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La insoportable angustia de poder elegir

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«Cuando esté completamente segura». Hay decisiones que terminan viviendo durante meses dentro de esa frase. Cambiar de trabajo. Empezar un proyecto. Decir lo que llevas tiempo callando. Marcharte, quedarte, volver a estudiar. Hay algo que deseas, algo que temes y una pregunta que vuelve una y otra vez: «¿Y si me equivoco?». 

Entonces haces lo razonable: buscas información, comparas opciones, hablas con personas de confianza. Pero llega un momento en que una respuesta no cierra la duda, sino que abre otra. Pides una opinión más. Imaginas escenarios que todavía no existen. Aplazas la decisión hasta mañana. Mañana vuelves a empezar.

No toda espera nace de la ansiedad. A veces faltan datos, dinero, apoyos o condiciones de seguridad. Pero en otras ocasiones lo que buscamos ya no es información: es la tranquilidad de saber que nada saldrá mal. Y esa garantía, por mucho que pensemos, quizá no existe.

Dos escritores muy distintos, Milan Kundera y Franz Kafka, nos prestan imágenes para mirar esa dificultad. No porque describieran un trastorno psicológico, sino porque la literatura a veces pone una escena donde solo veíamos una sensación.

Kundera: una vida sin posibilidad de ensayo

En La insoportable levedad del ser, Milan Kundera reflexiona sobre una paradoja: vivimos una sola vez. No tenemos un ensayo general de nuestra existencia. No podemos escoger una vida, llegar hasta el final, regresar al principio y comprobar cómo habría sido la otra.

La novela plantea una tensión entre el peso y la levedad. La libertad abre posibilidades, pero también nos deja frente a la irreversibilidad de ciertas elecciones. Comprometerse da peso a la vida; desprenderse de todo peso puede parecer liberador y, a la vez, vaciarla de sentido. Kundera no resuelve la contradicción. La deja vibrando.

Piensa en alguien que duda si aceptar un trabajo en otra ciudad. Puede calcular el sueldo, conocer las condiciones, hablar con su familia y pensar en lo que valora. Lo que no puede hacer es vivir cinco años allí y otros cinco quedándose, para después comparar ambas versiones desde un lugar neutral.

Muchas decisiones importantes son así. No solo elegimos lo que conocemos: también renunciamos a comprobar cómo habría sido el camino que dejamos. Y cuando nos exigimos acertar de antemano, el pensamiento se enfrenta a una tarea imposible.

Kafka: esperar delante de una puerta

En Ante la ley, Kafka cuenta la historia de un hombre que desea acceder a la Ley. Hay una puerta y un guardián. Cuando pregunta si puede entrar, el guardián le dice que de momento no. El hombre espera. Prueba a conseguir el permiso, permanece allí durante años y la respuesta no llega.

Conviene no olvidar algo esencial: el guardián está realmente ahí. El relato habla también de poder, autoridad y normas inaccesibles. No sería justo convertir al personaje en alguien que simplemente «no se atrevió». Tiene delante un obstáculo externo que no controla.

Y aun así, la escena admite otra lectura, como metáfora y no como explicación definitiva del cuento: ¿cuántas veces esperamos una autorización que no sabemos quién puede darnos? El visto bueno de una familia, la aprobación de una pareja, una señal inequívoca de que elegimos bien. A veces la puerta está custodiada por otra persona. Otras, somos nosotros quienes hemos convertido la ausencia de certeza en una condición para avanzar.

¿Más cerca de Kafka o de Kundera? Dos preguntas, no dos tipos de persona

Tal vez haya momentos más «kunderianos», por decirlo de manera informal, en los que pesa tener que elegir una sola posibilidad entre varias vidas imaginadas. «¿Y si el otro camino hubiera sido mejor?», «¿cómo sabré que no me arrepentiré?». No buscamos permiso: buscamos una comparación imposible.

Y quizá haya momentos más «kafkianos» en los que el paso queda suspendido a la espera de una respuesta externa. «Cuando mi familia lo entienda», «cuando alguien me diga que ya estoy preparada», «cuando reciba una señal clara». No se trata necesariamente de falta de carácter: puede haber vínculos, necesidades de protección o experiencias previas que expliquen esa espera.

