Del «cerebro de embarazada» a la «niebla mental»: ¿qué tienen que ver las hormonas con nuestra atención?

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Durante el embarazo, si olvidas dónde has dejado las llaves, pierdes el hilo de una conversación o entras en una habitación sin recordar para qué, es posible que alguien te diga, medio en broma, que tienes «cerebro de embarazada».

En inglés lo llaman baby brain. También se habla de momnesia, una mezcla de mamá y amnesia que parece ponerle un nombre simpático a algo que no siempre resulta tan divertido.

Años después, durante otra etapa de la vida, pueden aparecer dificultades parecidas. Cuesta encontrar una palabra, mantener la concentración o recordar algo que hace apenas unos minutos parecía importante.

Esta vez lo llamamos niebla mental.

Dos expresiones diferentes para experiencias que, al menos desde fuera, pueden resultar bastante similares.

Y en ambos casos aparece rápidamente una explicación: las hormonas.

Pero ¿hasta qué punto sabemos qué ocurre realmente con nuestra memoria y atención durante estas etapas? ¿Cambia nuestro cerebro? ¿Son alteraciones hormonales, falta de sueño, agotamiento o una combinación de factores?

Y hay algo más que hace esta historia especialmente interesante.

Algunas de esas dificultades también aparecen en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el TDAH.

De modo que podemos encontrarnos con experiencias parecidas, tres nombres diferentes y varias explicaciones posibles.

Para entenderlo, merece la pena comenzar por aquello que damos casi por sentado: el famoso cerebro de embarazada.

El «cerebro de embarazada»: ¿un mito con algo de ciencia?

La expresión baby brain lleva años circulando entre conversaciones, artículos y experiencias compartidas sobre la maternidad.

Tiene algo de humor y, en ocasiones, también de resignación. Parece que quedarse en blanco, olvidarse de una cita o no encontrar el móvil forman parte del embarazo casi tanto como las náuseas.

Pero no todas las embarazadas experimentan estas dificultades. Y entre sentir que la memoria está fallando y comprobar una alteración en una prueba cognitiva existe una diferencia importante.

En 2018, una revisión con metaanálisis publicada en The Medical Journal of Australia reunió veinte estudios que comparaban el rendimiento cognitivo de mujeres embarazadas y no embarazadas.

Los investigadores encontraron diferencias en determinadas funciones, especialmente en memoria y funcionamiento cognitivo general, con resultados más marcados durante el tercer trimestre.

Aquello parecía dar cierto respaldo científico a una experiencia que muchas mujeres ya describían.

Sin embargo, la investigación presenta limitaciones: los estudios utilizan pruebas distintas, sus resultados son heterogéneos y no permiten concluir que todas las embarazadas pierdan capacidades ni determinar cuánto afectan las diferencias observadas a la vida cotidiana.

Y aquí aparece una cuestión todavía más fascinante.

En los últimos años, las técnicas de neuroimagen han permitido observar que el cerebro experimenta cambios estructurales durante el embarazo.

Investigaciones publicadas en Nature Neuroscience han documentado modificaciones en determinadas regiones cerebrales a lo largo de esta etapa.

Pero hay que tener cuidado con las interpretaciones.

Que cambie el volumen de una región cerebral no significa necesariamente que estemos ante un deterioro o una pérdida de inteligencia. El cerebro es un órgano plástico, capaz de reorganizarse a lo largo de la vida, y todavía estamos investigando qué significan exactamente muchas de esas modificaciones.

Cambiar no equivale necesariamente a empeorar.

También importa lo que sucede alrededor del embarazo y la maternidad: el descanso, el estrés, las demandas cotidianas y, después del nacimiento, la atención que requiere un bebé.

Lo interesante es que el cerebro no funciona aislado de esas circunstancias.

Y eso nos lleva a la segunda parte de nuestra historia.

La perimenopausia: otra transición que también puede sentirse en la cabeza

Cuando pensamos en la menopausia solemos imaginar sofocos, alteraciones menstruales o cambios en la sexualidad.

Sin embargo, algunas mujeres comienzan a notar algo que les resulta más difícil identificar: ya no sienten la misma facilidad para concentrarse, recordar ciertas cosas o gestionar varias tareas.

No necesariamente han dejado de hacerlas.

Pero quizá ahora les cuestan más.

