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Crear desde el dolor: ¿puede el arte ayudarnos a comprender o dejarnos atrapados en lo vivido?

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Hay canciones que nos devuelven a un lugar al que no querríamos volver. Basta escuchar los primeros acordes para que aparezca una escena, una conversación, algo que perdimos o que todavía no sabemos muy bien cómo nombrar. Y, sin embargo, a veces somos nosotras quienes buscamos esa canción. La escuchamos otra vez. O incluso la escribimos.

Imagina a alguien que compone un disco después de una ruptura. Una canción le permite decir lo que no pudo decir entonces. Con otra descubre una emoción que había pasado por alto. Meses después sigue trabajando en aquel material: corrige una frase, graba una toma nueva, escucha y vuelve a escuchar. ¿Está dando un lugar a lo vivido o está quedándose dentro de ello?

Esa pregunta no pertenece solo a músicos o escritores. También aparece cuando pintamos, bailamos, hacemos fotografías o llenamos un cuaderno de pensamientos. Crear desde el dolor puede ser una manera de acercarnos a una experiencia. Pero acercarse no siempre significa comprender; y comprender no implica, necesariamente, dejar de sentir.

Florence Welch: el dolor puede entrar en una obra sin tener que quedarse a vivir

Florence Welch, cantante de Florence + the Machine, ha hablado con mucha franqueza de su relación con la creación, la ansiedad y el sufrimiento. Durante años convivió con el alcohol, con relaciones difíciles y con la idea, tan extendida en la cultura artística, de que el desorden personal alimenta las mejores canciones. En una entrevista de 2022 contó algo que cuestiona ese mito: desde que dejó de beber, el proceso de hacer música le resultaba mejor, no peor. Para ella, el caos y la creatividad no eran lo mismo (Mossman, 2022).

No es una historia en la que alguien deja de sufrir y, entonces, por fin crea. Es la historia de una artista que empieza a distinguir lo que su trabajo necesita de aquello que estaba dañando su vida. Una cosa es que de una experiencia dolorosa pueda surgir una canción extraordinaria. Otra, bastante distinta, es creer que hay que mantenerse en ese dolor para seguir escribiendo canciones extraordinarias.

En 2023 Florence vivió una pérdida gestacional asociada a un embarazo ectópico que acabó en una intervención quirúrgica de urgencia. Dos años después habló públicamente de aquella experiencia y de cómo había atravesado su trabajo para el álbum Everybody Scream. Explicó que volver a crear le había ayudado a encontrar una manera de avanzar entre lo que sentía, pero también dijo que, después de lo ocurrido, se notaba más frágil y vulnerable (Nicholson, 2025).

Me parece especialmente importante conservar esas dos partes de su relato. La música le ayudó y, a la vez, la experiencia no se convirtió mágicamente en algo resuelto. Su testimonio no demuestra que componer cure una pérdida. Nos permite escuchar cómo una mujer ha intentado dar forma, con sus propios recursos, a algo que alteró su relación con el cuerpo, con el futuro y con su trabajo.

Además, Florence ha hablado de las exigencias desiguales que afrontan las mujeres en la industria musical. El contexto también importa al valorar el coste emocional de crear.

Entonces, ¿qué puede ocurrir en nuestra mente cuando creamos?

Una emoción intensa no siempre viene acompañada de palabras claras. Podemos sentir tristeza, rabia y amor a la vez, sin saber qué hacer con esa mezcla. Al escribir o componer tenemos que elegir: una imagen, un ritmo, una palabra, una secuencia. Ese trabajo puede ayudarnos a reconocer aspectos de la experiencia que antes aparecían confusos.

También puede ayudarnos a construir significado. No se trata de encontrar una explicación bonita ni una moraleja para justificar lo sucedido, sino de empezar a situarlo en nuestra historia: qué pasó, qué sentí, qué sabía entonces, qué he comprendido después, qué sigue importándome. A veces una obra hace visible una contradicción que antes no habíamos podido sostener.

Pero conviene desconfiar de la idea de que el arte revela automáticamente deseos inconscientes o verdades ocultas. Un poema no es una radiografía psicológica. Puede abrir preguntas sobre lo que una persona necesita, teme o no ha conseguido expresar; las respuestas no pueden imponerse desde fuera, y menos aún deducirse solo de una letra o un cuadro.