No existe, por supuesto, una categoría psicológica de «personas Kafka» y «personas Kundera». Podemos reconocernos en las dos situaciones, incluso dentro de la misma decisión. Las imágenes no sirven para clasificarnos, sino para hacernos una pregunta distinta: ¿qué estoy intentando conseguir cuando aplazo esto: información, permiso, seguridad, tiempo o alivio?

Cuando la búsqueda de certeza alimenta la ansiedad

En psicología se habla de intolerancia a la incertidumbre para describir la dificultad de convivir con situaciones cuyos resultados no podemos conocer o controlar por completo. No es un diagnóstico, y dudar no significa tener un trastorno de ansiedad. Pero cuando la incertidumbre despierta mucha preocupación, ciertas estrategias para sentirnos seguros pueden acabar manteniendo el problema (Wilson et al., 2023).

Un estudio de 2024 observó decisiones cotidianas de 247 participantes mediante registros repetidos a lo largo del día. Encontró que una mayor intolerancia a la incertidumbre se relacionaba con más indecisión y más conductas de búsqueda de seguridad. Además, algunas de esas conductas se asociaban con indecisión posterior. Son resultados observacionales: ayudan a comprender relaciones posibles, no a diagnosticar a quien lee ni a afirmar que la ansiedad sea siempre la causa (Appel et al., 2024).

Imagina que quieres presentar una candidatura. Compruebas los requisitos, revisas tu currículum y pides consejo a alguien que conoce el sector. Eso puede ser una preparación útil. Pero después vuelves a mirar los mismos requisitos, cambias una frase por quinta vez y buscas otra opinión. La candidatura está lista; lo que todavía no ha llegado es la certeza de que te elegirán.

Aplazar el envío puede darte un respiro inmediato: hoy no tendrás que enfrentarte a un posible rechazo. Sin embargo, si cada duda se alivia evitando decidir, es posible que la próxima vez necesites aún más garantías. No porque tu mente quiera perjudicarte, sino porque una estrategia que protege a corto plazo puede tener un coste a largo plazo.

No todas las puertas están en nuestra cabeza

Hay una razón por la que me parece importante conservar al guardián de Kafka dentro del artículo: no todo lo que nos impide elegir es ansiedad. A veces una persona retrasa una separación porque necesita seguridad material o un plan de protección. A veces no acepta un trabajo porque debe cuidar a alguien. Otras, tiene razones objetivas para desconfiar o necesita información que aún no ha conseguido.

También importa la historia. Si equivocarse implicó castigo, crítica o consecuencias desproporcionadas, puede que decidir sin garantías resulte especialmente difícil. Si durante años otros tomaron las decisiones por ti, o si pedir apoyo no fue una opción real, tu relación con el riesgo será distinta de la de alguien que ha contado con recursos y sostén.

Por eso los mensajes del tipo «sal de tu zona de confort» suelen quedarse cortos. Antes de hablar de valentía conviene entender qué está en juego. La ansiedad puede añadir una capa de miedo a una decisión complicada, pero no borra las dificultades externas ni convierte la prudencia en un fallo personal.

Elegir también significa dejar algo sin elegir

A veces querríamos que una decisión buena no trajera ninguna pérdida. Que cambiar de ciudad no implicara echar de menos a nadie. Que terminar una relación no doliera. Que aceptar un proyecto no supusiera renunciar a otras posibilidades. Pero una decisión valiosa puede venir acompañada de tristeza, inquietud o duda.

Es fácil confundir esas emociones con señales de que estamos haciendo algo mal. Y no siempre lo son. El miedo puede señalar un riesgo que merece atención, pero también puede aparecer simplemente porque algo importante para nosotros está en juego. La incomodidad no decide por sí sola qué opción es la adecuada.

Tampoco todas las elecciones son definitivas. Algunas permiten corregir, negociar, revisar. En otras hay consecuencias que no podrán deshacerse. Reconocer esa diferencia es más útil que tratar cada pequeño paso como una sentencia o cada gran cambio como si no tuviera coste.

Decidir con información suficiente, no con garantías imposibles

No se trata de dejar de pensar, decidir deprisa ni convertir el riesgo en una virtud. Quizá se trate de reconocer cuándo pensar todavía nos ayuda y cuándo solo estamos dando vueltas para aliviar una emoción.

