✨​Descubriendo la Verdad sobre la Terapia: Desmitificando Creencias Erróneas✨​

Ir a terapia es un paso valiente y saludable para cuidar de tu bienestar mental, peeeeeeero no es fácil.

No es fácil porque, por norma general, duele mirar dentro.

Siempre digo que la terapia es como una limpieza general: hay que quitar cortinas, mover el frigorífico y vaciar los armarios… Da pereza, porque parece que lo que no vemos no existe, pero la suciedad está ahí. La pregunta es ¿hasta qué punto estás dispuesta a ver la realidad?

En primer lugar hay que hablar de las creencias que tenemos respecto a la terapia psicológica, sobre todo si nunca has ido.

Así que vamos a desmitificar algunos de los conceptos equivocados más comunes para que puedas tomar una decisión informada sobre buscar ayuda terapéutica.

Mito 1: “Solo las personas con problemas graves lo necesitan”

Realidad: La terapia no está reservada únicamente para personas con trastornos mentales graves. Puede ser útil para cualquier persona que desee mejorar su calidad de vida, manejar el estrés, desarrollar habilidades de afrontamiento, o trabajar en el crecimiento personal. No es necesario estar en una crisis para beneficiarse de la terapia.

Mito 2: “La terapia dura para siempre”

Realidad: La duración de la terapia varía según las necesidades de cada individuo. Algunas personas pueden encontrar soluciones en unas pocas sesiones, mientras que otras pueden necesitar un apoyo continuo a largo plazo. La duración de la terapia se decide en conjunto con el terapeuta y depende de los objetivos y del trabajo que la persona haga.

Mito 3: “Ir al/ a la psicólogx es solo para hablar; no resuelve problemas”

Realidad: La terapia no se trata solo de hablar, sino de adquirir herramientas y estrategias para afrontar los desafíos de la vida. Los terapeutas utilizan diversas técnicas y enfoques para ayudarte a comprender y resolver tus problemas.

Mito 4: “La terapia es cara e inaccesible”

Realidad: Es verdad que hay personas que no pueden permitirse la terapia, además, las opciones desde la seguridad social funcionan como todo el mundo sabe, necesitando buscar otras opciones.

Pero lo que sí quiero que quede claro es que el tema de poder/no poder ir a terapia por un tema económico tiene a veces que ver con la importancia que le damos. Es decir, en un móvil nos podemos gastar 500-600 euros, en unos pantalones 40, en salir a cenar o de fiesta 70 euros… Todo depende de dónde tengamos nuestras prioridades.

Mito 5: “La terapia no funciona”

Realidad: La terapia ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de una amplia gama de problemas de salud mental. La clave del éxito es encontrar a alguien con quien seas capaz de crear la alianza terapéutica esencial para que la terapia funcione.

En psicología hay varias orientaciones terapéuticas (existen, precisamente, porque las personas somos muyyy diferentes). Si ves que algo no va contigo, coméntalo en terapia o busca directamente a otrx profesional con una orientación diferente.

Mito 6: “Puedo manejar mis problemas por mí mismx”

Realidad: Si bien la resiliencia es valiosa, a veces todos necesitamos apoyo. La terapia te proporciona un espacio seguro para explorar tus pensamientos y sentimientos con un profesional capacitado que puede ofrecer orientación y apoyo objetivos.

Mito 7: “En terapia tengo que sentirme siempre bien”

Realidad: La terapia puede doler, puede ser desagradable. Hay, incluso, cosas que no nos gusta escuchar y esto hace que la abandonemos y/o nos convenzamos que no nos es útil.

En mi caso, tengo una lista de realidades que hay que asumir y que es importante tenerlas en cuenta cuando nos planteamos ir a terapia.

  1. La vida entraña, a veces, dolor.
  2. Intentar cambiar a alguien es como perfumar una mierda: misión imposible.
  3. No podemos evitar la oscuridad pero podemos decidir encender la luz.
  4. Tu pasado no te condena. Puedes elegir cómo vivir a partir de ahora.
  5. El error es el modo de aprendizaje humano por excelencia.
  6. Elige las batallas que quieres librar.
  7. Una cosa son los valores y otra la forma de llevarlos a cabo.
  8. El lugar donde ponemos la atención es donde pondremos el poder.
  9. Hecho mejor que perfecto.
  10. No creas todo lo que piensas porque el 99% sólo está en tu cabeza.
  11. Hay personas de las que eres amiga que no son amigas tuya.
  12. No eres, te comportas.

En resumen, la terapia es una herramienta poderosa para el cuidado de la salud mental que no debería estar rodeada de mitos y creencias erróneas. Si estás considerando la posibilidad de buscar ayuda terapéutica, recuerda que es un acto de autocuidado y fortaleza, independientemente de la naturaleza de tus preocupaciones. No dudes en buscar apoyo y dar el paso hacia una vida más saludable y equilibrada.

✨​¿Y tú no vas a tener hijos?✨​

“Cada vez que me hacían esa pregunta mi alma se partía un poquito. 8 años de periplo llevamos por diferentes médicos y clínicas y seguimos sin conseguir nada.”

El duelo por infertilidad o esterilidad es una respuesta emocional y psicológica que experimentan muchas personas y parejas que tienen dificultades para tener descendencia.

Este proceso de duelo se asemeja en muchos aspectos al duelo experimentado tras la pérdida de un ser querido, ya que implica la pérdida de la esperanza de tener un/a hijx biológicx.

La búsqueda de soluciones a la infertilidad a menudo conduce a tratamientos de reproducción asistida, como la fertilización in vitro (FIV) o la inseminación artificial. Aunque estos tratamientos ofrecen esperanza, también vienen acompañados de un duelo adicional. Los altibajos emocionales son comunes, y las expectativas pueden ser tanto un aliado como un enemigo. Cada intento y cada resultado, ya sea positivo o negativo, desencadenan una nueva ola de emociones.

Algunos de los sentimientos y emociones comunes asociados con el duelo por infertilidad incluyen:

Tristeza y Dolor

La infertilidad o esterilidad a menudo desencadena un proceso de duelo. Las parejas pueden sentir una profunda tristeza, dolor y pérdida por la oportunidad de tener un hijo biológico. Este duelo puede ser un proceso largo y complejo.

