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La escritura terapéutica en el duelo perinatal

Tabla de contenidos

Por Eirene García, psicóloga sanitaria (colegiada AO-09582), especializada en duelo perinatal y acompañamiento a la maternidad. Autora de Cuando nada es seguro, todo es posible (Bruguera, 2026).

Escribir para entender lo que siento

Desde que era niña he escrito. Recuerdo los primeros libros de poesía que mi padre me regaló y que leí de Federico García Lorca, Gerardo Diego y Gloria Fuertes. A partir de ahí escribía poemas a mis padres, “plagiaba” los poemas haciéndolos míos y encontré en la escritura un medio para expresarme. A eso le siguieron los diarios… luego los post de mi cuenta de Instagram para acercar la psicología a la gente y, por último, mi libro Cuando nada es seguro, todo es posible.

Mi libro está escrito para ayudar a personas que están atravesando cambios en sus vidas, y escribirlo fue también terapéutico para mí. En él figuran algunas experiencias que cambiaron mi vida y la de otras personas, pero sin duda la que más ha cambiado mi vida, con diferencia, fue la muerte de mi hija Inés en la semana 38+5 de embarazo.

Inés: morir un día y nacer al siguiente

Inés murió el 15 de octubre de 2018 y nació al día siguiente. Es paradójico morir un día y nacer al siguiente. Y, con tristeza, debo añadir que es una realidad que viven muchas mujeres durante su embarazo, sobre todo en el primer trimestre, y que provoca un duelo que socialmente no está reconocido ni autorizado.

No es casualidad que el 15 de octubre sea también el Día Internacional de la Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal. Un día para nombrar a quienes muchas veces no se nombra.

Un duelo que no se ve (y que existe)

En psicología hablamos de duelo no reconocido o duelo desautorizado para referirnos a esas pérdidas que el entorno no legitima. El término lo acuñó Kenneth Doka a finales de los años 80, y el duelo perinatal es uno de sus ejemplos más claros.

Las pérdidas gestacionales son frecuentes, especialmente durante el primer trimestre. Y sin embargo, muchas madres y padres se encuentran con frases como «ya tendrás otro», «al menos fue pronto» o, directamente, con el silencio. Como si no hubiera habido un embarazo ni criatura. Como si no hubiera habido una madre.

Cuando el dolor no tiene permiso para existir, no desaparece: se queda dentro, desordenado, sin lugar. Por eso es tan importante darle espacio. Porque hablarlo, escribirlo y darle lugar puede ayudar a darle un lugar y a integrarlo en nuestra historia.

Lo que dice la ciencia: el poder del boli (o del teclado)

Aunque escribí mucho cuando Inés murió, hacerlo mientras trabajaba en el libro Cuando nada es seguro, todo es posible ha resultado terapéutico de una forma distinta. La ciencia también se ha interesado por la escritura expresiva, aunque sus efectos no son iguales para todas las personas.

En los años 80, el psicólogo James W. Pennebaker pidió a un grupo de estudiantes que escribieran durante unos 15 minutos, cuatro días seguidos, sobre la experiencia más dolorosa de su vida, contando no solo lo que pasó sino lo que sintieron y pensaron. Otro grupo escribía sobre temas neutros. En los meses siguientes, quienes habían escrito sobre los hechos y las emociones asociados a aquella experiencia registraron menos visitas al centro de salud. Era, eso sí, un estudio inicial con estudiantes universitarios. Es lo que hoy conocemos como escritura expresiva.

Desde entonces, la escritura expresiva se ha investigado con poblaciones y contextos muy distintos. Un metaanálisis de Frattaroli (2006) encontró beneficios medios pequeños, que no son iguales para todas las personas. Y, en el terreno concreto que nos ocupa, el equipo de Anette Kersting (2013) estudió una intervención psicológica online estructurada que incluía ejercicios de escritura junto con otras herramientas terapéuticas. Se observaron mejoras en determinados síntomas relacionados con el duelo y el estrés postraumático, pero no podemos atribuir esos resultados exclusivamente a escribir.

¿Por qué puede ayudar? Porque, a veces, escribir sobre lo que nos ha dolido permite poner palabras, orden y secuencia a algo que por dentro se vive como un caos. Subestimamos el poder del boli, o del teclado en su defecto. Al menos para mí, escribir sobre lo vivido ha sido una forma de que mi cabeza y mi alma se vayan entendiendo.

