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Estás con alguien, pero sigues pendiente del móvil

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Estás tomando un café con alguien a quien quieres. Habláis de la semana, de algo que os preocupa, de esas cosas que cuesta encontrar un rato para contar. El móvil está encima de la mesa.

No ha sonado.

Aun así, lo miras.

Tal vez esperas una respuesta. O temes que te necesiten en el trabajo. Quizá no hay nada concreto pendiente, pero compruebas la pantalla casi sin darte cuenta.

La conversación continúa. Estás ahí, escuchando. Y al mismo tiempo hay una parte de tu atención esperando algo que podría pasar en otro lugar.

¿Qué buscamos cuando miramos el móvil incluso cuando nadie nos ha escrito? ¿Y qué puede ocurrir con la relación que tenemos delante mientras tanto?

El móvil no siempre reclama tu atención. A veces te adelantas tú

Tenemos buenos motivos para llevar el teléfono cerca. Nos permite saber si alguien ha llegado bien, estar disponibles para una persona que cuidamos, resolver asuntos del trabajo o hablar con quien vive lejos.

La cuestión no es que necesitemos comunicarnos. Es qué ocurre cuando empezamos a sentir que tenemos que estar disponibles todo el tiempo, aunque nadie nos esté pidiendo nada en ese momento.

Puede que revises un mensaje porque te preocupa haber dicho algo que se haya entendido mal. Que mires el correo mientras comes porque anticipas un problema. O que dejar el teléfono en otra habitación te genere una inquietud difícil de explicar.

A veces interviene la ansiedad: comprobar puede convertirse en una forma de buscar tranquilidad. Otras veces es un hábito, una norma del trabajo, una responsabilidad familiar o una expectativa que se ha instalado en tus relaciones.

El mismo gesto puede cumplir funciones distintas. Por eso mirar muchas veces el teléfono no permite concluir, por sí solo, que alguien tenga un problema psicológico.

Cuando comprobar te tranquiliza… solo hasta la siguiente vez

Imagina que estás esperando una respuesta importante. Miras el móvil: no hay novedades. Por unos momentos sabes que no te has perdido nada.

Al cabo de un rato vuelves a mirarlo. Sigue sin haber mensajes.

Esa comprobación puede darte un alivio real. Pero confirmar que no ha ocurrido nada hasta ahora no resuelve lo que ocurrirá dentro de cinco minutos. Y quizá sientas la necesidad de repetirla.

No es necesario llamar «adicción» a esa secuencia para preguntarnos qué la mantiene. La investigación sobre el miedo a perderse algo y el uso del móvil durante las interacciones encuentra asociaciones entre algunos de estos comportamientos, pero no establece una explicación única ni permite diagnosticar a una persona.

¿Buscas información que necesitas? ¿Quieres comprobar que no has decepcionado a alguien? ¿Temes no reaccionar a tiempo si aparece un problema? ¿O has adquirido la costumbre de mirar la pantalla en cualquier pausa?

Cambiar la pregunta de «¿cuántas veces?» a «¿para qué lo hago y qué consecuencias tiene?» puede ayudarnos a comprender mejor lo que está ocurriendo.

¿Qué recibe la persona que tienes delante?

La psicóloga Pilar Sordo reflexionó en una conversación de Aprendemos Juntos sobre el mensaje que puede transmitir a un niño ver un teléfono sobre la mesa: sentir que la atención del adulto está disponible hasta que la pantalla reclame su lugar.

Es una imagen que invita a mirar el encuentro desde el otro lado. No es una regla sobre lo que todo niño, pareja o amistad va a sentir.

Quizá tú piensas que puedes seguir escuchando perfectamente. La otra persona puede vivir esas interrupciones como una señal de distancia. O quizá las entiende porque sabe que estás pendiente de una llamada importante. No podemos decidir desde fuera lo que significa ese móvil para cada relación.

Hay estudios que relacionan la atención dirigida al teléfono durante las interacciones de pareja con una peor experiencia de la relación. Pero una asociación no demuestra que el teléfono sea la causa de todos los problemas, ni que el efecto sea idéntico en cualquier vínculo.

