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¿Por qué me cuesta disfrutar si sé que se acaba?

Tabla de contenidos

Cuando lo bueno se convierte en una cuenta atrás

Hay momentos que deberían sentirse agradables, pero se viven con una especie de reloj
interno.
Empiezas las vacaciones y ya estás pensando en la vuelta.
Estás en una relación bonita y ya te preguntas cuándo se torcerá.
Llega el domingo por la mañana y tu cabeza ya está en el lunes.
Tienes una etapa tranquila y aparece esa frasecilla: “Bueno, esto no va a durar”.

¿Y esto por qué?

Como si disfrutar mucho fuera peligroso. Como si ilusionarte demasiado pudiera hacer
que luego doliera más. Como si relajarte significara bajar la guardia.
A esto, en psicología, se le ha llamado nostalgia anticipatoria: echar de
menos algo que todavía no se ha ido (Zhou et al., 2020), o dicho de otra forma: vivir el
presente como si ya fuera un recuerdo.
Y claro, así es muy difícil estar donde estás.
Porque una parte de ti intenta disfrutar, pero otra ya está despidiéndose.

No estás disfrutando mal: estás anticipando dolor

La anticipación ansiosa ocurre cuando tu mente y tu cuerpo reaccionan ante algo que
todavía no ha pasado como si ya estuviera ocurriendo.
Baumgartner et al. (2008) diferencian entre emociones anticipatorias y emociones
anticipadas
. Las primeras son las que sientes ahora por algo que puede pasar en el
futuro: miedo, preocupación, esperanza. Las segundas son las que imaginas que sentirás
más adelante: tristeza, alivio, arrepentimiento, alegría.

Traducido es que puedes estar hoy en un momento bueno y, a la vez, sentir angustia por cómo
crees que te sentirás cuando termine.
Pero spoiler, anticipar el dolor no necesariamente te prepara mejor para él. De hecho, en experiencias positivas, la nostalgia anticipatoria puede aumentar la ansiedad y reducir el disfrute del momento presente (Zhou et al., 2020).

En consulta lo he escuchado expresado de una forma muy parecida a esta:

“Cuando estoy bien, me pongo nerviosa. Es como si mi cabeza me dijera: no te relajes
tanto, que luego viene el palo”.

No es que no quisiera estar bien, es que estar bien le activaba inseguridad.

¿Por qué tu mente cree que sufrir antes te protege?

Tu mente no hace esto porque quiera fastidiarte. Aunque a veces lo parezca.
Lo hace porque intenta ayudarte con las herramientas que aprendió.
Si en algún momento lo bueno se interrumpió de golpe, si viviste pérdidas, rupturas,
vínculos imprevisibles, mucha exigencia o etapas donde tenías que estar siempre
pendiente, puede que tu cuerpo y tu mente aprendieran algo así:
“No te relajes demasiado”.
“No te fíes del todo”.
“Si te preparas para lo malo, dolerá menos”.

«Ahora disfrutas, luego sufres, luego, no disfrutas»

El problema es que esa estrategia quizá antes tuvo sentido, pero ahora puede estar
ocupando demasiado espacio.
También puede pasar si has aprendido a vivir el descanso con culpa. Hay personas que
solo se permiten parar cuando están al límite. Si descansan antes, aparece una voz
diciendo: “Deberías estar haciendo algo”.
Entonces el placer no se vive como nutrición.
Se vive como permiso condicionado.
Como si disfrutar tuviera que justificarse.

No todo anticipar es malo: también existe saborear

Aquí hay un matiz importante.
Pensar en algo antes de que ocurra no siempre nos fastidia el presente. De hecho, puede
aumentarlo.
Chun et al. (2017) estudiaron algo llamado savoring, que podríamos traducir como
saborear una experiencia antes de vivirla. Es decir, conectar de forma consciente con el
placer que te produce imaginar algo bueno que va a pasar. Sus estudios encontraron que
saborear una experiencia futura puede aumentar tanto el disfrute mientras ocurre como
el recuerdo posterior de esa experiencia.