La perimenopausia es la etapa de transición que precede a la menopausia. Durante este periodo, los niveles de hormonas como los estrógenos y la progesterona fluctúan, y el ciclo menstrual puede volverse irregular.

Habitualmente comienza durante la década de los cuarenta, aunque existe variabilidad individual, y puede prolongarse durante varios años.

La menopausia se establece retrospectivamente cuando han transcurrido doce meses consecutivos sin menstruación por causas naturales, sin otra explicación que justifique esa ausencia. Suele producirse entre los 45 y los 55 años.

Pero los cambios y síntomas pueden empezar bastante antes de la última regla.

Entre ellos se encuentran las alteraciones del sueño, los sofocos, el cansancio, los cambios emocionales y, en algunas mujeres, las dificultades de memoria y concentración.

A estas últimas solemos llamarlas niebla mental.

La expresión es bastante gráfica. No describe necesariamente que se haya olvidado lo que se sabía, sino la sensación de que acceder a ello requiere un esfuerzo que antes no parecía necesario.

Como cuando sabes perfectamente qué palabra quieres utilizar, pero tarda en aparecer.

O cuando estás leyendo algo y descubres que necesitas volver al principio para recuperar el hilo.

¿Es solo una sensación subjetiva? ¿O hay cambios que pueden observarse científicamente?

La respuesta no es tan sencilla como escoger una de las dos opciones.

Lo que la investigación encuentra detrás de la niebla mental

El cerebro cuenta con receptores para los estrógenos en regiones relacionadas con funciones como la memoria y otros procesos cognitivos.

Esto ha llevado a investigar cómo los cambios hormonales de la transición menopáusica pueden relacionarse con el funcionamiento cerebral.

Uno de los proyectos más importantes en este campo es SWAN (Study of Women’s Health Across the Nation), un estudio longitudinal estadounidense que ha seguido a mujeres a través de distintas etapas de la menopausia.

Sus resultados han mostrado que, durante la perimenopausia, pueden observarse cambios discretos en determinadas medidas cognitivas, como algunos aspectos del aprendizaje y la memoria verbal.

Una revisión clínica publicada en 2024 por Pauline Maki y Nicole Jaff señala que estas variaciones suelen ser pequeñas y, en la gran mayoría de las mujeres, el rendimiento permanece dentro de los límites considerados normales.

Es un matiz importante.

Una dificultad puede ser real, resultar molesta y afectar a la confianza que una persona tiene en sus capacidades, sin que eso signifique que esté desarrollando una enfermedad neurodegenerativa.

Además, las pruebas cognitivas y la experiencia cotidiana no siempre coinciden perfectamente.

Una persona puede obtener resultados normales en una evaluación y seguir sintiendo que determinadas tareas le cuestan más que antes.

¿Por qué?

Entre otras razones, porque las pruebas se realizan en condiciones bastante diferentes de aquellas en las que utilizamos nuestra atención en la vida diaria.

No es lo mismo recordar una serie de palabras en un entorno tranquilo que intentar seguir una conversación mientras piensas en una tarea pendiente, llevas varias noches durmiendo mal y tienes una jornada llena de interrupciones.

Y aquí aparece otro factor que no deberíamos pasar por alto: el sueño.

Los cambios asociados a la perimenopausia pueden dificultar el descanso. Los despertares nocturnos, los sofocos y la fatiga pueden influir en cómo nos concentramos al día siguiente.

No todo lo que experimentamos tiene que depender directamente de la acción hormonal sobre las funciones cognitivas.

También puede influir cómo estamos durmiendo, nuestro estado emocional, la salud general o las exigencias que afrontamos.

Y cuando hablamos de mujeres de mediana edad, hay circunstancias que merecen ser consideradas.

Las responsabilidades familiares, el trabajo, los cuidados a hijos o familiares mayores y la carga de organizar buena parte de la vida cotidiana pueden coincidir con esta transición.

No podemos atribuir automáticamente las dificultades de concentración a esas circunstancias. Pero tampoco tiene sentido eliminarlas de la explicación.

Lo biológico y lo que nos ocurre en la vida no son compartimentos separados.

Y entonces aparece el TDAH

Hasta ahora hemos hablado de cambios hormonales y cognitivos asociados al embarazo y a la perimenopausia.

Pero hay una dificultad añadida.