Un apunte honesto: puede ocurrir que justo después de escribir te sientas más removida. No significa que lo estés haciendo mal. Si la escritura te ayuda, puede que lo notes con el tiempo y no necesariamente en ese momento.

Cómo la uso en terapia de duelo perinatal

En las sesiones de terapia de duelo perinatal, una de las propuestas que suelo hacer es escribir la historia de su maternidad con ese hijo o hija. Y, si tiene sentido para esa persona, también podemos explorar la posibilidad de ponerle un nombre. Para reconocer el amor y el dolor. Para poder atravesarlo y transformarlo.

Para muchas madres y padres, un hijo o una hija deja una huella profunda, independientemente de la semana de gestación en la que se produce la pérdida. En mi caso, esa huella tiene dos caras de una misma moneda: amor y dolor. Y tanto una como la otra merecen espacio y reconocimiento.

No se trata de escribir bonito. Se trata de escribir tu verdad.

Una propuesta para empezar

Si estás atravesando una pérdida y quieres probar, aquí tienes algunas pautas sencillas:

  • Busca un momento y un lugar tranquilos. Puedes empezar con unos minutos; si te apetece, dedica entre 15 y 20.
  • Escribe sin corregir. Ni faltas, ni estilo, ni orden. Nadie va a leerlo si tú no quieres.
  • Cuenta la historia desde el principio: cuándo supiste que estabas embarazada, qué imaginaste, cómo le llamabas, qué pasó, qué sentiste. Y qué sientes ahora.
  • Si no sabes por dónde empezar, prueba con frases como: «Querida/o…», «Lo que nadie sabe es que…», «Lo que más echo de menos de lo que iba a ser es…».
  • Si te desborda, para. Escribir no es aguantar. Puedes retomarlo otro día.
  • Guárdalo, quémalo, compártelo o léelo en terapia. Lo que hagas con el texto también es tuyo.

Cuándo pedir acompañamiento profesional

La escritura puede ser una herramienta valiosa, pero no tiene por qué sustituir el acompañamiento profesional cuando lo necesitas. No tienes que esperar meses para pedir ayuda. Si el dolor interfiere de forma importante en tu día a día, si te aíslas, si aparecen imágenes intrusivas del parto o de la pérdida, o si sientes que necesitas un espacio donde hablar de lo que has vivido, puedes buscar acompañamiento. Pedirlo no significa que estés viviendo tu duelo de forma incorrecta. Y el sostén se puede construir.

Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de no querer seguir viviendo, es importante buscar ayuda inmediata. En España puedes llamar al 024; si existe peligro inminente, al 112.

Preguntas frecuentes

¿Sirve escribir si la pérdida fue en el primer trimestre? Sí. El vínculo no se mide en semanas. Tu duelo es legítimo y merece espacio, igual que el de cualquier otra pérdida.

¿Y si han pasado años? Nunca es tarde. Muchas personas escriben por primera vez sobre su pérdida años después, cuando por fin encuentran un momento y lugar seguro para hacerlo.

¿Tengo que ponerle nombre a mi bebé? No. No es obligatorio. Para algunas familias, ponerle un nombre ayuda a reconocer que existió y a darle un lugar a ese vínculo. Otras no lo necesitan o no lo desean, y eso también merece respeto. En consulta es una posibilidad que exploramos solo si tiene sentido para la persona.

¿Pueden escribir también los padres o las parejas o la familia extensa? Por supuesto. El duelo perinatal también lo viven ellos y ellas, y muchas veces de forma aún más silenciada y desautorizada.

¿Qué hago si al escribir me siento peor? Es posible sentirse removida después de escribir. Si el malestar es muy intenso o no remite, para y pide ayuda con un profesional especializado en duelo perinatal.

Referencias

Pennebaker, J. W., y Smyth, J. M. (2016). Opening up by writing it down (3.ª ed.). Guilford Press.

Doka, K. J. (Ed.) (1989). Disenfranchised grief: Recognizing hidden sorrow. Lexington Books.

Frattaroli, J. (2006). Experimental disclosure and its moderators: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 132(6), 823–865.

Kersting, A., et al. (2013). Brief internet-based intervention reduces posttraumatic stress and prolonged grief in parents after the loss of a child during pregnancy: A randomized controlled trial. Psychotherapy and Psychosomatics, 82(6), 372–381.

Pennebaker, J. W., y Beall, S. K. (1986). Confronting a traumatic event: Toward an understanding of inhibition and disease. Journal of Abnormal Psychology, 95(3), 274–281.

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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