte
- Nada de lo que intentas parece funcionar, o solo funciona temporalmente
Según la OMS, los trastornos de ansiedad afectan a más del 4% de la población mundial. Pero la cifra real es probablemente mayor, porque mucha gente no busca ayuda.
Ahora vamos a las señales concretas. Lee con honestidad. No para juzgarte, sino para darte claridad.
LAS 10 SEÑALES DE QUE NECESITAS AYUDA PROFESIONAL
¿Cuántas reconoces en ti?
Lee cada señal y pregúntate honestamente: ¿me pasa esto de forma frecuente? No hace falta que sea todos los días. Pero si es algo que reconoces en los últimos meses, cuenta.
Si identificas 3 o más, te recomiendo que consideres seriamente buscar ayuda. No porque seas un caso grave, sino porque la ansiedad no debería limitarte así la vida.
1. No puedes concentrarte en el trabajo o los estudios (y tu rendimiento lo está notando)
Cómo se ve en la vida real:
Estás en una reunión y te das cuenta de que llevas 10 minutos sin escuchar nada porque tu mente estaba en otro sitio. Lees el mismo párrafo cuatro veces y no te enteras. Tienes una tarea pendiente desde hace días pero cada vez que intentas empezarla, sientes un nudo en el estómago y la pospones.
O evitas directamente situaciones: “No puedo presentar ese proyecto”, “Mejor que hable otro en la reunión”, “Hoy no voy a clase”.
Y notas que tu rendimiento ha bajado. No porque no sepas, sino porque la ansiedad te consume tanta energía mental que no te queda para concentrarte en lo que tienes delante.
Por qué esto importa:
Cuando la ansiedad empieza a afectar tu capacidad de trabajar o estudiar, no solo impacta tu presente. Impacta tu futuro económico, académico, profesional. Y además, el hecho de que tu rendimiento baje alimenta más ansiedad (“No sirvo”, “Lo estoy haciendo mal”), y entras en un círculo.
He visto a personas brillantes bloquearse completamente porque la ansiedad les ocupaba toda la mente. Y cuando empezamos a trabajar la ansiedad, su rendimiento volvió. No era falta de capacidad. Era que la ansiedad no dejaba espacio para nada más.
2. Tu mundo se está haciendo cada vez más pequeño
Cómo se ve en la vida real:
Hace un año ibas al supermercado sin pensarlo. Ahora pides todo online. Antes quedabas con amigos los viernes. Ahora cancelas a último momento porque “no te apetece” (pero en realidad es que te da ansiedad). Ese viaje que querías hacer sigue en la lista, pero cada vez lo ves más lejos.
Evitas el metro. O los ascensores. O los sitios con mucha gente. O quedarte solo/a. Dependiendo de tu tipo de ansiedad, evitas cosas diferentes. Pero el patrón es el mismo: tu vida se va reduciendo.
Y lo peor es que funciona… a corto plazo. Evitas el supermercado y no sientes ansiedad. Perfecto, ¿no? El problema es que tu cerebro aprende: “El supermercado es peligroso”. Y la próxima vez, la ansiedad será mayor.
Por qué esto importa:
La evitación es la estrategia número uno que usamos con la ansiedad. Es comprensible. Pero es trampa. Porque cada vez que evitas algo, refuerzas el miedo. Y la ansiedad crece.
He trabajado con personas que al final solo se sentían seguras en su habitación. No porque quisieran aislarse, sino porque la ansiedad había ido cerrando puertas una a una. Y cuando empezamos a abrir esas puertas otra vez (poco a poco, con herramientas), se dieron cuenta de todo lo que se habían estado perdiendo.
3. Tu cuerpo está constantemente en alerta
Cómo se ve en la vida real:
El corazón te late tan fuerte que lo escuchas en los oídos. Sientes una opresión en el pecho que te hace pensar “¿y si es un infarto?”. Te cuesta respirar profundo. El estómago revuelto, las manos sudando, la mandíbula tensa (llevas meses apretando los dientes sin darte cuenta).
Muchas personas con ansiedad han ido a urgencias convencidas de que algo grave pasaba en su cuerpo. Y después de pruebas y más pruebas, el médico les dice: “Está todo bien, es ansiedad”.
