Los elefantes rosas tienen un problema de reputación.
Durante décadas han sido una forma bastante simpática de representar algo que, en realidad, puede no tener ninguna gracia: las alucinaciones relacionadas con el alcohol.
Los hemos visto desfilar, multiplicarse y hacer acrobacias imposibles. En la película Dumbo, de 1941, incluso protagonizaron uno de los momentos más surrealistas de la historia de Disney.
La escena resulta tan extravagante que casi consigue hacernos olvidar lo que representa.
Pero hay algo mucho más sorprendente que la posibilidad de ver elefantes que no existen.
En determinadas circunstancias, una persona puede encontrarse en peligro precisamente cuando decide dejar de beber.
Parece una contradicción.
Nos han explicado, con razón, los riesgos asociados al consumo excesivo de alcohol. Sabemos que puede afectar a la salud, a las relaciones y a la capacidad para tomar decisiones. Por eso, cuando alguien lleva mucho tiempo bebiendo y decide dejarlo, nuestra reacción suele ser bastante sencilla:
«Estupendo. Cuanto antes, mejor».
Y, sin embargo, hay casos en los que esa última parte necesita una explicación.
Porque cuando existe dependencia física del alcohol, dejar de beber de golpe puede provocar un síndrome de abstinencia potencialmente grave.
Y no tiene nada que ver con una simple resaca.
¿Por qué el cuerpo puede reaccionar mal cuando desaparece el alcohol?
Nuestro organismo tiene una capacidad extraordinaria para adaptarse a las condiciones en las que vive.
Esto suele ser una ventaja.
Cuando hace calor, sudamos para regular la temperatura. Cuando empezamos a practicar ejercicio, el cuerpo va adaptándose al esfuerzo. Y cuando una sustancia actúa repetidamente sobre el sistema nervioso, también pueden producirse adaptaciones.
El alcohol modifica la actividad cerebral. Entre otras cosas, potencia determinados mecanismos inhibidores y reduce algunas señales de excitación del sistema nervioso.
Dicho de una forma sencilla: altera el equilibrio entre los procesos que frenan y los que activan la actividad neuronal.
Cuando el consumo es intenso y prolongado, el cerebro puede ir compensando esos efectos.
El problema aparece cuando el alcohol desaparece bruscamente.
Los cambios que el organismo había desarrollado para adaptarse a su presencia no se revierten de manera instantánea. Durante ese periodo puede producirse una hiperactivación del sistema nervioso.
Por eso, en una persona con dependencia física, dejar de beber no siempre provoca únicamente ganas de tomar una copa.
Puede provocar temblores, sudoración, ansiedad intensa, alteraciones del sueño, palpitaciones o náuseas.
Y en los casos más graves, convulsiones o delirium tremens.
No se trata de que el alcohol se haya convertido en algo saludable para ese organismo.
Se trata de que el cuerpo se ha adaptado a una situación perjudicial y necesita una retirada segura para recuperar su equilibrio.
La guía clínica de la American Society of Addiction Medicine (ASAM) explica estos mecanismos y la importancia de valorar médicamente el riesgo de abstinencia.
Una resaca no es lo mismo que un síndrome de abstinencia
Aquí conviene detenerse.
Después de una noche de consumo excesivo, alguien puede despertarse con dolor de cabeza, náuseas, cansancio y la firme convicción de no volver a beber.
Es una experiencia que muchas personas reconocen.
Pero tener resaca no significa automáticamente tener dependencia del alcohol.
La resaca aparece después de beber y puede estar relacionada con distintos efectos del alcohol sobre el organismo.
El síndrome de abstinencia, en cambio, puede producirse cuando una persona cuyo cuerpo se ha adaptado a un consumo habitual y prolongado deja de beber o reduce de manera importante la cantidad que consume.
Aunque algunos síntomas se parecen, el mecanismo y el riesgo son diferentes.
Hay una señal especialmente importante: sentirse físicamente mal cuando pasan horas sin beber y experimentar temblores, sudoración, ansiedad u otros síntomas que parecen mejorar al volver a consumir.
Esa situación merece una valoración médica.
No significa que podamos establecer un diagnóstico a partir de una sola señal, pero sí que existe un motivo para no improvisar una retirada por cuenta propia.
