Hay una escena bastante actual: tienes una noche libre, varias plataformas de series, comida a domicilio y un móvil capaz de ofrecerte entretenimiento hasta que se apague el sol.
Abres una aplicación. Nada te convence. Pasas a otra. Ves medio vídeo, adelantas, cambias, miras un mensaje y vuelves al principio. Dos horas después… no puedes decir que te hayas aburrido del todo, pero tampoco que lo hayas pasado bien.
Has estado entretenida. No necesariamente has disfrutado.
Un ensayo reciente de The Guardian llamó a esta contradicción “decadencia sin placer”: vivimos rodeados de estímulos y, aun así, muchas experiencias nos dejan una sensación bastante plana (Mendelssohn & Tyson, 2026). La expresión es cultural, no un diagnóstico. Pero la pregunta que plantea sí merece la pena: ¿por qué seguimos buscando algo cuando lo que encontramos apenas nos satisface?
Que lo quieras no significa que te guste
Solemos hablar del placer como si fuera una sola cosa. Ves algo que deseas, vas a por ello y lo disfrutas. Fin.
El sistema de recompensa es algo menos ordenado. La investigación diferencia entre el wanting, como la motivación que nos empuja a buscar una recompensa y el liking, como el placer que sentimos al recibirla. A eso se añade el aprendizaje: recordar qué señales anuncian algo valioso y volver a perseguirlo después (Kringelbach & Berridge, 2017; Nguyen et al., 2021).
Normalmente estos procesos van juntos. Quieres una cena que te encanta, la comes y la disfrutas. Pero también pueden separarse. Puedes sentir el impulso de mirar el móvil sin que lo que encuentres te interese demasiado. Puedes querer otro vídeo, otra compra o una nueva notificación y descubrir, cuando llega, que era bastante más emocionante esperarla que tenerla.
Por eso “me apetece seguir” y “lo estoy disfrutando” no siempre significan lo mismo.
El siguiente quizá sí
Las plataformas digitales funcionan especialmente bien en ese espacio. Si un contenido no te atrapa de inmediato, siempre hay otro esperando a un movimiento del pulgar.
Tam e Inzlicht (2024) estudiaron este comportamiento en siete experimentos con más de 1.200 participantes. Las personas cambiaban de vídeo o adelantaban para escapar del aburrimiento y creían que así se sentirían más entretenidas. Sin embargo, al saltar entre contenidos terminaron, en varias de las pruebas, más aburridas, menos satisfechas y menos implicadas que cuando veían un vídeo con continuidad.
La paradoja tiene bastante sentido. Cada cambio promete una oportunidad nueva, pero también impide que la experiencia anterior llegue a desarrollarse. No da tiempo a entrar en la historia, conectar con una idea o atravesar esos primeros minutos en los que todavía no sabemos si algo nos va a gustar.
El disfrute no siempre aparece en los primeros tres segundos. A veces necesita que te quedes un poco.
Cuando algo bueno se va quedando en “meh”
También existe otro proceso bastante normal: la respuesta placentera suele disminuir cuando repetimos una experiencia. La primera canción puede emocionarte, el primer trozo de tarta sabe increíble y el capítulo número seis quizá ya lo ves porque está puesto.
Galak y Redden (2018) llaman a esto declive hedónico. Puede intervenir la saciedad, la habituación, la pérdida de novedad y la manera en que pensamos sobre la experiencia. No significa que nos hayamos “estropeado” por recibir demasiados estímulos ni que necesitemos un supuesto détox de dopamina. Significa que nuestro sistema responde a los cambios, y que la repetición suele restar intensidad a aquello que antes destacaba.
El problema aparece cuando, en lugar de dejar que una experiencia termine, intentamos recuperar su efecto acumulando más de lo mismo. Otro episodio. Otro video. Otra compra… Otra opción que quizá sí produzca lo que la anterior no consiguió.
Y así podemos pasar mucho tiempo buscando placer sin detenernos demasiado a sentirlo.