Y ahí viene el desconcierto: “Pero si esto es real, lo estoy sintiendo”. Claro que es real. Los síntomas físicos de la ansiedad son tan reales como los de cualquier otra condición. Tu cuerpo está respondiendo a una amenaza… solo que la amenaza está en tu mente, no afuera.
Por qué esto importa:
Vivir con el cuerpo en estado de alerta constante te agota. No solo mentalmente, físicamente también. Tensión muscular crónica, problemas digestivos, insomnio, dolor de cabeza… tu cuerpo te está diciendo “esto es demasiado”.
Lo primero siempre es descartar causas médicas con tu doctor. Pero una vez descartadas, si los síntomas siguen ahí y aparecen especialmente en momentos de estrés o ansiedad, tienes la respuesta.
4. Tu mente no para, y no puedes apagarla
Cómo se ve en la vida real:
Son las 3 de la madrugada y estás repasando mentalmente esa conversación que tuviste hace una semana. “¿Por qué dije eso?” “¿Habrá sonado mal?” “¿Y si piensa que…?”
O estás anticipando todo lo que puede salir mal mañana, la próxima semana, el próximo año. “¿Y si me despiden?” “¿Y si me pasa algo malo?” “¿Y si no soy capaz?”
Tu mente no para de dar vueltas. Has intentado distraerte, hacer otra cosa, “pensar en positivo”. Pero los pensamientos vuelven. Es como intentar no pensar en un elefante rosa: cuanto más te esfuerzas, más presente está.
Por qué esto importa:
Darle vueltas a las cosas no es reflexionar. Reflexionar resuelve problemas. Rumiar los crea.
Cuando tu mente está constantemente en bucle, no solo te agota mentalmente. Te desconecta del presente. No disfrutas una comida con amigos porque estás pensando en otra cosa. No puedes concentrarte en una película. Estás físicamente aquí, pero mentalmente en todos los “y si” posibles.
Y lo más frustrante: sabes que darle vueltas no sirve de nada. Pero no puedes parar. Esa es la señal de que necesitas herramientas diferentes.
5. El sueño se ha convertido en una batalla
Cómo se ve en la vida real:
Te acuestas agotado/a, pero en cuanto apoyas la cabeza en la almohada, tu mente se enciende. Todas las preocupaciones que conseguiste apartar durante el día vuelven en full HD. Miras el reloj: 1 AM, 2 AM, 3 AM.
O consigues dormir pero te despiertas a las 4 de la madrugada con ansiedad, y ya no puedes volver a dormirte. O duermes 8 horas pero te levantas más cansado/a que cuando te acostaste.
Quizá estés recurriendo a ayudas: melatonina, infusiones, incluso algo más fuerte. O una copa de vino “para relajarte”. Cualquier cosa con tal de dormir.
Por qué esto importa:
El sueño y la ansiedad tienen una relación perversa. La ansiedad te quita el sueño. La falta de sueño aumenta la ansiedad. Y entras en un círculo vicioso donde cada vez estás más agotado/a y más ansioso/a.
Cuando llevas semanas (o meses) sin dormir bien, todo se hace cuesta arriba. Tu capacidad de regular emociones baja. Tu umbral de estrés baja. Pequeñas cosas te desbordan. No es que seas débil, es que estás funcionando con las pilas al 20%.
Según la National Sleep Foundation, el 70% de personas con trastornos de ansiedad tienen problemas crónicos de sueño. No eres la única persona a la que la ansiedad no deja dormir. Pero tampoco tienes que resignarte a vivir así.
6. Has tenido (o vives con miedo a tener) un ataque de pánico
Cómo se ve en la vida real:
De repente, sin aviso, sientes que te vas a morir. El corazón se te acelera brutalmente, no puedes respirar, todo da vueltas, sientes que te estás volviendo loco/a o que vas a desmayarte. Dura 10, 15, 20 minutos que parecen horas. Y cuando pasa, quedas agotado/a y asustado/a.
La primera vez que pasa, la mayoría de gente va a urgencias. Porque los síntomas son tan intensos que estás convencido/a de que es algo grave. Te hacen pruebas, y te dicen: “Es ansiedad, estás bien”.
Pero tú no te sientes bien. Porque aunque físicamente no haya nada malo, eso que viviste fue real y aterrador.