Ira y Frustración

La frustración y la ira son emociones naturales cuando las expectativas de tener un hijo no se cumplen. Las parejas pueden sentirse enojadas con su situación, con el sistema de atención médica, o incluso con ellos mismos.

Culpa y Vergüenza

Algunas personas pueden sentirse culpables o avergonzadas, como si la infertilidad fuera su culpa o estuviera relacionada con algún defecto personal. Estos sentimientos son injustificados, pero son comunes.

Ansiedad y Estrés

El proceso de someterse a pruebas y tratamientos médicos puede generar una gran ansiedad y estrés. La incertidumbre sobre el resultado de los tratamientos también puede ser abrumadora.

Aislamiento

A menudo, las personas pueden sentirse aisladas y solas en su dolor. Pueden distanciarse de amigos y familiares que no comprenden completamente su situación o que les dan fórmulas que no son válidas para transitar lo que están viviendo (“no hace falta tener hijxs para ser feliz”, “puedes adoptar”, “cuando te relajes seguro que pasa”…)

Esperanza intercalada con Desesperanza

El proceso de reproducción asistida a menudo implica altibajos emocionales, ya que cada intento puede ofrecer esperanza seguida de desesperanza si no tiene éxito.

¿Y qué ocurre a nivel de pareja?

La infertilidad puede poner a prueba la relación de pareja de formas inimaginables. El estrés de las pruebas, los tratamientos y las citas médicas puede ejercer una presión abrumadora. Comunicarse abierta y honestamente es fundamental, pero a menudo, la culpa y la vergüenza pueden dificultar esta comunicación.

Es importante tener en cuenta el bienestar mental y emocional durante todo este proceso. La búsqueda de ayuda profesional, como la terapia, puede ser fundamental para abordar la depresión, la ansiedad u otros problemas de salud mental que puedan surgir.

Asumir la infertilidad implica también planificar el futuro sin hijxs. Esto puede implicar establecer nuevas metas y prioridades, encontrar significado en otras áreas de la vida y considerar el impacto de no tener hijos en la vida cotidiana y en la vejez.

Es importante reconocer que el duelo por infertilidad es un proceso válido y real que puede ser abrumador. Buscar apoyo emocional, ya sea a través de terapia, grupos de apoyo, amigxs o familiares, puede ayudar a las personas y parejas a sobrellevar estas emociones y encontrar formas de afrontar la infertilidad de manera más saludable.

✨​Miedo a “molestar”✨​

A ver si algo de esto te suena…

Vas a la peluquería y, aunque expresas claramente qué quieres, no dices nada cuando te hacen otro corte o peinado.

Aunque en el trabajo la gente tiende a pedirte ayuda, tú te sobrecargas porque nunca pides nada.

Hablas bajito o incluso no hablas demasiado.

¿Alguna vez te has sentido incómodx a la hora de pedir ayuda o expresar tus opiniones? ¿Te has preocupado por ser una molestia para los demás? Si es así, no estás solx. Muchas personas experimentan lo que se conoce como el miedo a “molestar”, una emoción que puede limitar su capacidad de comunicarse efectivamente y de aprovechar oportunidades en la vida. En este artículo, veremos algunas causas y cómo podemos superarlo.

¿Por qué tememos molestar a los demás?

Búsqueda de aprobación social

Uno de los motivos más comunes para el miedo a molestar es la búsqueda de la aprobación de los demás. Las personas temen que al pedir ayuda o expresar sus necesidades, los demás los vean como una carga o los rechacen.

Experiencias pasadas negativas

Las experiencias previas de rechazo o crítica pueden contribuir al miedo a molestar. Las personas que han sido juzgadas o desalentadas en el pasado tienden a ser más cautelosas en sus interacciones.

Falta de confianza

La baja autoestima y la falta de confianza en uno mismo pueden llevar a la creencia de que nuestras necesidades o preguntas no son importantes.

¿Nace en la infancia el miedo a molestar?

La relación entre el miedo a molestar y nuestra infancia es profunda y significativa. Nuestra crianza y las experiencias que vivimos en nuestros primeros años pueden tener un impacto duradero en nuestra capacidad para expresarnos y relacionarnos con el mundo.

Las formas en que la crianza puede contribuir al miedo a molestar en la vida adulta son:

  1. Modelado de comportamiento: En la infancia se tiende a imitar el comportamiento de padres/madres y cuidadorxs. Si lxs adultxs que los rodean evitan pedir ayuda o expresar sus necesidades por miedo a molestar a otras personas, se puede aprender que hacer lo mismo es la norma. Ejemplo: Si un niño crece viendo que sus padres siempre tratan de ser autosuficientes y nunca piden ayuda, es posible que internalice la idea de que pedir ayuda es una señal de debilidad o molestia.
  2. Respuestas de los cuidadores: La forma en que lxs cuidadorxs responden a las necesidades y preguntas puede influir en la percepción de si es apropiado o no expresar sus necesidades. Si un cuidador reacciona negativamente o de manera crítica cuando una niña pregunta o solicita algo, la niña puede aprender a temer molestar a los demás. Ejemplo: Si una niña es reprendida por hacer demasiadas preguntas o se le dice que deje de molestar cuando busca atención, es probable que desarrolle miedo a molestar en el futuro.
  3. Expectativas de perfección: Algunas familias tienen expectativas poco realistas de perfección, donde cualquier signo de necesidad o vulnerabilidad se ve como un fracaso. Esto puede llevar a que las criaturas sientan que no pueden cometer errores ni pedir ayuda. Ejemplo: Si un niño es criado en un entorno en el que se espera que siempre sea independiente y no cometa errores, es probable que crezca con el miedo a molestar a los demás cuando necesite orientación o apoyo.
  4. Falta de validación emocional: Cuando los cuidadores no validan las emociones de un niño o no les brindan el apoyo emocional necesario, el niño puede desarrollar una sensación de que sus sentimientos y necesidades no son importantes. Ejemplo: Un niño cuyos padres minimizan sus emociones o no les prestan atención puede crecer sintiendo que sus preocupaciones no merecen ser expresadas.

