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Tu pareja pasa de lo que necesitas… y tú sigues haciendo la cena

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Tu pareja pasa de lo que necesitas… y tú sigues haciendo la cena

Tu pareja pasa de lo que necesitas. Pero le sigues haciendo la cena, lavando los calcetines y… Bueno. Hay cosas que quizá dejemos para otra conversación.

No hace falta imaginar un matrimonio al borde del divorcio ni una discusión de película. Puede ser un martes de lo más corriente. Tú has dicho que necesitas descansar, hablar de algo que lleváis semanas evitando o dejar de ocuparte de todo. Él/ella dice que luego lo veis. Y a las nueve vuelve a tocar decidir qué vais a cenar.

La casa sigue funcionando. Esa conversación, no tanto. Porque se habla y da vueltas a lo mismo pero no se llega a solución; o lo que es peor, si se acuerda, no hay compromiso.

Seguir cuidando no significa que todo esté bien

Cuando algo nos duele en una relación, las rutinas no se detienen para darnos tiempo a pensar. Hay que ir al trabajo, hacer la compra, ocuparse de las criaturas y/o el perro (si los hay) y sacar adelante lo cotidiano.

Puedes sentir enfado y continuar haciendo gestos de cuidado. Puedes estar cansada de una dinámica y seguir queriendo a tu pareja. O haber aprendido a encargarte de ciertas cosas sin volver a preguntarte si todavía quieres hacerlo así.

Hay también situaciones menos libres de lo que parecen: dependencia económica, una organización de cuidados difícil de cambiar, temor al conflicto o falta de apoyos. No todas las personas pueden modificar una convivencia de un día para otro.

Por eso, que sigas poniendo dos platos sobre la mesa no nos dice si estás satisfecha con tu relación. Tampoco explica por sí solo por qué continúas haciendo lo mismo. Para comprenderlo hay que mirar qué función tiene ese comportamiento en vuestra vida y qué ocurre cuando intentas cambiarlo.

A veces la cena no es solo la cena

Puede que quien cocina lo haga porque disfruta, porque así lo habéis acordado o porque hoy le viene mejor. Ninguna de esas posibilidades es problemática en sí misma.

Otra cosa es que una persona haya acabado haciéndose responsable de todo lo que nadie parece pensar. No solo poner la lavadora. También darse cuenta de que hace falta ponerla, comprobar si queda detergente, acordarse de qué ropa se necesita mañana y estar pendiente de que se tienda.

Ese trabajo de anticipar, organizar y comprobar forma parte de lo que la investigación llama trabajo cognitivo doméstico. No siempre se ve. Y precisamente porque no se ve, puede llegar a darse por hecho.

En un estudio clásico, Allison Daminger distinguió tareas como anticipar necesidades, buscar opciones, tomar decisiones y supervisar resultados. Sus entrevistas mostraron que esas responsabilidades se distribuían de manera desigual en las parejas heterosexuales estudiadas, especialmente las de anticipación y seguimiento. Es un estudio de un grupo concreto de parejas; no una descripción automática de todas las relaciones.

En España, una investigación sobre decisiones domésticas en parejas andaluzas observó una mayor corresponsabilidad cuando el reparto se hablaba y acordaba expresamente. Es una asociación dentro de esa muestra, no una promesa de que una conversación lo arregle todo.

Así que quizá el asunto no sea únicamente quién lava los calcetines. También quién se acuerda de que hay que lavarlos. Y a quién se le ocurriría preguntar por qué siempre lo hace la misma persona.

Cuidar y sentirse cuidada no son lo mismo

En una relación podemos hacer mucho por la otra persona y, aun así, no sentir que nos escucha o que tiene en cuenta lo que necesitamos.

No se trata de llevar un marcador de puntos. Hoy hice yo la cena; mañana me debes dos abrazos y el sábado te toca pedirme perdón. La reciprocidad no funciona como una hoja de cálculo.

Lo que sí importa es si, cuando expresas una necesidad significativa, la otra persona intenta comprenderla, valorarla y responder de algún modo. La investigación sobre la respuesta percibida de la pareja estudia precisamente esa experiencia de sentirse comprendida, tenida en cuenta y apoyada. No exige que el otro adivine todo, ni que pueda satisfacer cualquier petición.