Según el NHS, el servicio público de salud británico, los síntomas de abstinencia pueden aparecer pocas horas después de la última bebida. Su intensidad es variable y algunos casos necesitan atención sanitaria urgente.
¿Qué tiene que ver todo esto con el delirium tremens?
Volvamos a nuestros elefantes rosas.
Cuando pensamos en una persona que ve cosas que no existen después de beber, solemos imaginar que está bajo los efectos del alcohol.
Pero las alucinaciones también pueden aparecer durante la abstinencia.
Y esta distinción importa.
El delirium tremens, a veces abreviado como DT, es una de las complicaciones más graves de la abstinencia alcohólica.
Su nombre puede resultar algo engañoso si pensamos únicamente en los temblores.
No consiste simplemente en temblar mucho.
Es un estado de delirium, es decir, una alteración aguda del funcionamiento mental que puede provocar confusión intensa, desorientación y dificultades para mantener la atención, además de agitación y otras alteraciones físicas.
También pueden aparecer alucinaciones.
Una persona puede no reconocer dónde está, no comprender lo que ocurre, mostrarse extremadamente agitada o experimentar cambios importantes en su frecuencia cardíaca y temperatura.
Se trata de una urgencia médica.
El delirium tremens suele aparecer entre el segundo y el tercer día después de interrumpir o reducir de forma importante el consumo, aunque puede desarrollarse más tarde.
Y hay otra precisión importante: no todas las alucinaciones que aparecen durante la abstinencia alcohólica son delirium tremens. Pueden presentarse alucinaciones sin el estado de confusión profunda que caracteriza al delirium.
Las guías clínicas de tratamiento del alcohol del Departamento de Salud británico distinguen entre estas manifestaciones y describen el delirium tremens como una emergencia que necesita atención hospitalaria.
Los elefantes rosas son una imagen memorable.
Pero no sirven para reconocer ni descartar esta complicación.
Las señales de abstinencia que conviene conocer
No existe una única manera de experimentar la abstinencia alcohólica.
En algunas personas los síntomas pueden ser leves. En otras, especialmente cuando existe una dependencia importante u otros factores de riesgo, pueden aparecer complicaciones graves.
Entre las manifestaciones que merecen atención se encuentran:
Temblores, especialmente de manos.
Sudoración que aparece al reducir o interrumpir el consumo.
Náuseas o vómitos.
Ansiedad, agitación o irritabilidad.
Dificultades importantes para dormir.
Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca.
Estas señales no permiten determinar por sí solas la gravedad del cuadro ni sustituir una valoración profesional.
Si aparecen convulsiones, confusión importante, desorientación o alucinaciones en el contexto de una posible abstinencia, es necesario solicitar atención médica urgente. En España, llama al 112.
La guía NICE sobre las complicaciones físicas relacionadas con el alcohol recomienda atención hospitalaria cuando existe abstinencia aguda con convulsiones, delirium tremens o un riesgo elevado de desarrollarlos.
Entonces, ¿qué debería hacer alguien que quiere dejar de beber?
La respuesta no es seguir bebiendo indefinidamente por miedo a la abstinencia.
Tampoco consiste en organizar una retirada por su cuenta siguiendo un calendario encontrado en internet.
El primer paso, cuando existe posibilidad de dependencia física, es valorar el riesgo con un profesional sanitario.
No todo el mundo necesita ingresar en un hospital para dejar el alcohol. Algunas personas pueden realizar una retirada médicamente supervisada de forma ambulatoria; otras necesitan controles más estrechos o ingreso.
La decisión depende de factores como la intensidad del consumo y la dependencia, los antecedentes de abstinencia, los problemas de salud asociados, los medicamentos que se toman y el apoyo disponible.
En determinados casos puede ser necesario utilizar medicación para prevenir o tratar complicaciones.
Por eso, el consejo correcto no es simplemente «déjalo mañana».
Es «si existe dependencia física, busca ayuda médica para dejarlo de forma segura».
La información del NIAAA sobre reducir o abandonar el consumo de alcohol insiste precisamente en la importancia de planificar una retirada segura cuando ha existido un consumo intenso y prolongado.
Dejar de beber de forma segura no es lo mismo que tratar la adicción
Hay otra confusión habitual.
A veces hablamos de «desintoxicarse» como si fuera lo mismo que superar una adicción.
No lo es.