Es importante destacar que la relación entre la crianza en la infancia y el miedo a molestar en la vida adulta puede variar ampliamente según la experiencia individual de cada persona. Sin embargo, comprender cómo nuestras experiencias tempranas pueden influir en nuestros patrones de comportamiento y creencias puede ser el primer paso para abordar y superar el miedo a molestar y desarrollar relaciones más saludables y comunicativas en la vida adulta.

Cómo superar el miedo a molestar

Reconoce tu valía

Entiende que tus necesidades, preguntas y opiniones son igualmente importantes. Trabaja en mejorar tu autoestima y confianza en ti mismo.

Comunica tus necesidades de manera asertiva

Aprende a expresar tus pensamientos y deseos de manera clara y respetuosa. La asertividad te permite comunicarte efectivamente sin ser agresivo ni pasivo.

Aprende de las experiencias pasadas

Reflexiona sobre las experiencias negativas anteriores y considera lo que puedes aprender de ellas. A menudo, estas experiencias son oportunidades para crecer y fortalecerte.

Busca apoyo

Hablar con amigos, familiares o un profesional de la salud mental puede ser útil para superar el miedo a molestar. Compartir tus preocupaciones puede brindarte perspectiva y apoyo emocional.

El miedo a “molestar” es una emoción común que puede limitar nuestras oportunidades de crecimiento personal y profesional. Sin embargo, reconocer sus raíces y aprender a superarlo puede conducir a una comunicación más efectiva y a una vida más satisfactoria. Todo el mundo merece tener voz y expresar sus necesidades sin sentir que es una molestia para quienes le rodean.

Pero… ¿Qué es la depresión?

La depresión es un trastorno complejo que no se limita a estar triste o tener el ánimo decaído.

En ella confluyen pensamientos, emociones y acciones específicas que hacen la vida muy difícil a quien la padece.

Según datos proporcionados por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social de España, la Encuesta Nacional de Salud Mental realizada en 2017 indicó que aproximadamente el 5.2% de la población adulta en España había experimentado un episodio depresivo mayor en el último año. Y esto teniendo en cuenta el estigma aún presente en nuestra sociedad en cuanto a temas de salud mental.

¿Qué es la Depresión?

La depresión se caracteriza por:

  1. Sentimientos persistentes de tristeza y desesperanza: A diferencia de la tristeza normal, que suele ser una emoción temporal y reactiva a las circunstancias, la tristeza en la depresión es constante y puede no tener una causa aparente.
  2. Pérdida de interés en actividades: Las personas con depresión a menudo pierden el interés en las cosas que solían disfrutar, lo que se conoce como anhedonia.
  3. Cambios en el apetito y el peso: Puede haber un aumento o disminución significativa del apetito, lo que puede llevar a cambios en el peso corporal.
  4. Problemas para dormir: La depresión puede causar insomnio o, en algunos casos, un exceso de sueño.
  5. Fatiga y falta de energía: Las personas con depresión a menudo se sienten agotadas física y mentalmente, incluso después de un buen descanso.
  6. Dificultades cognitivas: La concentración y la toma de decisiones pueden volverse más difíciles durante un episodio depresivo.
  7. Sentimientos de culpa o inutilidad: Las personas con depresión a menudo se culpan a sí mismas por su condición, incluso cuando no tienen control sobre ella.
  8. Pensamientos suicidas: En los casos más graves, la depresión puede llevar a pensamientos suicidas o comportamientos autodestructivos.

Causas

La depresión es una afección multifactorial, lo que significa que no hay una sola causa que la explique completamente. En cambio, varios factores pueden contribuir a su desarrollo. Veamos algunas de las causas más comunes:

  1. Factores genéticos: Existe evidencia de que la depresión puede tener una base genética. Cuando existen antecedentes familiares, hay mayor riesgo de desarrollarla.
  2. Desequilibrios químicos cerebrales: La depresión se asocia con desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina en el cerebro.
  3. Factores ambientales: Experiencias traumáticas, estrés crónico, abuso de sustancias y problemas de salud física pueden desencadenar la depresión.
  4. Cambios hormonales: Las fluctuaciones hormonales, como las que ocurren durante el embarazo, el posparto, la menopausia o en enfermedades endocrinas, pueden desencadenar o agravar la depresión.
  5. Factores psicológicos: La personalidad, el estilo de afrontamiento y los patrones de pensamiento negativos pueden aumentar el riesgo de depresión.

¿Cómo Saber si Tenemos Depresión?

Identificar la depresión en unx mismx o en alguien de nuestro entorno puede ser complicado debido a la variabilidad de los síntomas y la tendencia a minimizarlos. Además, últimamente la sobregeneralización de la etiqueta “depresión” hace que confundamos aún más el término.

Esto no pretende ser una herramienta de diagnóstico (si tienes o crees tener depresión, acude a un profesional) pero puede ayudarnos a entender qué nos pasa:

1. Evalúa tus sentimientos y estados de ánimo: Reflexiona sobre cómo te has sentido últimamente. ¿Has estado persistentemente triste, sin esperanza o abatidx durante al menos dos semanas?

2. Observa tu interés en las actividades: ¿Has perdido interés en actividades que antes disfrutabas?

3. Patrones de sueño y alimentación: ¿Has experimentado cambios significativos en tu apetito o patrones de sueño? (En este caso tenemos que tener en cuenta tanto si aumenta como si disminuye).

4. Fatiga y la energía: ¿Te sientes constantemente cansadx, sin energía o motivación?

5. Evalúa tus pensamientos y autoestima: ¿Tienes pensamientos negativos persistentes sobre ti, sientes culpa sin razón o crees que eres inútil?

6. Preocúpate por los pensamientos suicidas: ¿Has tenido pensamientos de hacerle daño o incluso de suicidio? Esto es una emergencia y debes buscar ayuda inmediatamente.

Si experimentas varios de estos síntomas durante un período prolongado, es recomendable buscar ayuda de profesionales de la salud mental.