A veces algo se ha pedido de manera poco clara. A veces se ha hablado con bastante claridad y no ha cambiado nada. Y otras veces lo que uno vive como desinterés convive con formas de cuidado que la otra persona no está reconociendo. La situación concreta importa.

La pregunta no es si una cena demuestra amor. Es qué lugar ocupan tus necesidades en la relación y qué sucede cuando aparecen.

«Pues díselo». Ojalá fuera siempre tan sencillo

En redes se repite mucho aquello de que nadie lee la mente. Y es verdad. Hablar de lo que queremos ayuda a que los demás puedan conocernos y atendernos.

Pero tampoco sirve convertirlo en una explicación universal: «Si no te cuida es porque no se lo has pedido bien». Hay personas que llevan mucho tiempo pidiendo un cambio, de muchas maneras, y siguen encontrando la misma respuesta.

Puede ser útil explorar qué has dicho, qué se ha entendido, qué se ha intentado acordar y qué ocurre después. Porque una conversación no es un cambio. Es, como mucho, una posibilidad de empezar a hacerlo.

Y si también eres tú quien tiene que recordar constantemente el acuerdo, organizar cómo llevarlo a cabo y comprobar si se cumple… quizá no estéis repartiendo todo lo que creíais.

¿Y las «otras cosas»?

El guiño del principio puede hacer reír. Pero, si entre esas «otras cosas» está la intimidad sexual, conviene decir algo con toda claridad: tener pareja no convierte el sexo en una obligación ni el cuidado doméstico en una deuda que se paga con el cuerpo. El deseo y el consentimiento necesitan espacio propio, sin presión ni exigencias.

Tampoco toda falta de deseo indica un problema de pareja. Como en el resto del artículo, interesa comprender qué está pasando antes de darlo por explicado.

¿Qué puedes empezar a mirar?

No voy a decirte que dejes de hacerle la cena esta noche, que hagas una huelga doméstica o que te divorcies mañana. No sé qué vida compartís, qué habéis hablado ni con qué recursos contáis.

Quizá puedas empezar por preguntarte qué necesidades tuyas llevan tiempo sin encontrar respuesta. Qué tareas asumisteis por acuerdo y cuáles aparecieron sin hablarlas. Qué cambios has pedido, cuáles habéis intentado y qué pasó después. Y, sobre todo, qué margen real tienes hoy para plantear algo distinto.

En algunas parejas esto abre la posibilidad de renegociar los cuidados, aprender a escuchar de otra manera o revisar dinámicas que se han cronificado. En otras, ayuda a reconocer que hay desacuerdos o límites que no pueden resolverse sólo con buena voluntad.

La terapia de pareja puede ofrecer un espacio para comprender los patrones que se repiten, las necesidades de ambas personas y las decisiones pendientes. No tiene como objetivo obligatorio mantener la relación. Y cuando hay miedo, coacción, violencia o control, la prioridad es valorar la seguridad y si una intervención conjunta resulta adecuada; no pedir a quien se siente en riesgo que «se comunique mejor».

Si este asunto os está pesando y queréis valorar orientación profesional, podéis conocer cómo trabajamos en nuestra terapia de pareja online.

Y esta noche, ¿quién hace la cena?

Puede que la hagas tú. Puede que la haga él/ella. Puede que pidáis algo y dejéis la cocina para mañana.

No es la cena la que decide cómo va vuestra relación.

Pero quizá lleváis demasiado tiempo hablando de qué vais a cenar y demasiado poco de todo lo demás.

Fuentes y lecturas complementarias

Daminger, A. (2019). The Cognitive Dimension of Household Labor. American Sociological Review, 84(4), 609–633. DOI

Jurado-Serrano, J., Jiménez-Cabello, J., y Becerril-Ruiz, D. (2024). ¿Se habla o no se habla? La toma de decisiones en el reparto del trabajo doméstico. ANDULI, 25, 71–92. DOI

Crasta, D., Rogge, R. D., Maniaci, M. R., y Reis, H. T. (2021). Toward an Optimized Measure of Perceived Partner Responsiveness: Development and Validation of the Perceived Responsiveness and Insensitivity Scale. Psychological Assessment, 33(4), 338–355. DOI

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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