Los olvidos, la distracción, los problemas para organizarse o para mantener la atención también pueden aparecer en personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Y esto plantea una pregunta clínica relevante.

¿Cómo distinguimos una dificultad cognitiva asociada a la perimenopausia de las manifestaciones de un TDAH?

La semejanza entre algunas experiencias no significa que estemos hablando del mismo proceso.

El TDAH es una condición del neurodesarrollo. Por eso, aunque pueda identificarse por primera vez en la edad adulta, su evaluación necesita explorar la presencia de manifestaciones compatibles desde la infancia, su persistencia y cómo han afectado a diferentes ámbitos de la vida.

Esto tampoco quiere decir que una mujer que haya estudiado, trabajado, criado hijos o mantenido una vida aparentemente organizada no pueda tener TDAH.

Algunas personas han desarrollado estrategias para compensar dificultades, han contado con apoyos o han vivido en entornos donde determinadas características pasaban más desapercibidas.

Y en las mujeres, históricamente, algunas presentaciones del TDAH han sido menos reconocidas.

Por tanto, haber llegado a los cincuenta sin un diagnóstico no lo descarta.

Pero si las dificultades aparecen por primera vez coincidiendo con alteraciones menstruales, cambios importantes en el descanso u otros síntomas compatibles con la transición menopáusica, es necesario considerar también esas circunstancias.

No se trata de elegir una explicación mirando una lista de síntomas.

Se trata de comprender la evolución de la persona.

¿Había dificultades similares en la infancia? ¿Cómo se manifestaban antes? ¿Se han intensificado recientemente? ¿Qué cambios físicos, emocionales o vitales están ocurriendo?

Y todavía queda otra posibilidad: que ambas condiciones coincidan.

¿Puede la perimenopausia empeorar un TDAH que ya existía?

Esta es una de las cuestiones que más interés está despertando en la investigación reciente.

Las hormonas sexuales interactúan con sistemas cerebrales relacionados con la atención, la regulación emocional y algunas funciones ejecutivas.

Por eso se está estudiando si las fluctuaciones hormonales pueden influir en la intensidad de ciertos síntomas del TDAH a lo largo de la vida de las mujeres.

Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó la investigación disponible sobre TDAH y hormonas sexuales femeninas.

¿El resultado?

Se encontraron indicios de relación, especialmente durante la pubertad y algunas fases del ciclo menstrual, pero la evidencia seguía siendo limitada.

De hecho, la revisión solo pudo incluir once estudios, con metodologías y poblaciones muy diferentes. Sus autores señalaron expresamente la necesidad de investigar mejor etapas como la menopausia.

Esto significa que existen razones científicas para seguir estudiando la posible interacción entre TDAH y perimenopausia, pero todavía no tenemos respuestas definitivas sobre sus mecanismos, frecuencia o implicaciones clínicas.

Una mujer con TDAH podría experimentar cambios en sus dificultades durante esta etapa. Otra podría no notar variaciones importantes. Y algunas mujeres que presentan dificultades cognitivas durante la perimenopausia no tendrán TDAH.

No podemos convertir una posibilidad biológica en una regla para todas.

El problema de explicarlo todo con las hormonas

Llegados a este punto, merece la pena volver al comienzo.

«Cerebro de embarazada».

«Niebla mental».

Dos expresiones que han ayudado a poner palabras a experiencias poco visibles.

Y eso tiene valor.

Pero también pueden esconder una trampa.

Cuando una mujer describe dificultades de memoria o concentración, responder automáticamente «serán las hormonas» puede impedirnos escuchar qué está ocurriendo realmente.

Puede que esté atravesando la perimenopausia. Puede que tenga problemas importantes de sueño. Que exista un TDAH no identificado. Que esté viviendo una situación de sobrecarga o que haya otra condición médica que convenga valorar.

Y puede haber varios factores a la vez.

Por eso tampoco sería correcto concluir que todo cambio cognitivo durante la mediana edad tiene un origen hormonal.

La explicación biológica importa. Mucho.

Lo que no debería hacer es sustituir una evaluación más amplia.

Hay, además, una dimensión social que merece atención.

Durante años, determinadas experiencias femeninas se han trivializado atribuyéndolas a las hormonas, como si eso bastara para restarles importancia.

Pero también existe el riesgo contrario: que por evitar esa simplificación terminemos ignorando la influencia real de los cambios hormonales sobre la salud.