¿Qué Hacer si Tienes Depresión?

La depresión es tratable y, con el apoyo adecuado, muchas personas pueden recuperarse. Aquí hay un plan de acción para enfrentar la depresión:

1. Busca ayuda profesional: El primer paso es consultar profesionales de la salud mental. El tratamiento puede incluir terapia, medicamentos o una combinación de ambos, según la gravedad del caso.

2. Construye un sistema de apoyo: Hablar sobre tus sentimientos con amigxs y familiares puede ser reconfortante. El apoyo social es fundamental para la recuperación.

3. Aprende sobre la depresión: Entender tu condición puede ayudarte a manejarla mejor. Investiga y educa a tu círculo cercano para que también comprendan lo que estás experimentando.

4. Establece una rutina: Mantener una estructura diaria puede ayudarte a recuperar un sentido de normalidad y control.

5. Practica el autocuidado: Dedica tiempo a actividades que te hagan sentir bien, como el ejercicio, la meditación, la alimentación saludable y el sueño adecuado.

6. Evita el aislamiento: La depresión a menudo lleva a la soledad. Esfuérzate por mantener conexiones.

Aprender sobre salud mental es importante porque, por un lado quitamos el estigma que aún acompaña y, por otro, conseguimos diferenciar un momento vital complicado de un trastorno que requiera tratamiento.

“Siento que voy a volverme loca”

“El primer pensamiento intrusivo que tuve fue creer que podía perder la cabeza y quitarme la ropa en medio de una clase”

¿Qué son los pensamientos intrusivos?

Los pensamientos intrusivos son pensamientos no deseados y repetitivos que surgen en la mente de una persona, a pesar del esfuerzo por evitarlos o eliminarlos.

Estos pensamientos a menudo se sienten inapropiados, perturbadores o inquietantes.

Pueden variar ampliamente en contenido y gravedad, pero lo que tienen en común es que la persona no puede controlarlos, provocan emociones desagradables muy intensas y buscan activamente que desaparezcan.

Los pensamientos intrusivos pueden manifestarse en diversas formas, como imágenes, ideas o impulsos que se repiten en la cabeza de una persona.

Si no se abordan, es posible que lleguen a dominar nuestras vidas por completo. Al concentrar toda nuestra atención en ellos, excluimos la realidad que nos rodea. En este estado, nos vemos impotentes para desviar nuestra atención hacia otras experiencias, ya que estos pensamientos obsesivos ejercen un control abrumador. La rumiación constante de pensamientos puede generar ansiedad, sufrimiento y una sensación de descontrol.

Ejemplos de pensamientos intrusivos

Ya conocemos las caracterísitcas: automáticos, persistentes y desagradables.

Pero ¿cómo sé si lo que tengo es un pensamiento intrusivo? Veamos algunos ejemplos:

Preocupación constante por el futuro

Vernos atrapadxs sobre lo que podría salir mal en el futuro. Estos pensamientos pueden incluir escenarios catastróficos, como perder el trabajo, tener problemas de salud graves o enfrentar desastres financieros.

Rumiar sobre conversaciones pasadas

Uno de los más comunes es tender a revisar conversaciones o interacciones pasadas y preocuparse por si dijeron algo incorrecto o embarazoso. Estos pensamientos intrusivos pueden hacer que la persona se sienta avergonzada o ansiosa incluso después de que la conversación haya terminado.

Pensamientos Violentos o Agresivos

Algunas personas pueden experimentar pensamientos intrusivos relacionados con la violencia. Por ejemplo, pueden tener imágenes mentales de causar daño a otras personas o a sí mismas, a pesar de no tener intenciones reales de hacerlo. Estos pensamientos pueden causar una gran angustia.

Hipocondría

Son todos aquellos relacionados con la salud. Es la preocupación constante por tener una enfermedad grave, a pesar de que los síntomas que experimentan son leves o normales, incluso inexistentes.

Dudas obsesivas

Las dudas obsesivas son pensamientos intrusivos relacionados con la incertidumbre. Por ejemplo, alguien podría obsesionarse con la idea de que dejó la puerta de su casa abierta, incluso si sabe que la cerró con llave. Estas dudas pueden ser tan intensas que la persona siente la necesidad de verificar repetidamente, lo que puede interferir en su vida diaria.

Pensamientos de catástrofe

Otro tipo son los relacionados con una catástrofe. Obsesionarnos con la posibilidad de un tsunami, de que alguien tenga un accidente o de que algo terrible va a ocurrir a un ser querido de forma inmininte. Las imágenes pueden ser tan vívidas que sobrestimamos la probabilidad de que realmente ocurra.

Manejando los Pensamientos Intrusivos

Si experimentas pensamientos intrusivos que te causan malestar, aquí hay algunas estrategias que pueden ayudarte:

Conciencia Plena (Mindfulness)

La práctica de la atención plena puede ayudarte a observar tus pensamientos sin juzgarlos ni reaccionar ante ellos de manera automática. Esto puede ayudarte a distanciarte de los pensamientos intrusivos y reducir su impacto emocional.

Dice Nazaret Castellanos que cuando estamos desocupados nuestra mente tiende a irse a una parte del cerebro que se llama la red neuronal por defecto. Ahí es donde puede pasar todo lo que te puedas imaginar o tu mente traiga en ese momento.

Cuando nos enfocamos en una tarea/actividad ponemos en marcha nuestra corteza prefrontal que es la que pone conciencia, sabe lo que esta haciendo, está presente en ese momento, se da cuenta de lo que pasa a su alrededor y actúa de acuerdo a ello, no a lo que se imagina.

Apoyo Social

Hablar con amistades o familiares de confianza sobre tus pensamientos intrusivos puede ser útil. Muchas veces no hablamos de esos pensamientos por miedo a que otras personas nos juzguen pero, compartir lo que sientes puede aliviar la carga emocional y brindarte una perspectiva diferente. Muchas veces sólo por escucharnos en alto decir lo que pensamos, tomamos conciencia de que no es la realidad.