No todo «nada me hace ilusión» es anhedonia
Hay días en los que estás cansada, saturada o sencillamente no encuentras nada que te apetezca. En esos momentos puede aparecer una pregunta bastante inquietante: “¿Por qué ya no disfruto de nada?”. Pero sentirlo durante una tarde o unos días no basta para hablar de anhedonia.
La anhedonia es una pérdida significativa del interés o del placer y puede formar parte de la depresión y de otros problemas psicológicos. Además, no tiene una única forma: puede afectar a la capacidad de anticipar que algo será agradable, a la motivación para buscarlo, al disfrute durante la experiencia o a la toma de decisiones relacionada con las recompensas (Su & Si, 2022).
En la depresión, la dificultad para imaginar placer futuro puede ser especialmente importante. Un metaanálisis encontró un déficit notable en el placer anticipatorio, aunque los propios autores señalaron que había pocos estudios específicos sobre depresión y heterogeneidad entre ellos (Hallford & Sharma, 2019).
La diferencia importa. Una tarde de aburrimiento no es un trastorno. Pero si durante semanas aquello que antes te interesaba deja de producir cualquier respuesta, no consigues anticipar nada agradable o cada plan parece vacío antes incluso de empezar, conviene prestarle atención.
El placer necesita que estés ahí
No hace falta renunciar al móvil, vivir sin plataformas ni convertir cada cena en una experiencia trascendental. Tampoco se trata de obligarte a disfrutar. Pocas cosas apagan más una experiencia que vigilarla pensando: “¿Ya me lo estoy pasando bien?”.
Quizá sí podamos observar una diferencia sencilla: cuándo elegimos algo porque realmente queremos permanecer en ello y cuándo seguimos cambiando porque esperamos que el siguiente estímulo nos saque, por fin, de la sensación de vacío.
Disfrutar requiere algo que la estimulación constante no siempre permite: atención suficiente para que la experiencia llegue a tocarnos.
Si últimamente todo consigue distraerte pero nada te interesa de verdad, quizá no necesites encontrar una serie mejor, un plan más intenso o una nueva forma de mantenerte ocupada. Cuando la pérdida de ilusión se mantiene y empieza a afectar a tu vida, pedir ayuda puede servir para entender qué está ocurriendo y recuperar poco a poco el contacto con aquello que te importa.
Porque estar entretenida evita el silencio durante un rato.
Sentir placer es otra cosa.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica individual. No dudes en reservar tu sesión de acogida gratuita si quieres que evaluemos tu caso y veamos cómo podemos ayudarte.
Bibliografía
Galak, J., & Redden, J. P. (2018). The properties and antecedents of hedonic decline. Annual Review of Psychology, 69, 1–25. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-122216-011542
Hallford, D. J., & Sharma, M. K. (2019). Anticipatory pleasure for future experiences in schizophrenia spectrum disorders and major depression: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Clinical Psychology, 58(4), 357–383. https://doi.org/10.1111/bjc.12218
Kringelbach, M. L., & Berridge, K. C. (2017). The affective core of emotion: Linking pleasure, subjective well-being, and optimal metastability in the brain. Emotion Review, 9(3), 191–199. https://doi.org/10.1177/1754073916684558
Mendelssohn, M., & Tyson, C. (2026, 26 de julio). Why does everything feel so joyless? Welcome to the age of decadence without pleasure. The Guardian. https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2026/jul/26/age-of-decadence-pleasure-ai
Nguyen, D., Naffziger, E. E., & Berridge, K. C. (2021). Positive affect: Nature and brain bases of liking and wanting. Current Opinion in Behavioral Sciences, 39, 72–78. https://doi.org/10.1016/j.cobeha.2021.02.013
Su, Y.-A., & Si, T. (2022). Progress and challenges in research of the mechanisms of anhedonia in major depressive disorder. General Psychiatry, 35, e100724. https://doi.org/10.1136/gpsych-2021-100724
Tam, K. Y. Y., & Inzlicht, M. (2024). Fast-forward to boredom: How switching behavior on digital media makes people more bored. Journal of Experimental Psychology: General, 153(10), 2409–2426. https://doi.org/10.1037/xge0001639