No necesitamos escoger entre ambas posiciones.

Podemos reconocer que las hormonas influyen en distintos procesos del organismo y, al mismo tiempo, que una persona es mucho más que sus niveles hormonales.

Antes de buscar una respuesta, comprender qué está cambiando

Si estás experimentando dificultades de concentración o memoria que te preocupan, puede resultar útil empezar por observar cuándo aparecen, cómo han evolucionado y qué consecuencias tienen en tu vida.

No para establecer tu propio diagnóstico, sino para poder explicar mejor lo que te ocurre.

Quizá has empezado a dormir peor. Puede que hayas notado cambios en el ciclo menstrual. Tal vez recuerdes dificultades de atención desde hace muchos años, aunque ahora se hayan intensificado.

También puede que existan otros síntomas o circunstancias que necesiten una valoración sanitaria.

Cuando las dificultades son persistentes, nuevas, progresivas o interfieren significativamente con la vida cotidiana, conviene consultarlas con un profesional sanitario. Según la situación, puede ser apropiada una valoración de los cambios menopáusicos, del sueño, de otras posibles causas médicas o una evaluación especializada de TDAH.

La perimenopausia no se identifica mediante una única prueba hormonal válida para todas las mujeres, y el TDAH tampoco se diagnostica simplemente sumando síntomas en un cuestionario.

Comprender implica reunir información, explorar alternativas y reconocer que a veces pueden coexistir varias explicaciones.

Y también implica no dar por hecho que cualquier cambio tiene que convertirse necesariamente en un trastorno.

No hemos perdido necesariamente la cabeza

Quizá lo más interesante de este recorrido sea descubrir cuánto puede cambiar nuestra manera de interpretar una experiencia según el nombre que le demos.

Durante el embarazo hablamos del cerebro de embarazada.

En la transición menopáusica, la perimenopausia,  de niebla mental.

Cuando aparecen problemas de atención, puede surgir la pregunta por el TDAH.

Son expresiones y conceptos que pueden ayudarnos a describir lo que ocurre, pero no son intercambiables ni explican por sí solos su origen.

El cerebro atraviesa cambios a lo largo de la vida. Nuestra forma de funcionar también está influida por el descanso, la salud, las circunstancias y la historia personal.

Y no todas las dificultades cognitivas significan lo mismo.

A veces habrá cambios asociados a una transición hormonal. Otras veces una condición que no se había identificado. En ocasiones, una combinación de factores.

Lo importante no es encontrar cuanto antes un nombre bajo el que colocar todas nuestras experiencias.

Es comprenderlas lo suficientemente bien como para saber qué atención necesitan, qué podemos hacer al respecto y qué cosas no deberíamos dar por sentadas.

Porque una explicación puede ayudarnos a entender lo que nos sucede.

Pero antes tiene que ser una explicación que tenga en cuenta nuestra historia.


Fuentes y lecturas complementarias

  1. Davies y colaboradores (2018). Cognitive impairment during pregnancy: a meta-analysis. The Medical Journal of Australia. Revisión de estudios sobre rendimiento cognitivo durante el embarazo.
  2. Carmona y colaboradores (2024). Women’s neuroplasticity during gestation, childbirth and postpartum. Nature Neuroscience. Investigación sobre cambios estructurales cerebrales durante el embarazo y el posparto.
  3. Maki y Jaff (2024). Menopause and brain fog: how to counsel and treat midlife women. Menopause. Revisión clínica sobre dificultades cognitivas durante la transición menopáusica.
  4. SWAN — Memory and Cognition During and After the Menopause Transition. Síntesis de hallazgos longitudinales sobre memoria y perimenopausia.
  5. Organización Mundial de la Salud — Menopausia. Definición y contexto clínico de la transición menopáusica.
  6. Osianlis y colaboradores (2025). ADHD and Sex Hormones in Females: A Systematic Review. Journal of Attention Disorders. Revisión sistemática sobre hormonas sexuales y síntomas de TDAH en mujeres.
  7. NICE — Attention deficit hyperactivity disorder: diagnosis and management, NG87. Guía clínica sobre reconocimiento, evaluación y diagnóstico del TDAH.
  8. NICE — Menopause: identification and management, NG23. Guía clínica sobre identificación y atención durante la perimenopausia y menopausia.
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Sobre Eirene García

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

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