Considera la Ayuda Profesional

Si los pensamientos intrusivos son abrumadores o interfieren significativamente en tu vida diaria, busca ayuda profesional. La terapia puede proporcionarte orientación y tratamiento personalizado.

✨​Entendiendo los Trastornos de Conducta Alimentaria✨​

Los trastornos de conducta alimentaria son mucho más que simples preocupaciones sobre la comida y la apariencia.

Este conjunto de trastornos afectan a millones de personas en todo el mundo y pueden tener efectos profundos en la salud física y mental. En este artículo, exploraremos los trastornos de conducta alimentaria desde una perspectiva más profunda, arrojando luz sobre sus causas, síntomas y la importancia de la comprensión y el apoyo.

Causas y Factores Desencadenantes

Los trastornos de conducta alimentaria están influenciados por una variedad de factores, que van desde la genética y la biología hasta la cultura y el entorno social.

Los problemas emocionales y psicológicos también pueden desempeñar un papel crucial. Es importante recordar que estos trastornos no son simplemente “caprichos” o elecciones personales… Son síntoma de problemas más profundos.

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son condiciones complejas y multifactoriales que resultan de la interacción entre varios factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Aunque no existe una causa única y definitiva para los TCA, la investigación científica ha identificado varios factores que pueden contribuir al desarrollo de estas condiciones.

Algunas de las causas investigadas incluyen:

Factores Genéticos y Biológicos

Se ha observado una predisposición genética a los TCA, lo que significa que las personas con antecedentes familiares de estos trastornos podrían tener un mayor riesgo de desarrollarlos. Además, los desequilibrios químicos en el cerebro, incluidos neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, pueden influir en la regulación del apetito, el estado de ánimo y la impulsividad, lo que a su vez podría estar relacionado con los TCA.

Factores Psicológicos y Emocionales

Problemas de autoestima, perfeccionismo, ansiedad, depresión y baja tolerancia a la angustia son factores psicológicos que se han relacionado con los TCA. Las personas que enfrentan estas dificultades emocionales pueden recurrir a la alimentación o la restricción como una forma de lidiar e intentar controlar sus emociones.

Factores Socioculturales

La presión cultural para cumplir con ciertos estándares de belleza y peso puede tener un impacto significativo en el desarrollo de TCA, especialmente en las personas que son más susceptibles a las influencias externas. Los medios de comunicación, la publicidad y las redes sociales pueden contribuir a la promoción de imágenes corporales poco realistas.

Historial de Dietas Restrictivas

Las dietas restrictivas o la participación en regímenes extremadamente bajos en calorías pueden desencadenar TCA, ya que estas restricciones pueden llevar a un aumento de la obsesión por la comida y a la posibilidad de episodios de atracón.

Historias de Trauma o Abuso

Experiencias traumáticas, como el abuso físico, emocional o sexual, pueden contribuir al desarrollo de TCA. El trastorno puede utilizarse como una forma de controlar o distanciarse de los sentimientos relacionados con el trauma.

Cambios en la Pubertad y la Adolescencia

Los cambios hormonales que ocurren durante la pubertad pueden desempeñar un papel en el desarrollo de TCA, ya que pueden afectar la percepción de la imagen corporal y la regulación del apetito.

Comorbilidad con Otros Trastornos de Salud Mental

Los TCA a menudo se presentan junto con otros trastornos de salud mental, como la depresión, la ansiedad y los trastornos de personalidad

Es importante destacar que los trastornos de la conducta alimentaria son resultado de una interacción compleja de estos y otros factores, y las causas exactas pueden variar en cada individuo. La comprensión científica de los TCA sigue evolucionando a medida que se realizan más investigaciones y se profundiza en las complejidades de estos trastornos.

Síntomas y Señales de Trastornos de la Conducta Alimentaria

Reconocer los síntomas de los trastornos de conducta alimentaria puede ser un desafío, ya que a menudo se manifiestan de manera sutil. Desde la anorexia hasta la bulimia y el trastorno por atracón, cada trastorno tiene sus propios signos característicos. Estos pueden incluir cambios drásticos en el peso corporal, obsesión por la comida y la apariencia, evitación de comidas sociales y comportamientos compulsivos relacionados con la comida.

Algunas Consecuencias de los TCAs

Problemas de Salud Física

Los cambios en la dieta, las restricciones, las conductas compensatorias… pueden tener consecuencias en nuestro cuerpo como por ejemplo problemas cardiovasculares, osteoporosis, diabetes, deterioro en el sistema inmunológico, problemas gastrointestinales, alteraciones endocrinas por nombrar sólo algunas..

Problemas de Salud Mental

La depresión, la ansiedad y otros trastornos de salud mental son comórbidos con los trastornos de la conducta alimentaria.

Aislamiento Social

La preocupación constante por la comida y la imagen corporal puede llevar al aislamiento social y a dificultades en las relaciones interpersonales.

Deterioro de la Calidad de Vida

Muy relacionado con lo anterior y con la evitación de ir a ciertos lugares o estar con personas que impliquen comer disminuye el disfrute y, por lo tanto, la calidad de vida de la persona con trastornos de la conducta alimentaria.

Impacto en la Autoestima

La insatisfacción con la imagen corporal y la cantidad de distorsiones cognitivas puede afectar a la autoestima de la persona en su conjunto, sintiéndose poco válida en ámbitos que, en principio, no se relacionan con el aspecto.

La Importancia del Apoyo y la Comunicación

Para quienes luchan con trastornos de conducta alimentaria, el aislamiento y la vergüenza pueden ser desafíos abrumadores. Aquí es donde el apoyo y la comunicación juegan un papel crucial. Amigos, familiares y profesionales de la salud pueden proporcionar un sistema de apoyo vital, brindando comprensión y aliento en el camino hacia la recuperación.

Promoviendo la Conciencia y la Educación sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria

La conciencia y la educación son fundamentales para abordar los trastornos de conducta alimentaria. Al comprender que estos trastornos son enfermedades complejas, podemos reducir el estigma y fomentar entornos de apoyo. Además, es esencial promover la educación sobre la prevención y la detección temprana en las comunidades, escuelas y hogares.