Entonces, ¿Cuál es la diferencia?
Que saborear no es lo mismo que preocuparse.
Saborear sería: “Qué ganas de esto, qué bonito poder vivirlo”.
Anticipar desde la ansiedad sería: “Qué pena que esto se vaya a acabar, seguro que
luego lo paso fatal”.

En el primer caso, el futuro te ayuda a entrar en el presente.
En el segundo, te saca de él.
Y aquí está la clave: no se trata de no pensar nunca en el futuro. Se trata de darte cuenta
de si ese pensamiento te abre a la experiencia o te la roba.

Cuando algo bueno te pone en alerta, hay que mirar la historia

A veces no basta con decir: “Venga, disfruta”.
De hecho, suele servir de poco. Es como decirle a alguien con insomnio: “Duérmete”.
Gracias, no se me había ocurrido.
Si cada vez que algo va bien aparece miedo, quizá hay que mirar un poco más abajo.
En terapia no nos interesa solo quitar el síntoma rápido, sino entender qué función
cumple.

¿Para qué aparece esa anticipación? ¿De qué intenta protegerte? ¿Cuándo
aprendiste que disfrutar podía ser peligroso?

Desde ACT (Terapia de Aceptación y compromiso), por ejemplo, trabajamos la relación con los pensamientos. No se trata de eliminar la frase “esto se va a acabar”, sino de aprender a verla como un pensamiento,
no como una orden.
Desde EMDR (por sus siglas en inglés, Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), cuando hay experiencias pasadas que siguen activando alarma en el presente, podemos trabajar cómo esas experiencias se han quedado grabadas y siguen influyendo en lo que sientes ahora.
Y desde una mirada sistémica, también observamos cómo aprendiste a vivir el
descanso, el placer, la calma o la seguridad dentro de tus vínculos y tu historia familiar.
Porque muchas veces el problema no es el momento actual.
Es que tu cuerpo está respondiendo al presente con aprendizajes del pasado.

¿Cuándo pedir ayuda si esto te pasa mucho?

Que te dé pena que algo termine es humano.
De hecho, muchas veces esa pena aparece porque algo te importa.
El problema es cuando la anticipación ocupa tanto espacio que te impide vivir lo que
está ocurriendo. Cuando no puedes descansar sin culpa. Cuando te cuesta recibir lo
bueno. Cuando todo momento agradable viene acompañado de miedo, alerta o sensación de pérdida.
Ahí quizá no hablamos solo de “me cuesta disfrutar”.
Quizá hablamos de ansiedad, autoexigencia, miedo al abandono, historia relacional,
trauma o un sistema nervioso que aprendió a esperar el golpe.

Ese malestar se trabaja en terapia

En Eirene García Psicología somos un equipo de psicólogos/as especializados entre otros ámbitos, en ansiedad, trauma, EMDR, pareja, adolescentes, fertilidad, duelo, psicooncología, TDAH y crianza.
Trabajamos desde un enfoque contextual, funcional y humano. No nos quedamos solo en gestionar síntomas: miramos qué función cumple lo que te pasa y cómo ayudarte a vivir con más libertad.

Si te has sentido identificada y sientes que necesitas acompañamiento, puedes reservar tu
sesión de acogida gratuita justo aquí:


Referencias

Baumgartner, H., Pieters, R., & Bagozzi, R. P. (2008). Future-oriented emotions: Conceptualization and behavioral effects. European Journal of Social Psychology, 38(4), 685–696. https://doi.org/10.1002/ejsp.467

Chun, H. H., Diehl, K., & MacInnis, D. J. (2017). Savoring an upcoming experience affects ongoing and remembered consumption enjoyment. Journal of Marketing, 81(3), 96–110. https://doi.org/10.1509/jm.15.0267

Zhou, X., Huang, R., Batcho, K., & Ye, W. (2020). This won’t last forever: Benefits and costs of anticipatory nostalgia. Frontiers in Psychology, 11, Article 577308. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.577308

Sobre Eirene García

Psicóloga sanitaria colegiada

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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