Y luego viene lo peor: el miedo a que vuelva a pasar. Empiezas a evitar situaciones donde tuviste el ataque. O a estar hipervigilante a cualquier señal de tu cuerpo (“¿Este latido es normal?”). Vives con ansiedad anticipatoria: ansiedad por si te da ansiedad.
Por qué esto importa:
Un ataque de pánico aislado le puede pasar a cualquiera en una situación de estrés extremo. Pero si has tenido más de uno, o si vives con miedo constante a que vuelva, eso ya es otra cosa.
Los ataques de pánico tienen tratamiento muy efectivo. No tienes que vivir con ese miedo. Pero no se resuelve solo, y sin tratamiento tiende a empeorar y extenderse a más situaciones.
[IMAGEN AQUÍ] Ubicación: Después de la señal 6, antes de la señal 7 Tipo: Persona con ansiedad, en actitud reflexiva o síntomas de estrés ALT text sugerido: “Señales de que la ansiedad necesita tratamiento psicológico profesional”
7. Estás usando “ayudas” cada vez con más frecuencia
Cómo se ve en la vida real:
Una copa de vino por la noche “para desconectar”. Un porro para calmar la ansiedad. Benzodiacepinas que te recetaron hace meses y sigues tomando. Café en exceso para funcionar después de no dormir. Cigarros que fumas de más cuando estás nervioso/a.
Al principio funcionaba. Te relajaba. Pero ahora necesitas más cantidad para el mismo efecto. O lo haces con más frecuencia. Y en el fondo sabes que no es la solución, pero es lo único que parece calmar la ansiedad en el momento.
Por qué esto importa:
No te estoy juzgando. Cuando la ansiedad duele tanto, es normal buscar cualquier cosa que la calme. El problema es que usar sustancias para regular la ansiedad funciona… hasta que deja de funcionar. Y entonces tienes dos problemas: la ansiedad original, y la dependencia de la sustancia.
Además, la mayoría de sustancias (alcohol, cannabis, benzodiacepinas) empeoran la ansiedad a medio-largo plazo. Te dan alivio inmediato pero después el rebote es peor.
He trabajado con muchas personas que llegaron a este punto. Y no, no es que seas débil o que tengas “un problema de adicción”. Es que la ansiedad te ha llevado a buscar soluciones que a corto plazo funcionan. Pero necesitas otras herramientas.
8. Tus relaciones se están resintiendo
Cómo se ve en la vida real:
Tu pareja te dice “ya no me cuentas nada” o “estás siempre irritable”. Tus amigos han dejado de invitarte porque siempre cancelas. Tu familia comenta que “estás raro/a últimamente”.
O al revés: te has vuelto muy dependiente. Necesitas constante validación. ¿”Estás enfadado/a conmigo?” “¿He dicho algo mal?” No puedes estar solo/a porque la ansiedad se dispara.
La ansiedad te está haciendo estar ausente (mentalmente) o demasiado presente (necesitando demasiado de los demás). Y las personas que te quieren no saben cómo ayudarte, o están agotadas de intentarlo.
Por qué esto importa:
Las relaciones son uno de los mayores amortiguadores del estrés que tenemos. Cuando la ansiedad empieza a dañar tus relaciones, pierdes tu red de apoyo. Y eso alimenta más ansiedad. Círculo vicioso otra vez.
Además, aislar te parece la solución (“No quiero ser una carga”, “Mejor estar solo/a y no molestar”), pero empeora todo. Los humanos necesitamos conexión. La ansiedad en soledad crece.
No se trata de que tus relaciones sean perfectas. Pero si notas que la ansiedad está alejándote de las personas que te importan, es momento de pedir ayuda. Por ti, y también por ellos.
9. Llevas meses (o años) intentándolo solo/a, sin mejoría real
Cómo se ve en la vida real:
Has leído todo sobre ansiedad. Sabes qué “deberías hacer”: meditar, respirar, hacer ejercicio, dormir bien, pensar en positivo. Lo has intentado. Algunas cosas te dan alivio temporal, pero la ansiedad siempre vuelve.
Tienes días mejores y días peores. Pero la línea de fondo no mejora. O incluso empeora.