Los trastornos de conducta alimentaria son un recordatorio poderoso de la complejidad de la mente humana y la influencia de diversos factores en nuestra relación con la comida y la imagen corporal. Al mirar más allá de la superficie y abordar las causas subyacentes, podemos construir una base más sólida para la comprensión, la empatía y el apoyo necesario para la recuperación. Recuerda, nunca estás solx en esta lucha, y la búsqueda de ayuda es un paso valiente hacia una vida más saludable y equilibrada.

¿Se cura la ansiedad?

Yo estuve mal, muy mal.

Desde que recuerdo he tenido ansiedad. El primer ataque de pánico me dio con 9 años. Tardaron casi 10 en diagnosticarme.

A partir de ahí he tenido momento mejores y peores, desarrollando una agorafobia feroz por la que no conseguía salir ni al salón de la casa de mis padres.

Dejé de conducir, trabajar, salir, estar con amigxs… No podía ver ciertas series o películas, por si aparecía aquello que temía. Toda mi vida se redujo a mi habitación.

Esto, evidentemente, me “generó” una depresión.

Tras mucho apoyo, terapia y trabajo por mi parte comencé a salir de esa situación poco a poco. 

Cada vez que hacía algo tenía que saber exactamente por dónde íbamos a ir, dónde íbamos a estar. Necesitaba saber en qué lugar nos sentaríamos en un bar, por ejemplo.

Esto hacía que no me sintiera cómoda yendo con personas que no sabían lo que me pasaba (que eran casi todas).

Había calles por las que no pasaba, transportes que no cogía, horas en las que no salía. Estuve AÑOS sin ir a una tienda.

Absolutamente toda mi vida estaba controlada por la ansiedad. Para evitarla, más bien.

Esto lo cuento como contexto para que podáis llegar a entender el punto de inicio y el camino recorrido.

Hoy puedo decir que estoy bien. Es cierto que aún me quedan cosillas que trabajar como montarme en avión o ir a la playa, pero nada que me impida hacer una vida completamente “normal”.

Y es que ser “normal” (sin que serlo exista) es a lo que aspiramos cuando estamos muy mal. (Siempre pensaba en lo que se esfuerza la gente por escapar de lo común, y, en cambio, cuando se está fuera… Pero bueno, eso ya es filosofía.)

Pero ahora…

A lo que voy es que ahora mismo voy donde quiero, no sólo donde puedo. Que cuando digo “me da igual” a un plan, es porque de verdad me da lo mismo. Porque antes, tenía que ingeniármelas para que el grupo fuera donde yo estuviera más o menos cómoda.

Viajo, voy al cine, puedo ir de compras (no es que me encante, pero…), hago fila para pagar.

Con mucho trabajo toda esa anticipación ha desaparecido, lo que me ha dado una paz mental que no sé ni cómo explicar.

Al principio fue curioso porque mi mente no sabía qué hacer. Es decir, yo solo había vivido con un discurso interno repetitivo e intenso. Cuando esa voz se calló tuve que reeducar a mi mente a pensar en otras cosas. Cosas que me fueran útiles. Antes no tenía tiempo.

Noto que me concentro mejor, que tengo más imaginación (o al menos la enfoco mucho mejor), que estoy más pendiente de las personas que me rodean. Porque sí, los trastornos emocionales son terriblemente egocéntricos.

No he conseguido llegar al silencio mental (eso lo dejo para los budas) pero sí que soy yo quien controla ese flujo, y no al revés.

Me cuesta volver a esa etapa de mi vida aunque sea en recuerdo, pero me pidieron que lo compartiera para hacerte saber que hay luz. 

En serio, por muy mal que te encuentres ahora, por muchas terapias inútiles que hayas empezado, sigue buscando hasta dar con la tecla.

Merece la alegría.

Te lo aseguro.

Aprender a Desaprender

El aprendizaje es un proceso fascinante que impulsa nuestro crecimiento personal y profesional. A medida que adquirimos nuevas habilidades y conocimientos, nuestros cerebros se convierten en un escenario de cambios asombrosos. 

Sin embargo, también hemos experimentado la frustrante sensación de que ciertos hábitos o creencias profundamente arraigados son difíciles de deshacer. ¿Por qué es tan complicado revertir lo que hemos aprendido? Vamos a explorar el mecanismo neuronal detrás del aprendizaje y entender por qué algunos patrones son tan resistentes al cambio.

¿Cómo aprendemos?

El proceso de aprendizaje comienza con la comunicación entre las neuronas en nuestro cerebro. Cuando experimentamos algo nuevo, las neuronas se conectan y forman sinapsis, que son las conexiones intercelulares a través de las cuales la información fluye. Estas sinapsis se fortalecen o debilitan en función de la repetición y la relevancia de la experiencia. Aquí es donde entra en juego la plasticidad sináptica, que permite que las conexiones neuronales se modifiquen en función de la experiencia.

Persistencia del Aprendizaje

Una vez que hemos aprendido algo, el cerebro construye un camino neural sólido para esa información. Estos caminos se vuelven más resistentes con el tiempo, lo que explica por qué es difícil deshacer lo que hemos aprendido. Imagina estos caminos como senderos trazados en un bosque: cuanto más se camina por un sendero, más marcado y difícil de cambiar se vuelve.

Reforzamiento y Emoción

El refuerzo juega un papel esencial en la consolidación del aprendizaje. Cuando experimentamos una recompensa o un resultado positivo como resultado de una acción específica, nuestro cerebro refuerza las conexiones sinápticas relacionadas con esa acción. Del mismo modo, las experiencias emocionales también influyen en la persistencia del conocimiento. Las lecciones aprendidas en momentos emocionales tienden a quedarse grabadas más profundamente en nuestro cerebro, lo que dificulta su eliminación.

Inercia Cognitiva

Se refiere a la tendencia humana a aferrarse a patrones de pensamiento, creencias y hábitos establecidos, incluso cuando ya no son beneficiosos o apropiados. Esta resistencia al cambio cognitivo puede dificultar la adopción de nuevas ideas, la adaptación a situaciones cambiantes o la modificación de comportamientos arraigados. Se produce por varias razones psicológicas y neurológicas:

Eficiencia Mental

 Nuestros cerebros buscan la eficiencia y la conservación de energía. Una vez que hemos aprendido una forma de hacer algo, es más fácil y rápido seguir haciéndolo de la misma manera, ya que requiere menos esfuerzo mental que aprender algo nuevo o cambiar un hábito.