Sentir de nuevo no es lo mismo que mirar desde otro lugar

Hay una diferencia importante entre volver a vivir mentalmente una escena y poder observarla con cierta perspectiva. Podemos regresar a una discusión para repetir exactamente el mismo reproche, o volver a ella y entender también lo que estaba pasando alrededor, nuestros recursos de aquel momento y aquello que ahora vemos de otra forma. La emoción puede seguir ahí, pero la relación con el recuerdo ya no es idéntica.

En investigación psicológica se estudia este proceso bajo el nombre de distancia psicológica o self-distancing. En dos estudios longitudinales, Park, Ayduk y Kross observaron que un ejercicio de escritura expresiva favorecía esa toma de distancia y se relacionaba con una menor reactividad emocional posterior (Park et al., 2016). Kross y Ayduk habían descrito también la paradoja de reflexionar sobre algo doloroso: a veces ayuda a comprenderlo y otras nos deja dándole vueltas sin avanzar (Kross & Ayduk, 2011).

Es una pista científica, no una fórmula transferible sin más a la música o la pintura: escribir bajo determinadas instrucciones no equivale a trabajar durante un año en una novela.

Cuando crear se parece a rumiar

La rumiación consiste en volver repetidamente a pensamientos vinculados con el malestar, sus causas o sus consecuencias, sin que ese recorrido abra necesariamente nuevas respuestas. Puede aparecer con la depresión, aunque no es exclusiva de ella. Y no depende de que el contenido sea triste, sino de cómo nos relacionamos con él.

Una persona puede pasar toda la tarde al piano revisando una canción triste y terminar con una sensación de claridad. Otra puede salir de esa misma sesión más atrapada en preguntas que no cambian: «¿Por qué me pasó?», «¿Qué habría ocurrido si…?», «¿Por qué no fui capaz?». Incluso una misma persona puede vivir las dos situaciones en momentos distintos.

No basta con preguntarse si la obra es oscura o cuánto tardamos en terminarla. Importa si aparecen matices, si podemos descansar o si cada regreso estrecha un poco más nuestro mundo. Nada de esto permite diagnosticar depresión a partir de hábitos creativos.

El filósofo Nietzsche escribió sobre el peligro de contemplar durante demasiado tiempo el abismo. Es una metáfora potente para pensar en nuestra relación con el dolor, pero no una teoría clínica. No necesitamos dejar de mirar aquello que nos importa: quizá necesitemos aprender a entrar y salir, sin exigirnos vivir permanentemente allí.

Thom Yorke y el valor de poner un punto final

Thom Yorke ofrece un contraste distinto. En 2025, al revisar junto al artista Stanley Donwood los trabajos visuales que acompañaron al álbum OK Computer, recordó que terminar aquella obra había tenido para él algo de catarsis: una forma de cerrar una etapa, de poder decir que aquello había sido así (McLean, 2025).

No sabemos, por esa declaración, qué procesos psicológicos exactos ocurrieron ni cómo se sintió cada día. Lo que sí podemos ver es que crear no equivale necesariamente a reproducir un recuerdo una y otra vez. A veces, mediante decisiones, imágenes y colaboración, lo vivido adquiere una forma que ya no es idéntica a la experiencia original. Una obra puede llevar algo nuestro sin tener que ser toda nuestra vida.

¿Qué dice la ciencia sobre los beneficios del arte?

La evidencia exige matices. Un metaanálisis de 2023 que reunió 31 estudios experimentales de escritura expresiva encontró un efecto medio pequeño sobre síntomas de depresión, ansiedad y estrés en muestras sanas o con síntomas subclínicos (Guo, 2023). Pero otra revisión centrada específicamente en síntomas depresivos no encontró beneficios significativos a largo plazo en las condiciones que analizó (Reinhold et al., 2018). No todos los estudios preguntan lo mismo ni trabajan con las mismas personas.

También existen resultados prometedores sobre arteterapia en adultos con depresión. Un metaanálisis publicado en 2026 encontró mejoras en síntomas depresivos en las intervenciones estudiadas, aunque sus autores advirtieron sobre la heterogeneidad de las investigaciones y sus limitaciones metodológicas (Qiao et al., 2026). Arteterapia significa aquí una intervención estructurada, no simplemente pintar, escribir o componer por cuenta propia.

Incluso a corto plazo, la emoción no se regula de una sola manera. Algunas investigaciones sobre dibujo han comparado crear para expresar lo que duele con crear para desplazar temporalmente la atención hacia otra cosa. Ambas experiencias pueden tener valor, y en ciertas tareas la distracción ha producido un alivio inmediato mayor (Zhang et al., 2023). No siempre necesitamos profundizar más: a veces necesitamos una pausa.

