Menopausia e identidad: ¿y si no tienes que volver a ser la mujer que eras antes?

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Hay momentos en los que empiezas a notar que algo está cambiando. Quizá duermes peor, tienes menos energía, te cuesta concentrarte o reaccionas de una manera que antes no era habitual en ti.

Y entonces aparece una idea: «Quiero volver a ser la de antes».

Es comprensible. Cuando algo que antes funcionaba deja de hacerlo, queremos recuperar esa sensación de familiaridad con nuestro cuerpo y con nosotras mismas.

Pero hay una pregunta que quizá merece un poco más de atención.

¿Quieres recuperar cómo te sentías antes o sientes que tienes que seguir siendo exactamente la misma mujer que eras?

Porque no necesariamente es lo mismo.

Cuando tu cuerpo cambia, pero la vida sigue exigiéndote lo mismo

La perimenopausia es una etapa de transición en la que las fluctuaciones hormonales pueden producir cambios físicos y emocionales. Algunas mujeres apenas experimentan molestias. Otras tienen dificultades de sueño, cansancio, cambios en el estado de ánimo o síntomas que afectan considerablemente a su vida cotidiana.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que esta transición no se produce únicamente en el plano biológico. La historia de salud, las circunstancias personales, las responsabilidades y las expectativas sociales también influyen en cómo se vive.

Y aquí hay algo interesante.

Una mujer puede encontrarse atravesando cambios importantes en su cuerpo mientras sigue teniendo las mismas responsabilidades laborales, familiares y personales.

Se espera que rinda igual, que cuide igual, que esté disponible igual. Y es posible que ella misma siga esperando exactamente lo mismo de sí.

Quizá lleva años siendo la persona que organiza, resuelve, recuerda lo que falta, anticipa necesidades y procura que todo funcione.

Puede que haya elegido algunas de esas responsabilidades con gusto. Otras quizá llegaron sin que se diera cuenta. Algunas pueden ser importantes para ella y otras haberse convertido en una carga.

Si ahora le cuesta sostenerlas, ¿significa necesariamente que está perdiendo capacidades?

No.

Puede haber síntomas físicos que necesiten atención médica, dificultades emocionales que merezcan acompañamiento y circunstancias vitales que convenga revisar.

No tenemos por qué elegir una sola explicación.

Tampoco sería justo pedirle que resuelva mediante una mejor actitud aquello que requiere descanso, apoyo, tratamiento médico o cambios reales en su entorno.

¿Por qué parece que envejecer es perder algo?

Nuestra relación con el envejecimiento no se construye únicamente frente al espejo.

También se construye a partir de lo que hemos escuchado, de las mujeres que hemos tenido cerca, de cómo se representa a las mujeres mayores y del valor que socialmente se atribuye a determinadas etapas de la vida.

Durante mucho tiempo, las historias protagonizadas por mujeres se han contado alrededor de la juventud, la belleza, el enamoramiento o la maternidad.

¿Y después?

En 2023, un artículo de The Guardian, titulado All the rage: the rise of the menopause novel, exploraba cómo distintas escritoras estaban situando a mujeres de mediana edad en el centro de sus novelas.

No como personajes secundarios que observan lo que les ocurre a los demás, sino como protagonistas con deseos, contradicciones, rabia, humor, problemas y decisiones propias.

Entre las obras mencionadas están Broken Light, de Joanne Harris, Amazing Grace Adams, de Fran Littlewood, y The Change, de Kirsten Miller.

Algunas recurren incluso a la fantasía para cuestionar la idea de que una mujer, al envejecer, va perdiendo interés o relevancia.

Más allá de sus argumentos, esas historias plantean una cuestión que merece la pena considerar: ¿cuánto de lo que creemos perder con la edad responde a cambios reales y cuánto a la manera en que hemos aprendido a interpretar esos cambios?

Porque una cosa es que el cuerpo cambie, y otra que esos cambios determinen nuestro valor, nuestro atractivo, nuestra capacidad de disfrutar o el lugar que ocupamos en el mundo.

Y, por supuesto, no todas las mujeres viven estas cuestiones de la misma manera.

Puedes echar de menos cosas de tu vida anterior y no querer recuperarlo todo

Hay una contradicción que, en realidad, no tiene por qué serlo.

Puedes echar de menos la energía que tenías hace unos años y, al mismo tiempo, darte cuenta de que entonces vivías demasiado pendiente de las necesidades de los demás.

Puedes querer sentirte mejor físicamente y no desear volver a la relación que tenías con tu cuerpo, quizá marcada por la exigencia de gustar o de mantener una determinada apariencia.

Puedes sentir tristeza por algunos cambios y alivio por otros.

Y puedes querer muchísimo a las personas que forman parte de tu vida mientras reconoces que necesitas más espacio para ti.

No hace falta escoger entre una cosa y la otra.

A veces interpretamos estas contradicciones como señales de que estamos confundidas, cuando pueden estar mostrando que nuestras necesidades no son tan simples como nos gustaría.

Lo que resultaba importante en una etapa puede seguir siéndolo, perder prioridad o adquirir un significado diferente.

Y eso no convierte tu vida anterior en un error.

Has vivido de una determinada manera, con los recursos, las circunstancias, los aprendizajes y las decisiones que tenías entonces.