Confort y Familiaridad

Las personas tienden a sentirse cómodas con lo que ya conocen y con lo que es familiar. La novedad y lo desconocido pueden generar ansiedad, por lo que la inercia cognitiva actúa como una especie de “zona de confort” que nos protege de la incertidumbre.

Consistencia y Coherencia

Las personas tienen un deseo natural de mantener la coherencia en sus creencias y acciones. Cambiar de opinión o comportamiento puede percibirse como una amenaza a la coherencia personal, lo que lleva a la resistencia al cambio.

Coste de Oportunidad

Cambiar de dirección o adquirir nuevas habilidades puede requerir una inversión significativa de tiempo, esfuerzo y recursos. La inercia cognitiva puede surgir cuando la percepción del costo de oportunidad supera los posibles beneficios de cambiar.

Influencia Social del Aprendizaje

 Nuestro entorno y las personas que nos rodean pueden influir en nuestras creencias y comportamientos. La conformidad social puede mantenernos en patrones establecidos, incluso si no se ajustan a nuestras necesidades o metas individuales.

Sesgos Cognitivos

Los sesgos cognitivos, como la aversión a la pérdida o la aversión al riesgo, pueden llevar a mantener comportamientos o creencias que no son racionales desde una perspectiva objetiva.

Recompensa y Refuerzo Pasado

Si en el pasado hemos experimentado recompensas o resultados positivos relacionados con un patrón de pensamiento o comportamiento específico, es más probable que mantengamos esa conducta, incluso si ya no es adecuada en el presente.

La inercia cognitiva puede ser beneficiosa en ciertas situaciones, ya que permite la automatización de tareas cotidianas y la conservación de energía mental. Sin embargo, también puede ser un obstáculo cuando se trata de adaptarse a nuevos desafíos, aprender nuevas habilidades o cuestionar creencias obsoletas. Reconocer la inercia cognitiva y desarrollar la capacidad de superarla es fundamental para el crecimiento personal y la toma de decisiones informadas.

Adaptación al Cambio

Si bien puede parecer que deshacer lo aprendido es una tarea monumental, nuestro cerebro es sorprendentemente adaptable. La neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizarse, persiste a lo largo de toda la vida. Al exponernos a nuevas experiencias y enfoques, podemos crear nuevos senderos neuronales y debilitar las conexiones existentes.

El mecanismo neuronal del aprendizaje y la persistencia del conocimiento es un campo en constante exploración. A medida que comprendemos mejor cómo nuestro cerebro adquiere y retiene información, también podemos desarrollar estrategias para deshacer lo que ya hemos aprendido. Aunque desafiar la inercia cognitiva y reconfigurar las conexiones neuronales puede ser un desafío, la plasticidad cerebral nos brinda la esperanza y la oportunidad de seguir creciendo y evolucionando a lo largo de nuestras vidas.

¿Malestar físico o psicológico?

“Me empezó un dolor fuerte en el centro del pecho que subía hasta la mandíbula. De uno a 10 podía ser perfectamente un 7 u 8. Me asusté muchísimo.

Dejé lo que estaba haciendo y me medí las pulsaciones. Todo estaba bien.

Pensé en ir al médico pero me dio miedo desmayarme en el camino.

Me tumbé y poco a poco se me fue pasando.

Al día siguiente me volvió a pasar a la misma hora. Esta vez me bajaba el dolor por el brazo izquierdo. Llamé a mi pareja. Me propuso ir a urgencias pero no sé porqué yo no quería.

Y otra vez, el día después.

¿Qué ocurrió? Que el viernes (había quedado con mi grupo de amigas) no me pasó.

Eso me hizo sospechar que tenía más que ver con la situación que con tener un problema de salud. Estoy estudiando oposiciones y siempre me pasa cuando hago tests para evaluar mis conocimientos.”

Cómo diferenciar la causa del malestar

Cuando nos enfrentamos a un síntoma, es natural preguntarnos si tienen una causa física o si podrían estar relacionados con aspectos psicológicos.

La línea que separa el malestar físico y el psicológico a menudo puede ser difusa, pero entender las diferencias puede ayudarnos a buscar la atención adecuada y tomar decisiones informadas sobre nuestra salud.

Veamos algunas pautas que nos pueden ayudar a distinguir si la causa del malestar es física o psicológica.

Exámenes médicos

Si has realizado exámenes médicos exhaustivos y no se ha encontrado una causa física subyacente para el síntoma, esto podría indicar que el origen es más probablemente psicológico. Es importante descartar causas físicas antes de considerar factores psicológicos.

 Evalúa los síntomas de manera objetiva

Comienza por hacer una lista detallada de tus síntomas. Observa si hay síntomas que son fácilmente atribuibles a causas físicas (dolor localizado, fiebre…) Descríbelos de la forma más precisa posible y observa los cambios que se producen.  

Observa patrones y cambios en los síntomas

Presta atención a la naturaleza de tus síntomas. Si los síntomas fluctúan en intensidad, se desencadenan por situaciones específicas o muestran una relación con factores psicológicos, es probable que tengan una causa más psicológica. Por el contrario, si los síntomas son constantes, siguen un patrón predecible o se relacionan directamente con actividades físicas, es más probable que tengan una causa física.

Historial médico y psicológico

Considera si tienes antecedentes de condiciones médicas o trastornos psicológicos que podrían estar relacionados con el síntoma en cuestión. Por ejemplo, si ya has tenido episodios agudos de estrés es posible que se relacione con aspectos psicológicos, aunque el síntoma actual y el que hubieras tenido en el pasado sean distintos.

Pongamos el caso de que en el pasado el estrés provocase que no pudieras comer bien o que incluso vomitases lo que ingerías y que en este episodio lo que te salgan sean eccemas en la piel.