Por tanto, ni una obra triste cura ni agrava por sí misma una depresión. Tampoco sentirse removida demuestra, sin más, avance o daño: importan la persona, el contexto, el proceso y sus apoyos.

El precio invisible de pasar meses dentro de una historia

Hay una parte del trabajo creativo que casi nunca aparece cuando admiramos el resultado: una canción puede obligar a escuchar cien veces la misma toma; una novela exige volver a una escena y modificarla; un cuadro nos reclama entrar de nuevo en una imagen. A veces la repetición pertenece al oficio, no a la rumiación. Pero cuando el material toca algo especialmente sensible, esa repetición puede tener un coste.

La pregunta entonces no es si una artista debería dejar de crear sobre lo que le duele. Es si dispone también de libertad para cambiar de tema, descansar, pedir ayuda, conversar sobre otras cosas y seguir participando en su vida. No porque haya una obligación de estar bien, sino porque su bienestar no vale menos que la obra. Una pieza artística puede ser excelente aunque el proceso haya sido difícil; su excelencia no demuestra que el sufrimiento fuera necesario.

La esperanza no está en dejar de sentir, sino en conservar la posibilidad de elegir

Si te gusta crear desde experiencias personales, quizá merezca la pena preguntarte qué te ocurre cuando vuelves a ese material. ¿Te ayuda a poner palabras, a mirar con más contexto, a descubrir una pregunta nueva? ¿O cada regreso termina llevándote al mismo punto, con menos energía para el resto de tu vida? No son preguntas para juzgarte ni para obligarte a hacer arte de una manera determinada.

Si el trabajo te desborda, puedes parar, hablar con alguien de confianza o buscar acompañamiento profesional. Y si atraviesas una depresión u otro problema de salud mental, crear puede ser un recurso personal valioso, pero no sustituye una valoración ni un tratamiento cuando son necesarios.

De Florence Welch me quedo con una posibilidad que a veces olvidamos: el sufrimiento puede estar en el origen de una obra sin convertirse en la condición para seguir creando. Una canción puede guardar la memoria del dolor y, al mismo tiempo, dejarnos espacio para algo más. El arte puede dar forma a lo vivido. La persona que lo crea también merece una vida fuera de esa forma.

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Fuentes y lecturas complementarias

Los testimonios de las entrevistas corresponden a sus protagonistas; los estudios respaldan solamente las afirmaciones científicas concretas citadas.

Guo, L. (2023). The delayed, durable effect of expressive writing on depression, anxiety and stress: A meta-analytic review of studies with long-term follow-ups. British Journal of Clinical Psychology, 62(1), 272–297. https://doi.org/10.1111/bjc.12408

Kross, E., & Ayduk, Ö. (2011). Making meaning out of negative experiences by self-distancing. Current Directions in Psychological Science, 20(3), 187–191. https://doi.org/10.1177/0963721411408883

McLean, C. (2025, August 22). Exclusive: Thom Yorke and artist Stanley Donwood reminisce on 30 years of Radiohead album art. Wallpaper*. https://www.wallpaper.com/art/music/exclusive-radiohead-interview

Mossman, K. (2022, May 15). Florence Welch: ‘Who am I kidding? I’m a showboat!’ The Guardian. https://www.theguardian.com/music/2022/may/15/florence-welch-machine-dance-fever-interview

Nicholson, R. (2025, September 27). ‘The closest I came to making life was the closest I came to death’: Florence Welch on sexism, screaming and the lost pregnancy that nearly killed her. The Guardian. https://www.theguardian.com/music/2025/sep/27/florence-welch-sexism-screaming-lost-pregnancy-nearly-killed-her

Park, J., Ayduk, Ö., & Kross, E. (2016). Stepping back to move forward: Expressive writing promotes self-distancing. Emotion, 16(3), 349–364. https://doi.org/10.1037/emo0000121

Qiao, L., Zhu, B., Liu, P., & Chen, X. (2026). The effectiveness of art therapy on adults with depression: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 33(3), 545–560. https://doi.org/10.1111/jpm.70127

Reinhold, M., Bürkner, P.-C., & Holling, H. (2018). Effects of expressive writing on depressive symptoms—A meta-analysis. Clinical Psychology: Science and Practice, 25(1), Article e12224. https://doi.org/10.1111/cpsp.12224

Zhang, X., Yan, W., Xu, C., Yang, A., Shen, Z., & Guo, X. (2023). Functional near-infrared spectroscopy approach to the emotional regulation effect of drawing: Venting versus distraction. Brain and Behavior, 13(11), Article e3248. https://doi.org/10.1002/brb3.3248

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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