Quizá algunas de esas formas de vivir siguen teniendo sentido. Quizá otras necesitan ser revisadas.

No porque hayas alcanzado una edad concreta, sino porque las personas cambiamos y nuestras circunstancias también.

La obligación de reinventarse también puede convertirse en otra exigencia

En los últimos años han aparecido discursos que presentan la menopausia como una etapa de liberación, empoderamiento y redescubrimiento personal.

Y para algunas mujeres puede serlo.

Pero ¿qué ocurre si tú no la estás viviendo así?

¿Si estás agotada, preocupada por tus síntomas, atravesando un duelo, teniendo dificultades en tu relación o sencillamente intentando llegar al final del día?

Convertir esta etapa en una maravillosa oportunidad de transformación puede acabar generando una presión parecida a la que pretendía combatir.

Antes parecía que había que mantenerse joven a toda costa.

Ahora, en determinados discursos, parece que hay que envejecer de manera extraordinaria, sentirse libre, descubrir una nueva pasión y aprovechar cada cambio para convertirse en una versión mejorada de una misma.

Y quizá no necesitas nada de eso.

Quizá necesitas dormir mejor. Recibir atención médica. Poder hablar de lo que te preocupa. Repartir responsabilidades. Recuperar algo que disfrutas. O simplemente atravesar esta etapa sin que nadie te diga cómo deberías sentirte.

No tienes que convertir cada cambio de tu vida en una lección ni cada dificultad en una oportunidad.

A veces lo importante es poder reconocer lo que está ocurriendo y decidir qué necesitas hacer con ello.

¿Quién eres cuando dejas de exigirte ser siempre la misma?

La identidad no es algo que construimos una vez y después permanece intacto.

Se va configurando a través de nuestras experiencias, relaciones, decisiones y de las historias que nos contamos sobre nosotras mismas.

Puede que durante muchos años te hayas definido por tu capacidad de trabajar, cuidar, organizar, responder o estar disponible.

Y puede que esas cualidades continúen siendo importantes para ti.

La cuestión no es renunciar a ellas, sino poder preguntarte cuánto espacio ocupan y si dejan sitio para otras necesidades.

Tal vez puedas empezar explorando algunas preguntas:

¿Qué aspectos de mi vida quiero conservar porque siguen siendo importantes para mí?

¿Qué cosas estoy manteniendo por deseo y cuáles por miedo a decepcionar o dejar de cumplir ciertas expectativas?

¿Qué necesidades estoy descubriendo o reconociendo ahora que antes quedaban en segundo plano?

No son preguntas que debas responder inmediatamente. Ni tienen una respuesta universal.

Tampoco significa que cualquier malestar que aparezca durante la menopausia esconda una crisis de identidad.

A veces una dificultad es, sencillamente, una dificultad que necesita atención. No tenemos que buscarle un significado profundo para tomárnosla en serio.

La importancia de poder vivir esta etapa a tu manera

La menopausia no define quién eres.

Es una transición biológica que puede tener implicaciones físicas, emocionales y sociales, pero tu experiencia estará influida por muchas otras cosas: tu historia, tu salud, tus relaciones, los recursos de los que dispones y las circunstancias en las que vives.

Cuando los síntomas afectan a tu bienestar, es importante contar con una valoración sanitaria adecuada y conocer las opciones de atención disponibles.

Y cuando aparecen dificultades emocionales, conflictos relacionados con la identidad, la autoestima o las relaciones, el acompañamiento psicológico puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo y explorar posibles maneras de afrontarlo.

No para enseñarte cómo debe ser una mujer en esta etapa.

Ni para convencerte de que tienes que aceptar todos los cambios con una sonrisa.

Sino para que puedas tomar decisiones teniendo en cuenta lo que te importa, lo que necesitas y las posibilidades reales de las que dispones.

Porque quizá quieras recuperar muchas cosas de la mujer que eras antes.

Y quizá haya otras que prefieras dejar atrás.

No tienes que elegir entre seguir siendo tú o permitirte cambiar.

Fuentes y lecturas complementarias

Contexto sanitario

Organización Mundial de la Salud — Menopausia. Información sobre la transición menopáusica y sus dimensiones físicas, psicológicas y sociales.

NHS — Síntomas de la menopausia y la perimenopausia. Información sanitaria sobre la diversidad de experiencias y síntomas.

Mosconi, L. (2025). Menopausia y cerebro. Nuevas aportaciones de la neurociencia y medicina. Kairós.

Referencia cultural

Lisa Allardice — All the rage: the rise of the menopause novel, The Guardian, 3 de junio de 2023. Sobre las nuevas representaciones literarias de las mujeres en la mediana edad.

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Psicóloga sanitaria colegiada

Sobre Eirene García

Eirene García es psicóloga sanitaria, fundadora de Eirene García Psicología y autora de Cuando nada es seguro, todo es posible.

Acompaña a personas que atraviesan ansiedad, trauma, duelo, dificultades en las relaciones y momentos de cambio, desde una mirada que integra historia, contexto y necesidades actuales.

Su forma de trabajar y de comunicar busca ayudar a comprender qué está ocurriendo, qué función han tenido determinadas formas de afrontar lo vivido y qué puede necesitar cada persona para avanzar de una manera más ajustada a su realidad.

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