Considera tus factores de estrés y emocionales

El estrés, la ansiedad, la depresión u otras condiciones emocionales pueden manifestarse a través de síntomas físicos, aunque no siempre tengamos conciencia de que estamos mal. 

Reflexiona sobre si estás experimentando un nivel elevado de estrés o si has pasado por eventos emocionales difíciles recientemente. Los síntomas que se presentan en momentos de estrés intenso o como respuesta a eventos emocionales pueden indicar una causa psicológica.

 Busca la opinión de profesionales de la salud

Igual que un médico podrá realizar exámenes físicos, pruebas y evaluaciones clínicas para descartar causas físicas subyacentes, la psicología puede evaluar tus síntomas desde una perspectiva psicológica y ayudarte a determinar si hay factores emocionales involucrados.

Diferenciar entre el malestar físico y psicológico puede ser un desafío, pero considerando los síntomas, los factores de estrés, los patrones y buscando la orientación de profesionales de la salud, podemos obtener una imagen más clara.

Recuerda que no siempre hay una línea divisoria clara y que algunos síntomas pueden tener causas mixtas. Lo más importante es buscar el apoyo adecuado y recibir el tratamiento necesario para promover tu bienestar general.

No son cosas de niños

El bullying, también conocido como acoso escolar, es un comportamiento agresivo y repetido que se produce en el contexto escolar o en entornos similares, donde una persona o grupo de personas ejerce su poder sobre otra persona de forma intencional y con el objetivo de causarle daño físico, emocional o psicológico. 

El bullying implica una desigualdad de poder, donde quien acosa se encuentra en una posición de superioridad sobre la víctima.

Este acoso puede manifestarse de diferentes formas, como:

Verbal: Insultos, burlas, apodos ofensivos, comentarios humillantes o despectivos dirigidos hacia la víctima.

Físico: Agresiones físicas directas, como golpes, empujones, patadas, o daño a pertenencias personales.

Acoso social o relacional: Exclusión deliberada, difusión de rumores o mentiras, manipulación social, ignorar o aislar a la víctima.

Acoso online: Uso de tecnología y medios digitales para acosar a la víctima, como el envío de mensajes amenazantes, difamatorios o insultantes a través de redes sociales, correos electrónicos o mensajes de texto. El gran problema del momento que vivimos es que el acoso está siempre presente. Antes, al menos, te ibas a casa y el bullying directo terminaba, podías tener tu grupo del barrio, de fútbol o de canto.

Ahora no, porque estamos siempre en conexión.

He sufrido Bullying… ¿Me afectará en el vida adulta?

Sí.

Aunque a cada persona le afecta de una manera, pues esto depende de cuándo, cómo e intensidad, además, por supuesto, de las características propias de las personas.

El bullying, o acoso escolar, es un problema grave que puede tener consecuencias significativas en la vida de las personas afectadas, incluso en la edad adulta. 

Algunas de las posibles secuelas son:

Ansiedad y estrés

La persona puede sentirse constantemente en guardia, anticipando la posibilidad de ser humilladxs o maltratadxs, lo que dificulta su capacidad para relajarse y disfrutar de situaciones sociales o cotidianas. Este comportamiento es, evidentemente aprendido haciendo que nuestro sistema nervioso sobrerreaccione a estímulos que, por lo que sea nos recuerden a aquellas situaciones.

Depresión

El bullying repetido y prolongado puede llevar a sentimientos de tristeza, desesperanza y desvalorización. Las víctimas pueden experimentar depresión en la edad adulta, con síntomas como baja energía, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban, dificultad para concentrarse y cambios en el apetito y el sueño.

La persona se siente impotente y sin control sobre su propia vida. Las víctimas pueden llegar a creer que no hay escape de la situación y que no pueden cambiar su realidad. Estos sentimientos de desesperanza y falta de control pueden contribuir al desarrollo de la depresión.

Baja autoestima y autoimagen negativa

Cuando te repiten diariamente lo poco que vales (lo inútil, tontx, fex…), es obvio que se va a desarrollar una percepción negativa de sí mismas, creyendo que son inadecuadas, defectuosas o poco valiosas. Esta baja autoestima puede afectar la confianza en sí mismas, la capacidad para establecer relaciones saludables y el éxito en diversas áreas de la vida.

Dificultades en las relaciones interpersonales

Otra de las consecuencias es el miedo al rechazo, así la persona tenderá a desarrollar una actitud defensiva o tener dificultades para expresar sus emociones de manera saludable. Estas dificultades pueden afectar tanto las relaciones personales como las relaciones laborales.

Trauma y trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Como ya hemos comentado en otros posts, el trauma tiene que ver más con cómo experimenta la persona un estímulo que con lo que ocurre en sí. El acoso, puede ser una experiencia traumática para muchas personas, y algunas pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático en la edad adulta. Los síntomas del TEPT incluyen recuerdos intrusivos del acoso, pesadillas, flashbacks, evitación de situaciones relacionadas con el trauma, hipervigilancia y cambios en el estado de ánimo.

Problemas académicos y profesionales

Puede afectar negativamente el rendimiento académico y las oportunidades profesionales. Las víctimas de bullying pueden tener dificultades para concentrarse en el aprendizaje, sufrir disminución de la motivación y desarrollar actitudes negativas hacia la escuela o el trabajo. Estas dificultades pueden persistir en la edad adulta y limitar las opciones educativas y laborales.

Comportamientos autodestructivos

Algunas personas que han sido víctimas de bullying en la infancia pueden desarrollar comportamientos autodestructivos en la edad adulta, como el abuso de sustancias, la adicción al juego, la autolesión o la participación en relaciones abusivas. Estos comportamientos pueden ser una forma de lidiar con el dolor emocional y la baja autoestima asociados con el acoso sufrido en la infancia.

Es importante destacar que las consecuencias del bullying pueden variar en cada individuo y no todas las personas que han experimentado acoso escolar sufrirán las mismas secuelas. Sin embargo, es fundamental tomar en serio el impacto del bullying y proporcionar el apoyo necesario a las víctimas para ayudarles a superar estas experiencias y promover su bienestar en la edad adulta.