Sabes qué está pasando, entiendes tu ansiedad intelectualmente. Pero no puedes aplicar lo que sabes. Es como si hubiera una barrera entre “sé qué hacer” y “poder hacerlo”.
Y llevas así meses. Quizá años.
Por qué esto importa:
Intentar gestionar la ansiedad por tu cuenta no solo está bien, es valiente. Pero hay un punto donde “seguir intentándolo solo/a” se convierte en sufrimiento innecesario.
A veces la ansiedad tiene raíces más profundas que necesitan ser trabajadas de otra forma. A veces necesitas herramientas más específicas. A veces necesitas a alguien que te acompañe porque hacerlo solo/a es demasiado.
No es fracaso pedir ayuda después de intentarlo solo/a. Es reconocer que algunos caminos es mejor no recorrerlos en soledad. La mayoría de personas con ansiedad tardan una media de 10 años en buscar ayuda profesional. No esperes tanto. Cuanto antes se trate, mejor pronóstico.
10. La ansiedad está tomando las decisiones por ti
Cómo se ve en la vida real:
No aceptaste ese trabajo porque “¿y si no puedo con ello?”. No hiciste ese viaje porque “¿y si me da ansiedad lejos de casa?”. No empezaste esa relación porque “¿y si me hago daño?”.
Tus decisiones ya no se basan en lo que quieres, sino en evitar la ansiedad. Has renunciado a cosas importantes (proyectos, oportunidades, relaciones) por miedo. Y cuando piensas en el futuro, ves más limitaciones que posibilidades.
Sientes que eres tu ansiedad. No solo que la tienes. Que eres eso.
Te preguntas si siempre vas a vivir así.
Por qué esto importa:
Esta es quizá la señal más importante de todas. Porque no se trata solo de malestar. Se trata de que la ansiedad te está robando tu vida. Tu capacidad de elegir. Tu futuro.
Y quiero que sepas algo: no tienes que vivir así. La ansiedad puede tratarse. No es algo con lo que tengas que resignarte a convivir para siempre.
He visto a personas que llegaron a consulta sintiéndose exactamente así: atrapadas, limitadas, sin salida. Y después de trabajar la ansiedad, recuperaron no solo la calma, sino su capacidad de decidir. Su libertad.
No es fácil. No es rápido. Pero es posible. Y mereces recuperar el control de tu vida.
¿QUÉ HACER SI IDENTIFICAS VARIAS SEÑALES?
No se trata de contar puntos, se trata de escucharte
Esto no es un examen. No hay aprobado o suspendido. Pero si al leer esta lista has pensado “mierda, esto soy yo”, presta atención a lo que te está diciendo tu cuerpo y tu mente.
Si reconoces 1-2 señales:
Puede que sea temporal. Puede que estés pasando por una etapa de estrés y esto pase cuando la situación se resuelva.
Pero quédate atento/a. Observa cómo evoluciona en las próximas semanas. Cuídate: duerme lo que puedas, mueve el cuerpo, habla con alguien de confianza.
Si en 2-4 semanas no mejora o empeora, no esperes más.
Si reconoces 3-5 señales:
Te recomiendo seriamente que busques ayuda profesional. No porque estés “muy mal”, sino porque la ansiedad ya está limitándote la vida de forma significativa. Y cuanto más esperes, más difícil se hace.
Busca un psicólogo especializado en ansiedad. Alguien que entienda lo que te pasa y sepa cómo trabajarlo.
Mientras tanto: evita automedicarte, explica a personas cercanas cómo te sientes (no tienes que hacerlo solo/a), y sé amable contigo mismo/a. Esto no es tu culpa.
Si reconoces 6 o más señales:
Por favor, busca ayuda lo antes posible.
Si tienes pensamientos de hacerte daño, o la ansiedad es tan intensa que no puedes funcionar, habla con tu médico de cabecera o acude a urgencias.
Si no estás en ese punto pero la ansiedad te está limitando mucho, considera terapia online si necesitas flexibilidad o no encuentras especialistas cerca de ti.
No esperes a “estar peor” para pedir ayuda. Ya has esperado suficiente.
CÓMO DAR EL PRIMER PASO PARA COMBATIR LA ANSIEDAD
Lo más difícil es decidir que necesitas ayuda
Sé que pedir ayuda da miedo. Sobre todo cuando la ansiedad ya te hace dudar de todo.