Desde la perspectiva de la flexibilidad psicológica, podemos aprender a reconocer pensamientos y sentimientos difíciles y, cuando sea adecuado, orientar nuestras acciones hacia lo que consideramos importante. Los estudios sobre terapia de aceptación y compromiso (ACT) han encontrado asociaciones entre cambios en procesos de flexibilidad y mejoras del malestar psicológico; eso no equivale a una receta para todas las personas ni demuestra que exista una decisión «correcta» al margen de su contexto (Macri & Rogge, 2024).

Volvamos a la candidatura. Quizá decidas enviarla sabiendo que pueden decirte que no. O quizá descubras que ahora no te conviene, por razones concretas. En ambos casos podrías estar eligiendo con criterio. Lo que merece atención es si la decisión está guiada principalmente por tus necesidades y circunstancias o por el deseo de que desaparezca por completo la posibilidad de equivocarte.

Antes de volver a posponerlo, tres preguntas

No son un test, ni sirven para decidir por ti. Pueden ayudarte a observar qué función está cumpliendo la espera.

¿Qué información me falta de verdad? ¿Hay un dato que pueda obtener, o estoy intentando conocer un futuro que nadie puede garantizar?

¿Qué perdería si decido ahora y qué estoy dejando de vivir si sigo esperando? Conviene mirar ambos costes, sin presuponer que actuar es siempre mejor que esperar.

¿De quién estoy esperando permiso? Tal vez necesites un acuerdo real con otras personas. Tal vez una conversación pendiente. O quizá estés buscando que alguien te asegure que nunca te arrepentirás.

A veces basta con darse cuenta de la diferencia. Otras veces no. Si la indecisión lleva mucho tiempo interfiriendo en tu vida, merece una exploración más amplia, no una consigna de autoayuda.

Cuando la ansiedad termina decidiendo por ti

Si el miedo a equivocarte ocupa una parte importante de tus días, altera el sueño, afecta a tus relaciones o te lleva a evitar decisiones que importan para ti, puede ser útil pedir una valoración profesional. La evaluación necesita considerar tu historia, tus circunstancias, la intensidad del malestar y su interferencia, no solo una lista de síntomas (NICE, 2020).

Si quieres saber cómo abordamos estas dificultades, puedes conocer nuestra página de terapia online para la ansiedad. Pedir orientación no significa que tengas que tomar una decisión concreta ni que dudar sea, por sí mismo, un problema clínico.

Kundera nos enfrenta a la imposibilidad de ensayar todas nuestras vidas. Kafka nos deja ante una puerta cuyo acceso depende de una respuesta que nunca llega. Entre ambos aparece una pregunta incómoda: ¿cuánta certeza necesitamos para decidir y cuánta estamos pidiendo para no tener que sentir miedo?

No se trata de abrir todas las puertas. Algunas no son seguras, otras no son nuestras, otras requieren tiempo. Pero quizá exista alguna ante la que seguimos esperando no porque falte un camino, sino porque nos cuesta aceptar que elegir también significa no saberlo todo.

Fuentes y lecturas complementarias

Wattles, J. (2006, 12 de diciembre). Happiness filled the space of sadness: The weight, tragedy and paradox of Milan Kundera’s freedom. FORUM: University of Edinburgh Postgraduate Journal of Culture & The Arts, (3). https://doi.org/10.2218/forum.03.574

Kafka, F. (1915). Ante la ley. https://pressbooks.bccampus.ca/perspectives/chapter/before-the-law/

Wilson, E. J., Abbott, M. J., & Norton, A. R. (2023). The impact of psychological treatment on intolerance of uncertainty in generalized anxiety disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Anxiety Disorders, 97, Article 102729. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2023.102729

Appel, H., Krasko, J., Luhmann, M., & Gerlach, A. L. (2024). Intolerance of uncertainty predicts indecisiveness and safety behavior in real-life decision making. Journal of Research in Personality, 110, Article 104490. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2024.104490

Macri, J. A., & Rogge, R. D. (2024). Examining domains of psychological flexibility and inflexibility as treatment mechanisms in acceptance and commitment therapy: A comprehensive systematic and meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 110, Article 102432. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2024.102432

National Institute for Health and Care Excellence. (2020, June 15). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: Management (Clinical guideline CG113). https://www.nice.org.uk/guidance/cg113/chapter/Recommendations

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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