De hecho, los hallazgos sobre la mera presencia del dispositivo no son uniformes: un estudio inicial de 2013 encontró efectos negativos en determinadas conversaciones, mientras que una replicación posterior no logró reproducirlos.

No necesitamos exagerar la evidencia para hacernos una pregunta valiosa: cuando estamos con alguien, ¿podemos elegir dónde ponemos la atención o sentimos que cualquier posible notificación tiene prioridad?

No todas las personas pueden dejar de estar disponibles

Es fácil recomendar «guarda el móvil y disfruta del presente». Pero no todo el mundo tiene las mismas condiciones para hacerlo.

Una persona que cuida a un familiar enfermo, alguien que está de guardia o quien trabaja en un entorno donde se esperan respuestas casi inmediatas no tiene la misma libertad para desconectar que quien puede cerrar la jornada y olvidarse del teléfono.

A veces hay exigencias reales. Otras, expectativas nunca habladas: sentir que tardar en contestar es una falta de cariño, que decir «ahora no puedo» resulta egoísta o que ser una buena profesional significa estar siempre localizable.

Antes de pedirte que mires menos el teléfono, quizá haya que entender quién puede necesitarte, qué consecuencias tendría no responder enseguida y qué margen real tienes para negociar esa disponibilidad.

La ansiedad no ocurre fuera de la vida que llevamos. También importa el contexto en el que intentamos cumplir nuestras responsabilidades.

Estar conectado no es lo contrario de estar presente

El móvil también nos acerca. Puede permitir que te acompañen en un día difícil o que mantengas viva una relación a cientos de kilómetros. No es un enemigo de los vínculos por naturaleza.

La dificultad aparece cuando estar pendiente de quienes podrían escribirte empieza a quitarle espacio a quien ya está contigo. O cuando el descanso, la conversación y las decisiones quedan atravesados por la sensación de que debes comprobar algo más.

Ese es un asunto distinto del que exploramos en el artículo sobre el miedo a aburrirse y la necesidad de llenar cada hueco con estímulos. Aquí no se trata tanto de escapar del silencio como de sentir que debemos seguir conectadas, disponibles y pendientes de los demás.

Antes de volver a mirar la pantalla

No hace falta contar cada consulta del móvil ni imponerte una regla universal. A veces la pregunta más útil aparece justo cuando no puedes mirar.

¿Qué te inquieta? ¿Que alguien se enfade? ¿Que ocurra algo que no puedas resolver? ¿Que estés fallando a una responsabilidad? ¿O simplemente has interrumpido una costumbre y notas lo automático que se había vuelto ese gesto?

Puede que la respuesta sea que hoy necesitas estar pendiente. También puede que descubras que algo que parecía una obligación admite un poco más de elección.

Quizá no se trate solo de mirar menos el móvil. Quizá se trate de poder decidir cuándo necesitas estar disponible y cuándo quieres estar presente en otro lugar.

Si esa necesidad de comprobar o anticipar está relacionada con una ansiedad que está limitando tu descanso, tus relaciones o tus decisiones, puedes conocer cómo abordamos la terapia online para la ansiedad y valorar si tiene sentido pedir orientación.

Fuentes y lecturas complementarias

• Pilar Sordo. «Decir estoy triste o estoy cansada es un derecho básico» / conversación completa, Aprendemos Juntos. Intervención sobre el móvil en la mesa aprox. 49:42 (reflexión divulgativa, no estudio).

• Przybylski, A. K., y Weinstein, N. (2013). Can you connect with me now? How the presence of mobile communication technology influences face-to-face conversation quality. Journal of Social and Personal Relationships, 30(3), 237–246.

• Linares, C., y Sellier, A.-L. (2021). How bad is the mere presence of a phone? A replication of Przybylski and Weinstein (2013) and an extension to creativity. PLOS ONE, 16(6), e0251451.

• Ansari, S., Azeem, A., Khan, I., e Iqbal, N. (2024). Association of Phubbing Behavior and Fear of Missing Out: A Systematic Review and Meta-Analysis. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 27(7), 467–481.

• Ni, N., y colaboradores. (2025). A meta-analytic study of partner phubbing and its antecedents and consequences. Frontiers in Psychology, 16.

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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