“¿Y si exagero?” “¿Y si no es para tanto?” “¿Y si el psicólogo piensa que soy un caso perdido?”
Ninguna de esas cosas va a pasar.
Los psicólogos especializados en ansiedad hemos visto cientos de casos. Sabemos que la ansiedad es real, que duele, que limita. No vamos a juzgarte. No vas a ser “demasiado” ni “muy poco”. Vas a ser alguien que necesita ayuda, y eso es suficiente razón para recibirla.
Qué esperar (de verdad)
En la primera sesión:
No tienes que contarlo todo perfectamente ordenado. Simplemente cuéntanos qué te pasa. Cómo te sientes. Desde cuándo. Qué has intentado.
Te vamos a escuchar sin juzgar. Te vamos a preguntar cosas para entender mejor tu ansiedad (no todos los tipos de ansiedad se trabajan igual).
Y te vamos a explicar cómo podemos ayudarte. No con promesas mágicas de “cura rápida”, sino con un plan real.
Muchos centros (como el nuestro) ofrecemos una primera sesión gratuita precisamente para esto: para que nos conozcas, para que sientas si hay conexión, para que decidas sin presión si quieres empezar.
Durante el proceso:
Te vamos a enseñar herramientas para cuando la ansiedad aparece. Formas de regular tu cuerpo, tu respiración, tus pensamientos. Esto te da alivio rápido, que es importante cuando estás sufriendo.
Pero también vamos a trabajar de dónde viene tu ansiedad. Porque si solo tratamos el síntoma, la ansiedad vuelve. Necesitamos ir a la raíz.
Usamos terapias con evidencia científica (TCC, EMDR, ACT, según lo que necesites) pero no aplicamos protocolos rígidos. Cada persona es diferente.
Y te acompañamos. Todo el camino. Los días buenos y los días de mierda. Sin juzgar.
Los resultados:
La mayoría de personas nota mejoría significativa en 2-3 meses de trabajo constante. No es “curación mágica instantánea”. Es trabajo. Pero es trabajo que da resultados.
Aprendes no solo a gestionar la ansiedad cuando aparece, sino a relacionarte con ella de otra forma. A recuperar espacios que habías perdido. A volver a tomar decisiones desde lo que quieres, no desde el miedo.
Y sí, a veces la ansiedad volverá a aparecer (porque eres humano). Pero ya no te controlará.
Las preguntas sobre la terapia para la ansiedad que probablemente te estás haciendo
No hay un tiempo “correcto”. Pero si la ansiedad está interfiriendo con tu vida (trabajo, sueño, relaciones, cosas que antes hacías) durante más de unas pocas semanas, ya es motivo suficiente para consultar.
No necesitas esperar a “estar muy mal” para pedir ayuda. De hecho, cuanto antes busques ayuda, más rápida y fácil es la recuperación. Es como una herida: si la atiendes pronto, sana mejor.
La ansiedad como emoción nunca va a desaparecer (es parte de ser humano y a veces es útil). Pero los trastornos de ansiedad sí se pueden superar.
El objetivo no es “no sentir nunca más ansiedad”. Eso no es realista ni deseable. El objetivo es que la ansiedad vuelva a ser manejable. Que deje de limitarte la vida. Que tú tomes las decisiones, no ella.
Con tratamiento adecuado, muchas personas recuperan totalmente su calidad de vida. No es que la ansiedad desaparezca para siempre, es que ya no tiene el control.
Depende del caso, y es algo que valoramos juntos.
Para ansiedad leve-moderada, la terapia psicológica (especialmente TCC) es tan efectiva como la medicación, pero sin efectos secundarios ni dependencia. Es la primera opción.
Para ansiedad severa o que te incapacita completamente, a veces se combina terapia con medicación temporalmente, para que puedas empezar a trabajar en terapia. La medicación te da un “respiro” para poder hacer el trabajo terapéutico.
Pero siempre la decisión es tuya, informada. Tu psicólogo o médico te orientará, pero nunca te forzará.
Completamente normal. Vivimos en una cultura que valora “ser fuerte” y “poder con todo”. Pedir ayuda se vive como fracaso.