La retirada del alcohol y el tratamiento de sus posibles complicaciones son cuestiones médicas fundamentales, pero superar la fase aguda de abstinencia no significa necesariamente que hayan desaparecido las dificultades que mantenían el consumo.
La persona puede seguir encontrándose con situaciones en las que el alcohol cumplía una función importante.
Quizá bebía para afrontar determinadas emociones, para sentirse más cómoda con otras personas o para desconectar al terminar el día.
También pueden intervenir hábitos muy arraigados, asociaciones aprendidas, dificultades psicológicas o circunstancias sociales.
Y algunas personas no encuentran una explicación única.
Por eso, después de atender la seguridad física, puede ser necesario trabajar otros aspectos del problema.
¿Qué circunstancias favorecen el consumo?
¿Qué ocurre cuando aparecen las ganas de beber?
¿Qué lugar ha ido ocupando el alcohol en la vida de esa persona?
¿Qué necesita cambiar y qué apoyos tiene disponibles?
La guía ASAM sobre el manejo de la abstinencia alcohólica señala una distinción esencial: controlar la abstinencia no constituye, por sí solo, un tratamiento completo del trastorno por consumo de alcohol.
El abordaje psicológico puede formar parte del tratamiento, en coordinación con los recursos médicos y especializados que cada situación requiera.
En consulta también exploramos qué función ha podido cumplir el consumo en la vida de cada persona. En ocasiones, el alcohol se ha convertido en una forma de aliviar el malestar, afrontar situaciones difíciles o desconectar de emociones que cuesta sostener. En otras, intervienen hábitos, factores sociales, experiencias personales o procesos relacionados con la propia dependencia.
Comprender qué ha mantenido el consumo es importante, pero no significa que exista siempre un trauma o un problema emocional oculto detrás de una adicción. El tratamiento necesita tener en cuenta tanto la función que cumple la conducta como los efectos del alcohol y las circunstancias particulares de cada persona.
Pedir ayuda también significa saber qué tipo de ayuda necesitas
Quizá te preocupa cuánto estás bebiendo.
O has empezado a notar que te encuentras mal cuando pasan varias horas sin consumir.
Puede que quieras dejar el alcohol y no tengas claro por dónde empezar.
No necesitas esperar a una situación extrema para consultar.
Pero tampoco es necesario resolver por tu cuenta si lo que te ocurre es una dependencia, qué gravedad tiene o cuál debería ser el tratamiento.
Si sospechas que puedes tener dependencia física del alcohol, consulta con un profesional sanitario antes de reducirlo o interrumpirlo bruscamente.
En Eirene García Psicología puedes encontrar información sobre cómo abordamos las dificultades relacionadas con las adicciones y cómo valoramos si el acompañamiento psicológico online es adecuado o si conviene acudir a otros recursos especializados.
La terapia online no sustituye una desintoxicación ni la atención médica de urgencia.
Comprender esa diferencia también forma parte de cuidar a quien está intentando cambiar.
Porque decidir dejar de beber puede ser un paso importante.
Hacerlo de forma segura también lo es.
Fuentes y lecturas complementarias
1. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA). Alcohol Use Disorder: From Risk to Diagnosis to Recovery. Explicación del síndrome de abstinencia y los riesgos de la suspensión brusca.
2. American Society of Addiction Medicine (ASAM). The ASAM Clinical Practice Guideline on Alcohol Withdrawal Management. Mecanismos de abstinencia, evaluación de riesgos y distinción entre tratamiento de la abstinencia y tratamiento del trastorno por consumo de alcohol.
3. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Alcohol-use disorders: diagnosis and management of physical complications, CG100. Recomendaciones sobre ingreso, riesgo de convulsiones y delirium tremens, y precauciones al reducir el alcohol.
4. UK Department of Health and Social Care. Clinical guidelines for alcohol treatment: Alcohol withdrawal symptoms. Síntomas frecuentes y complicaciones graves.
5. UK Department of Health and Social Care. Clinical guidelines for alcohol treatment: Pharmacological interventions. Manifestaciones, evolución y tratamiento del delirium tremens.
6. NHS. Alcohol-use disorder. Información sobre síntomas de abstinencia y cuándo solicitar ayuda.
7. NIAAA. Should You Cut Down or Quit?. Orientación sobre la necesidad de ayuda médica para abandonar el alcohol de manera segura.