Pero la realidad es otra: pedir ayuda cuando la necesitas es precisamente ser fuerte. Reconocer tus límites es madurez, no debilidad.
Y te digo otra cosa: los psicólogos no juzgamos. Hemos visto miles de casos de ansiedad. No eres raro/a, ni débil, ni exagerado/a. Eres humano. Y la ansiedad es muy común (más de lo que crees).
La vergüenza se pasa. El sufrimiento innecesario, no tiene por qué continuar.
Varía según el profesional y la zona. En nuestro caso, las sesiones van desde 66€ (1 hora) hasta 98€ (1h 30min). Ofrecemos bonos que permiten ahorrar si te comprometes con un proceso (242€ por 4 sesiones de 1h, o 363€ por 4 sesiones de 1h 30min).
La primera sesión de acogida es completamente gratuita. Sin compromiso.
Sé que es una inversión. Pero la mayoría de personas que han hecho terapia me dicen que es una de las mejores inversiones que han hecho en su vida. Porque recuperar tu calidad de vida no tiene precio.
Sí. La terapia online es igual de efectiva que la presencial para la ansiedad, según múltiples estudios.
De hecho, para algunas personas con ansiedad social o agorafobia, la terapia online facilita el inicio del tratamiento porque elimina barreras (desplazamiento, sala de espera, etc.).
Lo que marca la diferencia no es el formato (online o presencial). Es la conexión con tu terapeuta, el enfoque que se usa, y tu compromiso con el proceso.
Con terapia online puedes trabajar desde la comodidad de tu casa, con flexibilidad horaria, y acceder a especialistas aunque no vivan en tu ciudad.
No mereces vivir así
Si has llegado hasta aquí y has reconocido varias señales en ti, probablemente una parte de ti ya sabía que necesitabas ayuda. Otra parte seguía dudando, minimizando, posponiendo.
Quiero que entiendas algo: la ansiedad no es tu culpa. No eres débil. No estás exagerando. Y definitivamente no es algo con lo que tengas que resignarte a vivir para siempre.
La ansiedad puede tratarse. Puede mejorar. Puedes recuperar tu vida.
He visto a personas llegar a consulta después de años sintiéndose atrapadas, limitadas, sin salida. Personas que pensaban “siempre voy a vivir así”. Y después de trabajar juntos, recuperaron no solo la calma. Recuperaron su capacidad de decidir. Su libertad. Su vida.
No te digo que sea fácil. No te digo que sea rápido. Pero sí te digo que es posible.
Y mereces intentarlo.
No esperes a estar “peor”. No esperes a “no poder más”. Cuanto antes pidas ayuda, más fácil es el camino de vuelta.
Tu vida está esperándote del otro lado de la ansiedad.
Hablemos
Si has reconocido varias señales, si algo de lo que has leído te ha resonado, si una parte de ti sabe que necesitas ayuda… hablemos.
Te ofrecemos una sesión de acogida completamente gratuita. 20-30 minutos donde:
✓ Nos cuentas qué te pasa, sin tener que ordenarlo perfectamente
✓ Valoramos juntos tu ansiedad, sin juzgar
✓ Te explicamos cómo podemos ayudarte específicamente
✓ Respondes todas tus dudas
✓ Decides si quieres empezar, sin presión ninguna
Es gratis. Es sin compromiso. Es solo una conversación para ver si tiene sentido que trabajemos juntos.
El primer paso no te lleva directo a la meta, pero te saca de donde estás. Y ese paso lo das cuando pides ayuda.
Si quieres entender mejor cómo trabajamos la ansiedad, puedes leer más aquí.
SOBRE NOSOTROS
Escrito por el equipo de Eirene García Psicología
Llevamos años acompañando a personas con ansiedad. Hemos visto todo tipo de ansiedad: desde la que apenas te deja salir de casa hasta la que solo aparece en situaciones específicas. Y sabemos que cada caso es diferente.
Trabajamos con enfoque contextual (TCC, EMDR, ACT, terapia sistémica) porque creemos que la ansiedad necesita más que técnicas de relajación. Necesita ir a la raíz. Entender de dónde viene. Y trabajarlo de verdad.
Si quieres conocer más sobre cómo trabajamos y quiénes somos, puedes leer sobre nosotros aquí.
